Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 18

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Error Macross
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 15

Mensaje por Error Macross » Mié, 08 Abr 2020, 03:17

Bueno, aca tenemos un nuevo capitulo del fic, con toda la circunstancia que se esta dando que nos fuerza a estar encerrados, claramente iba a venirse uno. Originalmente la parte del "presente" iba a ser mas larga, pero como estaba dentro de todo bien, y la parte del "pasado" termino extendiendose mas, me parece mejor asi.




Si hay una realidad en el Netherrealm, es que irónicamente te quita las ganas de vivir.

Shujinko no sabía cuánto tiempo había pasado en los Infiernos, pero Damashi no había vuelto a comunicarse con él. Sabía que eran varios años, ya ni encontraba manera de revisar el tiempo. Aun con todo su entrenamiento espiritual, su cuerpo estaba demacrado para su edad. El pelo estaba en su mayoría blanco, y las arrugas aun eran escasas pero ya no tenía la cara de un hombre joven. Ya sus ropas no eran las mismas, vistiendo una armadura que había obtenido de un miembro de la Hermandad de las Sombras. Pero lograba mantenerse.

No había recibido ninguna noticia del mundo exterior, lo más cercano fue cuando los portales se abrieron. La Hermandad de las Sombras estaba invadiendo otro Reino, y para el sufrimiento de Shujinko, era el suyo.

Logró salvar a muchos humanos que eran capturados por la Hermandad, e intentaba llevarlos al Nexus para poder devolverlos al Earthrealm, pero rara vez sobrevivían, el viaje por los Infiernos les drenaba la vida, y solían estar muy heridos. La Hermandad rara vez buscaba prisioneros. Recordaba igual a uno en particular, su actitud era diferente y luchaba con ferocidad, decía ser un policía, pero lo vio una vez sola y siguieron caminos separados. Nunca lo volvió a encontrar, así que temía lo peor.

Y un día todo terminó, dejaron de venir prisioneros, y la Hermandad de las Sombras misma desapareció. Las gigantescas construcciones empezaron a verse abandonadas y el caos dominó el reino una vez más. Era casi imposible hablar con un Oni para entender lo que pasaba, pero parecía que ni Shinnok ni su archihechicero seguían teniendo el control y la organización se había desmantelado completamente. Para Shujinko en cierta forma era un alivio, los onis sin mente eran mucho más fáciles de evitar que los que tenían la capacidad de pensar, y sin aquello que les daba mente cada vez eran más animales y bestiales.

Uno de los más extraños encuentros fue cuando vio al sujeto blanco siendo perseguido. Le parecía extraño, el sujeto blanco se veía flaco y desnutrido, su cuerpo estaba cubierto de tatuajes que eran muy recientes, con antiguos y extraños símbolos. El que lo perseguía vestía un traje ninja y portaba una espada, su cuerpo no se movía de la misma forma que el de un ser vivo, pero tampoco como el de un muerto, y le recordaba a alguien. Eso fue lo que llamó su atención, ya que se parecía al supuesto campeón que lo había atacado en el Nexus, Monster, así que se metió en el medio para detenerlo.

“¿Quién eres tú?”, le dijo el guerrero rápidamente.

“Tu..., ¿Eres el tal Monster?”, los años habían afectado el habla de Shujinko, que no podía comunicarse con la misma facilidad que antes.

“No sé de quien me hablas, pero si te metes en mi venganza lo pagaras caro, demonio”

Los movimientos del susodicho eran muy parecidos a los de Monster, pero eran rápidos, brutales, atacaba con fuego siempre que podía. Hacía mucho que Shujinko no tenía una pelea tan fuerte así que no tuvo mucho interés en seguirla. Decidió terminarla usando el poder Kori solo para desorientar a su oponente. Para su sorpresa este derritió el hielo fácilmente, parecía conocer esas habilidades, y el verlas aumentó su furia. Se teletransportó detrás de él y le dio un golpe en la espalda tirándolo al suelo, listo para clavarle su espada. Pero Shujinko no tenía interés, y decidió copiar la habilidad que su oponente acababa de usar. Se teletransportó lo más lejos que pudo. Fue una sensación extraña, rodeado de un humo con olor a azufre, pero al menos su oponente lo perdió de vista. Desde una colina Shujinko vio como el susodicho perseguía una vez más al sujeto blanco, que aprovechando la breve pelea se había alejado. Dos onis observaban también a lo lejos, uno muy grande y otro que parecía un cadáver. Shujinko no tenía interés, todo eso había sido una pérdida de tiempo, claramente ese sujeto no era el tal Monster. Debían ser onis que aun conservaban su inteligencia a un nivel muy bajo.

Luego de eso los días de Shujinko volvieron a ser iguales, hasta que volvió a escuchar una voz que ya había olvidado.

“Ya es suficiente, Shujinko”, le dijo Damashi, “es tiempo de volver”.

Shujinko no tenía ganas de interactuar, solamente emprendió el camino hacia el Nexus calladamente.

“Debes tener muchas dudas, Shujinko, han pasado muchas cosas en tu ausencia”, el guerrero seguía sin contestar, “el Outworld fue vencido en Mortal Kombat por el Earthrealm. Un guerrero de tu templo, Liu Kang, se convirtió en el campeón. Pero aun así el Outworld pudo invadir el reino de todas formas. Pero el monje venció al mismísimo Shao Kanh, y en el proceso Edenia fue liberado”.

“Yo debería haber estado ahí”, las palabras de Shujinko estaban llenas de rencor, pero Damashi no reaccionó a esto.

“Tu misión es más importante Shujinko, ser el campeón del torneo hubiera puesto mucha atención sobre ti. Ahora las cosas están en su lugar. La fusión del Outworld y Edenia dificultaba la detección del Kamidogu de esta última, ahora podrás obtenerlo”.

“Está bien, Damashi, solo dime que debo hacer y lo haré”.

Shujinko llegó al Nexus, la sensación fue extraña, tan ajena, alejada de toda esa oscuridad de los Infiernos, sin embargo lo que no esperaba era ver a alguien más allí.

“¿Quién eres tú?”, le dijo Rayden, antiguo dios Elemental protector del Earthrealm.

Shujinko se quedó sin saber que decir, “yo..., soy el campeón de los Elder Gods, Shujinko”.

“¿El campeón?”.

“Mi misión es buscar los Kamidogus para detener un terrible peligro”.

“Si, lo he visto”, Rayden observó los cuatro Kamidogus ya puestos en su lugar, “sin embargo, yo fui un Elder God hasta hace poco..., y no recuerdo que hubiera un campeón”.

Shujinko no supo que decir, esperaba que Damashi interviniera, pero este no se manifestaba.

“Yo...”, el rostro de Rayden comenzó a cambiar, tranquilizándose, “no recuerdo muchas cosas de mi tiempo como un Elder God..., pero es verdad, los Kamidogus estaban juntándose”.

“¿Ya no eres un Elder God?”.

“No, he vuelto a ser Rayden, Dios Elemental del Rayo..., y he vuelto por una misión importante, capaz tú puedas ayudarme..., campeón”.

Shujinko esperó que Damashi interviniera, pero seguía sin decir nada, eso le parecía extraño, “toda misión de los dioses es mía también”.

“Shang Tsung y Quan Chi, los antiguos hechiceros sirvientes de Shao Kanh y Shinnok, han formado una Alianza, y han tomado control del Outworld. Un importante guerrero, el campeón del Mortal Kombat y salvador del Earthrealm, Liu Kang, ha muerto a sus manos. Debemos detenerlos antes de que ataquen los demás reinos”.

Shujinko se sorprendió, no conocía a Liu Kang, pero si había vencido al Emperador debía ser alguien muy poderoso, “¿cómo han podido vencer al campeón?”.

“Tienen en su poder una poderosa arma, el mismísimo Medallón de los Elementos”.

Shujinko sintió una punzada de dolor al escuchar eso. Los recuerdos de la antigua batalla que había presenciado entre el Rey Dragón y su enemigo volvieron a su mente.

“¿Te encuentras bien, Shujinko?”.

Aunque el dolor seguía, su mente se había aclarado luego de esas sensaciones, se sentía mejor que antes de su viaje al Netherrealm, recordando una fuerza que no sabía de donde provenía, “si, fue solo que comprendo el poder de esa arma de la que hablas”, se irguió firmemente, “tengo contactos en el Outworld, podrían ser de ayuda”.

“Toda ayuda será bienvenida, Shujinko. Debo reunir a unos guerreros que me han ayudado en batallas previas, juntos podremos terminar esto”.

Rayden le pasó a Shujinko información de donde se encontrarían, y se separaron. El guerrero se dirigió al Outworld. Sabía que Hotaru no estaría de acuerdo con el régimen que esta Alianza Mortal querría generar, así que debía solicitar ayuda a Lei Chen.

“¿Vas a decir algo, Damashi?”, preguntó Shujinko poco antes de llegar a la ciudad.

“¿Por qué lo preguntas?”, la voz se comunicó con él.

“No interviniste durante mi conversación con Rayden”.

“No lo vi necesario, tenía otras cosas más importantes en las que verme involucrado”.

“Ya veo...”, Shujinko no quiso decir nada más, pero no le parecía que la respuesta de Damashi tuviera demasiado sentido.

A lo lejos se veían los muros de Lei Chen, no los recordaba tan grandes, se ve que el Seido había realizado mejoras. Sin embargo, cuando comenzó a caminar por los prados cercanos, unos extraños cables salieron de todo el suelo y lo agarraron, intentó liberarse pero una descarga eléctrica prácticamente lo dejó inconsciente. Mientras se desvanecía vio a guerreros del Seido acercándose a él.

“Debo... hablar con Hotaru..., soy Shujinko”.

“Has roto las reglas, el ingreso a Lei Chen no está permitido”.

“No..., debo...”.




Este no es nuestro mundo, este es el mundo de:



Mortal Kombat, Batalla de los 6 reinos, “El engaño”, capitulo 16: “Perdido y diferente”.



La primera vez que estuviste a punto de morir fue especial, y nunca podrías olvidarla.

La risa del hechicero, tu vista desvaneciéndose a medida que la energía los consumía, los lamentos..., esos eran especiales, ¿acaso eran las almas de tus seres queridos? era por la apertura de la urna, o capaz porque el hechicero estaba absorbiéndolos, ambas opciones podrían ser reales.

Pero no hubo frio. Hubo dolor, tus ojos siguieron ardiendo por mucho tiempo, incluso puede que lo sigan haciendo. Pero no hubo frio.

Las otras dos veces si las hubo.

La primera fue confusa, no entendiste nada de lo que pasó, ni tampoco estuviste seguro de lo que podrías haber esperado.

Shujinko te había pasado el dato de donde saldría el barco del hechicero, si tendrías que haber confiado o no, no lo pensaste demasiado. Su corazón no sonaba que mintiera, pero has conocido muchas personas que podían ocultar eso.

Y allí estabas, escuchabas a aquellos que se encontraban allí a lo lejos. Estaba helando, parecía antinatural. Las voces indicaban una persona oriental, otro que claramente no se oía muy inteligente, y alguna clase de mujer soldado o policía, voz que luego reconocerías como la de Sonya. Una voz extraña, profunda, con un toque electrizante, se sumó posteriormente. Quisiste entender un poco más, pero entonces la sensación de frío se intensificó.

Ese frío ya no era normal.

Esquivaste la ráfaga que iba hacia ti, una parte llegó a congelarte el costado. Era un frío demasiado intenso. Sentiste pisadas, mínimas, en tu desesperación no sabías si eran de verdad o imaginación tuya, nadie debería poder moverse tan grácilmente. Comenzaste a correr entre los tejados, a duras penas sentías cuando estaban a punto de atacarte, pero no podrías resistirlo mucho más, había que contratacar. Pero tu espada ni siquiera estuvo cerca de tocar lo que sea que te estaba persiguiendo, un guerrero imposible. La espada se había comunicado contigo varias veces antes, pero nunca de forma tan directa, te dijo que saltes. Y saltaste. Caíste en el agua del rio, fría, pero no tanto como aquello que te perseguía. Nadaste sin parar, no sentías nada más que el miedo corriéndote, el miedo de que aquello te persiguiera, de sentir ese frio nuevamente.

Pero la siguiente vez que lo sentiste fue muy distinto.

Mavado te había destripado, habías sentido como tus órganos salían para afuera, ibas a morir, no te importó lo que pasó después. Alguien atacó a Mavado, un tal Kabal, acompañado por un sujeto de movimientos extraños y risa diabólica, pero no te salvaron a ti, te dejaron desangrándote, y entonces, lo siguiente que sentiste fue ese frío, en tu pecho, pero no para hacer daño, sino para ayudar a curarte.

“Te has despertado”, escuchaste una voz, se sentía cálida pese a todo lo demás, “por el daño en tus ojos, tu ceguera no es algo reciente”.

“¿Quién eres?”.

Se llamaba Sub-Zero, era un guerrero con poderes de frío, de un antiguo y legendario clan. Al principio no hubo mucha conversación, pero eventualmente se dio a medida que te recuperabas de tus heridas. Por extraño que pareciera, era compañero de Sonya y Jax, quienes te habían enviado a ese lugar, cuando mencionaste el nombre de Cyrax no quiso conversar mucho, pero sabía quién era y no lo había visto en mucho tiempo. También conocía a Shang Tsung, y te dio más información acerca del hechicero, su verdadero origen, y todo lo que había pasado. Según el quien debió atacarte esa vez cerca del barco del hechicero era su hermano, que tenía poderes parecidos, y simulaba trabajar para Tsung anteriormente. No sabias si creerle pero no parecía ser un mentiroso. Una vez que pudiste moverte por tu cuenta te fuiste sin que él lo supiera. El tenía cosas importantes que hacer, pero la batalla en la que iba a involucrarse no era de tu interés.

La espada te dijo que tu lugar aún estaba en el Outworld, que aunque pudieras volver al Earthrealm no tenías que hacerlo. No entendías porque, pero la clave estaba en la fortaleza que hubiera pertenecido a los hechiceros. Tsung capaz estuviera muerto por lo que contaban las historias, no tenías forma de saberlo, pero de alguna forma ese lugar seguía llamándote.

Y además Sub-Zero no era el único con el que te encontraste.


“GRACIAS-AS”, te dijo esa voz que sonaba como miles de voces al mismo tiempo, “DEJAME OFRECERTE ALGO A CAMBIO-BIO”.







El cultista corría, pero había perdido un brazo y estaba sangrando mucho. No entendía como un humano corriente podía hacerle tanto daño. Deambuló por un callejón. Alguno de los soldados de su amo debían andar cerca, estaban por todas partes, pero por alguna razón ninguno aparecía.

Una espada apareció volando y con un rápido movimiento le cortó el otro brazo. Cayó arrodillado por el dolor.

“El próximo tajo puede cortarte más extremidades, o simplemente terminar con todo, tú decides”.

“Mi señor el Rey Dragón Onaga te hará pagar caro tus fechorías, bastardo, ya verás...”.

La espada permaneció flotando en el aire y de un rápido giro le rebanó la cabeza. Kenshi se acercó al lugar, y a su orden el arma automáticamente se colocó en su funda. El guerrero ciego palpó en la túnica del sujeto, y sacó un medallón. Si no se equivocaba, eso era lo que necesitaba para ingresar a la fortaleza. Le preocupaba un poco estar tan seguro de las cosas, pero desde que estuvo tan cerca de la muerte por última vez, la espada era mucho más directa, y lo había llevado muy cerca de sus objetivos, así que no era el momento para la duda.

Continuara...


Avance: Shujinko se encuentra atrapado en el Seido.
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 15

Mensaje por kanalla » Mar, 21 Abr 2020, 03:32

Error Macross escribió:
Mié, 08 Abr 2020, 03:17
Si hay una realidad en el Netherrealm, es que irónicamente te quita las ganas de vivir.
Y en Earthrealm también. A veces...
(...) los onis sin mente eran mucho más fáciles de evitar que los que tenían la capacidad de pensar (...)
Aunque está documentado que no es tan así, asumo que para el contexto del argumento esta afirmación funciona, ñam.


Me gustó la introducción del capítulo. Quedó bastante bien descrito el desgaste de Shujinko y la pelea con el "Supuesto Monster". Y también fue genial el relato de Kenshi en primera persona, lo hizo interesante y hasta te salió medio siniestro XD
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The Shaolin Nun
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 16

Mensaje por The Shaolin Nun » Lun, 18 May 2020, 21:35

Estuvo bastante interesante este capítulo.

Me gustó que la introducción haya abarcado el tema de Scorpion y Quan Chi en el Netherrealm. También fue excelente que el resto del capitulo estuviera centrado en Kenshi y sus autorreflexiones.

Veamos qué sucederá ahora que Shujinko esté en el Seido.
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 16

Mensaje por Error Macross » Sab, 21 Nov 2020, 05:21

Puf, la cuarentena va y viene, pero la verdad que ni a gancho me puse a escribir en todo este tiempo. Pero bueno, al final y tan tantas cosas que fueron pasando en este tiempo, sale capitulo nuevo. Y con extra. La manera en que esta armado el capitulo es rara, digamos. Esto se debe a que generalmente los extras salen antes del capitulo normal, pero por la manera en que esta construida esta temporada en este caso decidi hacer una excepcion. Va primero la parte de Shujinko del capitulo normal, despues el extra, y para terminar como si fuera un epilogo, la parte del presente del capitulo normal. Es raro, pero para mi era la forma correcta de ordenar esto, y le vine dando vueltas desde hace mucho (masomenos desde que salio el capitulo anterior, jeje). Hablando de lo cual ayer soñe con batalla y eso me hizo decidir meterle pilas a este capitulo que lo tenia abandonado. Sobre el extra, siempre para mi publicar el extra de cada temporada es un gran momento. Esto se debe a que muchas veces estos extras ya estaban pensados desde que arranco el fic y simplemente estaba viendo en que momento mandarlos. Incluso una vez cuando batalla habia muerto en mi primer intento de escribirlo tuve un breve proyecto de historias sueltas de MK donde pensaba publicar todos los prologos y extras que tenia planificados para batalla incluyendo este, nunca avanzo tampoco, pero creo que mejor asi. Ademas creo que este extra hubiera sido distinto ya que el bosquejo era algo diferente. No se si malo, pero creo que tiene una fuerza particular como se lo ve aqui, pero bueno. No falta taaaanto para cerrar esta temporada, asi que vere si puedo intentar terminarla poco despues de arrancar el año que viene.

El pasado:
Shujinko observó las barras de su celda, las palpó con detenimiento. Del otro lado solo se veía oscuridad y un extraño vapor que rondaba. Pero lo que más le llamaba la atención eran las arrugas en sus manos.

¿Cuánto tiempo había pasado?


Este no es nuestro mundo, este es el mundo de:
Mortal Kombat, Batalla de los 6 reinos: “El engaño”, capitulo 17: “La edad”.


Le parecía una ridiculez, seguramente llevaba años allí, le había crecido una larga barba blanca, y estaba lleno de arrugas. Pero su crimen había sido algo mínimo, no podían ser tan ilógicas las leyes del Seido como para encerrar tanto tiempo a alguien por algo así.

De alguna forma el envejecimiento de su cuerpo no le importó tanto, era mejor eso que el Netherrealm. Ese reino consumía el alma de aquel que vagara por sus paramos. Aquí él se sentía cómodo y estable consigo mismo. Sus años en el Infierno le habían acostumbrado a la soledad, así que el hecho de que los alimentos aparecieran sin interacción con sus carceleros no le importaba demasiado. Además, si los años habían pasado y todavía había gente manteniéndolo con vida indicaba que el Seido no había caído. Eso era una satisfacción extraña. ¿Era un gobierno justo? claramente que no, pero al menos a su manera buscaban lo mejor para su gente, no como el Emperador del Outworld. Ex emperador ahora. No tenía mucha información sobre la Alianza Mortal más allá de lo que Rayden le había contado. Pero no era difícil imaginarse unos gobernantes mejores que Shao Kanh. Eso decían también de Onaga, era un gobernante opresor, pero al menos parecía preocuparse por su pueblo.

En todos esos años a lo que más se dedicó Shujinko fue al entrenamiento de su mente y su alma, siguiendo en gran medida las enseñanzas de Nightwolf. Aunque su cuerpo estaba viejo, no se sentía débil, y se aseguró de poder mantenerlo en forma, y de manejar cada una de sus habilidades a la perfección. Lamentablemente ninguna de ellas le permitía superar la magia de esa celda y escapar.

No quería otra vez presentar problemas para el habla, así que se aseguró de mantener conversación aunque sea consigo mismo. No quería perder la cordura así que en ningún momento se trató como si realmente estuviera hablando para otra persona, aunque no estaba seguro de si Damashi no lo podría escuchar. Capaz los dioses podían escucharlo. Sin embargo, nunca recibía ninguna respuesta.

Y un día la puerta se abrió, y una figura entró.

“Tú debes ser Shujinko, ven, debemos irnos”.

Shujinko lo observó detenidamente, el sujeto era calvo a excepción de una cola de caballo. Tenía unas marcas rojas en su frente, y vestía un traje similar al de un samurái con dos hombreras metálicas y portando dos espadas. Lo que más le llamó la atención era la sangre que manchaba sus ropas, armas y manos, abundante, reciente y roja, aun goteando, “supongo que no eres un miembro de la guardia de Seido, ¿te ha enviado Damashi?”.

“Eso no importa, vámonos, debemos irnos rápido”.

Shujinko acompañó al susodicho, sintió una sensación extraña al salir de su celda, como si el ambiente fuera totalmente distinto, pero no le dio importancia. No tardó mucho en ver los cuerpos de guerreros del Seido muertos a medida que avanzaban.

“Una brutalidad innecesaria, ¿no crees?“.

“Debemos salir de aquí, hay un pasadizo que podemos usar, acompáñame“.

“No“, Shujinko permaneció estático en el lugar, y señaló hacia un pasillo diferente, “voy a ir en esa dirección“.

“No quieres ir hacia allí“.

“Si... “.

El susodicho realizó un movimiento, claramente con el objetivo de noquear a Shujinko usando el dorso de la mano, pero el guerrero no tuvo problema en frenarlo y agarrarle el brazo, lo que sorprendió y enfureció al otro.

“Tranquilízate, joven, planea mejor tus movimientos, y no seas tan impulsivo“.

Shujinko le soltó el brazo, y el otro se le quedó mirando.

“Haz lo que quieras, me contrataron para sacarte de esa celda, lo que hagas ahora no es problema mío“.

Se marchó rápidamente, Shujinko se lo quedó observando un rato, no se sentía apurado. Pero hubiera sido contratado por Damashi o no para liberarlo, no tenía ganas de compartir detalles de su misión con este guerrero, que parecía guardar un gran sufrimiento. Aunque algunas de sus acciones parecían ser más una actuación. Pero sus preocupaciones en ese momento eran muy claras, sentía al Kamidogu del Seido.

Se dirigió por el otro camino. Afinó su mente como nunca antes y descubrió que esquivar las trampas y los soldados era mucho más fácil de lo que pensó que sería. Nightwolf le había enseñado a sentir las almas de una forma distinta, y Sub Zero a mantenerse oculto y escondido. Su tiempo en el Netherrealm lo había deformado por dentro. Su tiempo en prisión, en cambio, lo había afinado como nunca.

La puerta a la que llegó era particular, protegida por unos guardias a los que noqueó con facilidad. En la misma estaba ilustrada una misteriosa figura de larga barba y pelo blanco, sentada en lo alto de una montaña, transmitiendo una gigantesca paz. Aunque sus ojos brillantes y su extraña ropa negra y demasiado moderna incomodaban de una forma extraña. Aunque las tonalidades blancas y doradas del marco de la puerta eran típicas de la arquitectura del Seido, el estilo usado no lo era. La ciudad no tenía interés en las artes y los placeres, pero esa figura transmitía sensaciones que iban hacia las emociones, y no a la razón. Le parecía una falta de respeto dañar esa puerta, posiblemente anterior a todo lo que estaba construido a su alrededor, pero luego de varios intentos fallidos de abrirla, terminó usando suavemente su telequinesis para sacarla con extremo cuidado.

La cantidad de trampas que se activaron en ese momento era realmente impresionante, Shujinko mantuvo la concentración, y se aseguró que gracias a su telequinesis, su habilidad para esquivar, la teletransportación y la habilidad de encender el calor corporal, ninguna le hiciera efecto. Lanzas, fuego, elementos similares a armas de fuego, acido, incluso bestias encerradas y mantenidas con el alimento justo. Pudo frenar todo eso. Sus habilidades estaban pulidas luego de años de encierro y de practica a un nivel que ni siquiera sus usuarios originales lo habían logrado. Levitando entre los restos de todas las trampas, definitivamente mucho más modernas que el resto de la construcción, llego hasta dos altares.

En uno de ellos, que aunque antiguo se veía más reciente que el otro, se encontraba un cetro, dorado y con una simetría radial perfecta. Le generaba una extraña sensación, de paz, pero una paz particularmente ordenada. Una paz sin libertad. Parecía el Seido mismo encarnado en un objeto.

Pero era el otro objeto el que realmente le importaba en ese momento. Un cuadrado violeta, simple, sin nada que resaltara. Una forma tan alejada de la realidad, tan falsa, tan perfectamente geométrica, solo podía indicar algo. Era un Kamidogu, el Kamidogu del Orderrealm.

Lo tomó con delicadeza, de alguna forma sintió que ese objeto quería irse con él, pero en el momento en que lo levanto del altar este bajó rápidamente hundiéndose en el suelo. Toda la sala se iluminó con una tonalidad amarilla. Pudo sentir como todo se rodeaba de algún campo de energía.

“Detente en orden del Seido”, reconoció la voz, era la de Hotaru, acompañado de una gran cantidad de guardias. Todos vestían la armadura reglamentaria, Hotaru era el único que no tenía puesto el casco, “tu..., ¿Shujinko?”.

“Nos volvemos a encontrar, Hotaru”.

“Devuelve eso que has tomado, no sumes más crímenes a tu condena”.

“No puedo obedecerte, Hotaru, además, es muy probable que mi condena haya aumentado solamente por estar aquí, ¿o no?”.

Hotaru no dijo nada más, hizo unas señas, y al instante todos los soldados rodearon a Shujinko. Pero antes de que pudieran hacer nada salieron volando y se estrellaron contra las paredes.

Hotaru sintió la enorme energía que intentaba arrojarlo también, pero activó algo en su armadura que le permitió mantenerse adherido al piso. Levantó su lanza y envió una descarga de fuego hacia Shujinko. Este no se movió, no hizo nada, simplemente el fuego lo rodeó sin hacerle nada.

“Déjame marchar, Hotaru”.

“No, estas tomando una reliquia importante, el Seido depende de aquello que tienes”.

“De esto y ese otro cetro, ¿verdad?, no me importa lo que sea, pero esto se ira conmigo. Es importante para mi misión”.

“Entonces te detendré como sea”.

Hotaru intentó moverse pero Shujinko se teletransportó a su espalda y de su brazo salió una Blade con la que atravesó el costado del guerrero.

Hotaru cayó al piso sangrando, pero Shujinko acercó su mano y un frio gélido cauterizó la herida.

“Disculpa la brusquedad pero no quiero alargar esto. No es de mi interés matarte, Hotaru. No estaré a favor del gobierno que mantienes aquí, pero de alguna forma funciona, y no es mi deber decidir lo mejor para tu pueblo, ni tomar una vida, no por una diferencia de opiniones”, Shujinko comienza a alejarse, pero Hotaru habla rompiendo el silencio.

“Tu juicio..., iba a ser en la próxima semana”.

“¿Después de tantos años?”.

“No..., las celdas están diseñadas para hacer durar más el tiempo para aquellos que se encuentran dentro, para que reflexionen, y digan la verdad en la corte. Los años que has vivido allí dentro solo han sido unos pocos días. Sin importar el resultado del juicio el efecto del tiempo es anulado y tu cuerpo vuelve a ser el de antes”.

“¿O sea que estás diciendo que si me entrego volveré a la edad que tenía antes de ingresar?”.

“Si..., y yo iba a hablar a tu favor en el juicio, por lo que has hecho para contribuir a nuestra posición en el Outworld..., pero luego de esto...”.

“Lo siento, Hotaru, pero no me convencerás..., admito que mis huesos se sienten más débiles, pero eso no significa que lo sean, se cuáles son mis prioridades ahora”.

Hotaru intentó levantarse, pero aun con su herida cerrada cayó inconsciente por el dolor, y Shujinko ya se había marchado.


El guerrero colocó el Kamidogu del Orderrealm en su altar correspondiente en el Nexus, observó el que aún estaba vacío, el del Kamidogu de Edenia, el único que le faltaba conseguir.

“SHUJINKO, ESTAS DISTINTO”, habló Damashi.

“Damashi, tiempo sin hablarnos”.

“¿TIEMPO? SI HAN PASADO NADA MÁS UNOS...”.

“No importa. Mi misión ya ha sido casi completada, pero los métodos que usaste para liberarme de la prisión...”.

“¿DE QUÉ HABLAS?”.

“No importa ahora, que no vuelva a pasar, tanta brutalidad innecesaria, mancha mi misión”.

“..., DE ACUERDO, SHUJINKO”.

“Bien, hora de terminar esto”.


INTERRUPCIÓN.


El muchacho golpeó con la pica la roca, que se partió en dos. Se limpió el sudor que caía por su frente. Miró hacia arriba, pero sabía que no estaba el sol, solo se veía el negro. No el negro de la noche, sino ese negro que tapaba el cielo, como una gigantesca tela de oscuridad que impedía que cualquier luz natural ingresara. Por unos segundos se quedó pensando..., sería tan hermoso ver el sol de nuevo..., aunque sea una vez. Solo una vez...

“Muévete, esclavo”, sintió el latigazo en la espalda, dañando su ya lastimada carne, y cayó al suelo. Pese al dolor tendría que levantarse rápido o activarían electricidad a través de sus grilletes. El que lo había dañado se relamió los labios, esperando que siguiera en el suelo como para poder justificar dañarlo más. Le faltaban dientes, su cara era horrible, hacía mucho tiempo que había desistido en bajar de peso, pero cada vez que descansaba soñaba con los esclavos a los que podría seguir torturando cada día de su vida y eso le llenaba de una excitación insana.

El muchacho sin embargo no veía a ese ser horrible que tanto disfrutaba con su sufrimiento, sino a su compañero que aún seguía picando rocas. En el fondo le rogaba porque ese fuera el momento, que le enviara la señal que hace mucho tiempo venia esperando. Y este movió la mano indicándole que era el momento.

El muchacho asintió y repitió el movimiento, para que lo viera cualquiera que no hubiera notado las señales dadas por algún otro compañero. Y entonces empezó a acumular energía en sus muñecas.

“Te dije que te movieras, pedazo de carne”, le gritó el portador del látigo, pero antes de terminar la frase ya había arrancado el movimiento para golpearlo nuevamente. Pero el látigo no chocó con la espalda desnuda del muchacho, sino que fue frenada por su mano, brillando intensamente, “¿Cómo? tú no puedes...”, el torturador notó demasiado tarde que los grilletes estaban destrozados en el suelo donde hace un segundo el esclavo estaba tirado, y comenzó a sudar, “no..., no..., se supone que...”.

“POR EDENIA”, gritó el muchacho, y con su brazo cargado de energía de un puñetazo destrozó completamente al torturador, separando la mitad superior de su cuerpo. El muchacho cerró los ojos, y una lágrima cayó por uno de ellos.


Este no es nuestro mundo, este es el mundo de:
Mortal Kombat, Batalla de los 6 reinos, capitulo extra 11: “Decisión de vida”.


Hace años:

El muchacho sintió sus brazos cargados de energía. El anciano sonrió al verlo, pero rápidamente le cubrió las manos con las suyas.

“Tranquilo..., o nos verán”.

“Pero este poder...”.

“No serviría de nada”, el muchacho se entristeció, “no tenemos entrenamiento, no tenemos manera de tenerlo. Solo tenemos esto. Y es todo lo que podemos tener”.

“¿Pero para qué?”.

“Para el momento que valga. Debes esperar, como todos. Al momento en que podamos elegir”.

Y los años fueron pasando. Los días eran iguales, levantar rocas, romperlas, transportarlas. Y observar el cielo que no era cielo. Y que los guardias usaran cualquier excusa para poder lastimarlos.

Y en las noches, cuando nadie lo veía, entrenar. Un entrenamiento mental, ya que cualquier otra forma de hacerlo sería descubierta por los guardias.

Hasta que hace unas semanas un compañero se le acercó disimuladamente.

“Hemos recibido una noticia importante de afuera. Un cargamento de mujeres va a ser transportado por una ruta cercana. Un grupo rebelde se está preparando para rescatarlas. Pero no podrán contra todos. Sin embargo, si las tropas tienen que detener una revuelta aquí, tendrán más posibilidades”.

“Entiendo...”.

“No tenemos posibilidad de escapar..., así que solo podemos intentar destruir lo más que podamos, para que ellos tengan que enviar la mayor cantidad de refuerzos posibles”.

“Si, lo sé....”.

Y ese día había llegado, y la lágrima caía del ojo del joven, ya que sabía lo que significaba ese día. Ninguno de ellos tenía posibilidades de escapar, nunca las tuvieron. Pero si tuvieron la oportunidad de decidir algo...

Junto con sus compañeros exterminaron a los guardias rápidamente, pero eso solo llamaría a las tropas reales. Enmascarados y portando largas lanzas los atacaron. Muchos de los esclavos fueron muriendo, pero los sobrevivientes siguieron peleando. Ellos no eran simples esclavos, eran Edenianos, tenían sangre de héroes, y no se dejarían detener. Aunque sus cuerpos estaban dañados, se habían preparado para poder pelear de todas formas. Compartiendo técnicas, durante años puliendo sus habilidades como podían. Cada movimiento que hacían, aunque fuera para algo tan mínimo como levantar una roca, estaba hecho para que sus cuerpos se preparan para ese momento. Y cada pensamiento, cada pensamiento estaba dedicado a canalizar energía, esa energía que el anciano les había enseñado a manejar. Y los guardias cayeron, más rápido de lo que ellos caían. Y la cantera entera se destruía con sus movimientos.
Sus amigos morían, pero no importaba, lo importante era dañarlos lo más que podían hasta el final.
Porque la vida les había dado la oportunidad de elegir algo...

Lentamente fueron cayendo, más y más tropas llegaban, no importaba a cuantos mataran, los superaban por mucho en número. Un guerrero se le enfrentó, pero por más que lo intentaba el muchacho no podía golpearlo. Era distinto a los demás, escurridizo, vestía un traje que no dejaba ver su rostro y remarcaba su color verde.

El muchacho se dio cuenta que ya era el último que estaba peleando. Todos sus compañeros habían caído.
Tantos años siendo un esclavo, tantos años separado del resto del mundo, de sus seres queridos, tantos años en los que su vida no dependía de él, tantos años hasta poder tener una oportunidad.

Cargó energía como nunca antes en su brazo, eso era el final. Nunca podría saber si lo que habían hecho había sido suficiente para salvar a las mujeres, pero no le importaba. Pensó que por más poderoso que fuera su enemigo capaz esa técnica final lo dañaría, pero no le interesaba eso, le interesaba otra cosa.

Lanzó la energía hacia arriba, impactando contra la extraña capa oscura que les rodeaba, y esta se quebró, como un gigantesco vidrio. No era realmente su sol lo que vio, era una extraña mezcla de este y los soles del Outworld. Pero era un sol. Mas lagrimas cayeron por su rostro. No era el dolor, aunque su brazo se había quemado completamente al lanzar ese ataque final. Era la felicidad de poder disfrutar su último momento.

Sintió una risa viniendo de su enemigo, lo observó.

“Nunca podrías entenderlo”, habló el muchacho, “solo sirves a tu Emperador. Para ti esto no tiene nada de sentido, pero en una vida en la que jamás has podido decidir nada, decidir cómo morir es lo más noble que jamás alguien...”.

Una lengua larga salió de donde estaba la boca de su enemigo y le atravesó el pecho, matándolo al instante.

“Cállate..., Edeniano”, le dijo el extraño ser reptilesco, y el muchacho murió.



“Realmente sorprendente”, dijo Shang Tsung, revisando el informe, “parece que estos Edenianos desarrollaron control sobre una energía interior diferente a lo que llamamos normalmente poder espiritual. Y acompañado de un estilo de combate rudimentario pero eficiente, aprovechando este poder”.

“¿Y qué opinas de eso, Tsung?”, le preguntó Shao Kanh, que le daba la espalda, observando a través de la ventana la tormenta que se avecinaba.

“Que es riesgoso separar a los Edenianos de sus familias. Llegar a tanto aun sabiendo que iban a morir”.

“Pero no fue un sinsentido, un grupo de rebeldes liberó un cargamento de doncellas que estaba siendo transportado cerca. De alguna forma estos esclavos lo sabían. No se suicidaron porque si”.

“Si..., pero inútil de todas formas, tarde o temprano serán capturadas de nuevo. Y creo que ya he encontrado a los causantes de la información filtrada. Me asegurare de que reciban un castigo ejemplar”.

“Es muy probable que mueran sin decirnos nada..., si, los Edenianos son particulares..., es verdad que debería buscar una forma más.... humana..., de tratarlos. Pero no es eso por lo que preguntaba”.

“¿A qué se refería entonces, mi señor?”.

“¿Qué opinas del poder que desarrollaron?”.

“Muy especial sin lugar a dudas, pero desconozco de qué forma duplicarlo, no hubo sobrevivientes. Lucharon hasta el final”.

“Si..., pero sus almas forman parte del Soulnado, como todas las que mueren dentro de mis dominios”.

“Es verdad, pero no entiendo a qué quiere llegar, aunque los traigamos de nuevo a la vida no dirán nada”.

“Únelas”.

“¿Perdón?”.

“Júntalas a todas, en un solo cuerpo, suma algunas almas de soldados devotos a mí que estén dispuestos a sacrificarse, eso hará al resultado fiel a mi más allá de mis sellos”.

“Tanto poder..., ningún cuerpo puede resistir algo así, mi señor”.

“Hace mucho que tengo uno preparado para algo así, úsalo, en alma y carne”.

“Ya veo..., pero tanto poder en un solo cuerpo...”.

Tsung igual no dijo nada más.


Una tormenta sacudió a todo el Outworld, pero Tsung sabía que esta no era natural. Eran las energías del Soulnado, que colapsaban mientras todas esas almas que el hechicero había seleccionado confluían en un mismo cuerpo. El hechicero sintió que aquello que hacía era ilógico, un pedido sin sentido. Veía como el cuerpo se deformaba ante tanto poder, a punto de colapsar completamente. Pero entonces el proceso terminó, todos los vidrios de la sala explotaron. Y en medio del humo, una extraña figura humana se levantó, sus ojos brillando innaturalmente. Una extraña presión afectó a toda la habitación. Tsung la sintió, ese poder era demasiado, algo así no podía existir, un mortal no podía portar algo tan grande.

“Di tu nombre”, llegó a decir el hechicero, se suponía que lo que se había generado era consciente y podía razonar, aunque de manera diferente a cualquier otro ser vivo.

Pasaron varios segundos de silencio, hasta que la figura hablo con miles de voces al mismo tiempo.

“SOMOS ERMAC”.

Y Tsung observó al Emperador, que se encontraba detrás de él y no se había movido en lo más mínimo desde que todo el proceso había empezado.

“Tu vida y tu muerte me pertenecen, y me serás útil, esclavo”.

Y así, la única elección de tantas almas fue negada..., por ahora.


Fin de la interrupción.

El presente:
La figura se encontraba mirando a la nada, en lo alto de un risco. Escuchó el sonido de un pájaro que volaba, y levantó el brazo instintivamente. El ave se posó y lo observó con una mirada interesada. Era tan hermoso.

“Debemos irnos, el tiempo apremia, y Onaga se hace más poderoso a cada segundo”, la figura estaba sola, en cierta forma, pero pudo escuchar esa voz, “y tenemos que liberarlos, a los cinco”.

“ES VERDAD-AD”.

Y continuó su camino.

Continuara...

Avance: Finalmente, el ultimo Kamidogu.
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The Shaolin Nun
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 17

Mensaje por The Shaolin Nun » Dom, 06 Dic 2020, 06:22

Qué gran momento cuando Shujinko fue liberado por Dairou. La explicación que dio Hotaru acerca de su envejecimiento repentino fue muy interesante; así como la posibilidad de recuperar su edad tras el juicio. Sin duda, Shujinko estuvo en un predicamento de ser juzgado y recuperarse -con sus respetivas dudas por Hotaru-, pero estaba por delante la necesidad de seguir con la misión.

Me gustó la parte de la esclavitud edeniana y su gran poder desarrollado. Muy interesante el surgimiento de Ermac. :-D
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Re: Batalla de los 6 reinos: Engaño, capitulo 17

Mensaje por Error Macross » Mar, 30 Nov 2021, 23:40

Puff, un año ya, un año entero pasó y no volví a actualizar Batalla. Un desastre. No voy a ponerme a tirar disculpas porque medio que ya lo debo haber hecho muchas veces antes (una por año, cuac) ni tampoco promesas de que terminare pronto el fic ni nada de eso (aunque extender un año mas esta temporada sería muy ridículo). Lo bueno es que acá cerramos una de las dos líneas temporales (Spoiler alert, la del pasado), lo que creo va a hacer que las cosas sean un poco mas manejables, tanto para mi como para cualquiera que lea esto. Sin nada mas que decir, sale el capitulo:


El pasado:

El gran palacio Edeniano recibía la luz del sol. Sus bóvedas doradas, similares a las de los palacios de las regiones arábigas del Earthrealm, resplandecían bellamente. El sol también se relejaba en los ríos que lo circundaban, cayendo como suave cascada alrededor de los puentes que lo conectaban con los caminos de las montañas.

En este bello espectáculo resaltaban las figuras negras grotescas y musculosas que deambulaban alrededor del mismo, moviéndose lenta y torpemente, dirigidas por caballeros de oscura armadura.

“¿Estás seguro de este plan?”, dice Jade observando desde lo alto de una colina al valle donde se encuentra el palacio.

“Déjamelo a mí, Jade”, contesta Rain, “se lo que hay que hacer, vamos, va a arrancar la reunión”.

Ambos se dirigieron a una tienda donde se encontraban la mayoría de los oficiales superiores. Rain se colocó cerca de un mapa de la fortaleza y una vez que los murmullos frenaron, comenzó a hablar.

“Como seguro sabrán, los onis no tienen capacidad de pensamiento propio. La información que hemos recibido es que Tanya es quien los está dirigiendo. De alguna forma está logrando que varios de ellos puedan mantener una mente racional. Muy probablemente esté usando algún objeto que obtuvo de su tiempo con la Hermandad de las Sombras. No se descarta que sea una habilidad que haya obtenido, aunque es una posibilidad menor, ya que esto requeriría un control mágico muy superior a lo que ha demostrado previamente. Sea lo que sea, podemos notar que presenta ciertos límites, lo que explica que la gran mayoría de los onis estén actuando instintivamente y siendo manejados por los pocos con capacidad racional. Si anulamos lo que sea que esté usando, sus líderes dejaran de razonar también, y todo será un caos. Sé que suena arriesgado, pero los onis tienden a detestar la luz y actúan con miedo si se encuentran en desventaja numérica, además se guían por el hambre, y son muy territoriales incluso con otros de su especie. Es muy probable que sin control y a plena luz del día, comiencen a atacarse entre ellos. Por suerte el palacio está separado de la ciudad lo suficiente como para poder encargarnos rápidamente antes de que haya bajas civiles y sin alguien organizándolos será relativamente sencillo limpiarlos a todos o alejarlos lo suficiente como para poder encargarnos luego cuando ya no sean una prioridad. No pueden reproducirse así que si se nos escapan unos cuantos no será problema mientras estemos alerta por posibles ataques. El plan es sencillo. La mayoría de las fuerzas se desplegaran a lo largo de las distintas rutas de ingreso al palacio, solo para llamar la atención de los onis racionales. Se priorizara mantener un combate a distancia para disminuir las bajas y forzarlos a tener que abandonar su posición. En el camino sur este ataque estará enfocado en dar fuego de cobertura y permitir el ingreso de un pequeño grupo al palacio. El mismo será dirigido por la general Jade y estará compuesto por las tropas especializadas en sigilo, ya que el objetivo es que encuentren rápidamente lo que Tanya está usando y lo destruyan, mientras nuestras fuerzas externas mantienen ocupados a los onis. Estimamos que el grupo que ingrese no tendrá grandes dificultades. Si Tanya no puede controlar tantos onis muy probablemente solo tendrá los mínimos y necesarios adentro para mantener el sitio, y sus fuerzas principales se encontrarán en el exterior para evitar ingresos. No se descarta la posibilidad de que sea imposible o muy dificultoso movilizarse en el palacio. La general Jade tomara la decisión final al respecto y en base a eso se definirá si nos replegamos completamente o intentamos un ingreso forzado, el cual queremos evitar, ¿alguna pregunta?”.

“Disculpe, general”, levanta la mano uno de los soldados, “¿pero Tanya no podría matar a nuestra reina en respuesta al ataque o si detecta al grupo que ingresa?”.

Rain mira a los demás soldados alrededor suyo, los rostros parecían estar muy interesados en su respuesta, “una pésima pregunta, pero supongo que a muchos les preocupa esa posibilidad, así que perderé mi valioso tiempo para contestarla. Como ya sabemos, Tanya está tomando a Sindel de rehén”, al llamar a la reina por su nombre de pila, hubo algunos sobresaltos entre los soldados, pero Rain continuó, “pero no le sirve de nada si Kitana no se encuentra en Edenia. Aunque Tanya todavía es considerada perteneciente a la familia real Edeniana, por su traición a la corona no tiene derecho a un reclamo al gobierno por su sangre, y aun si lo tuviera, la princesa tiene prioridad y ascendería automáticamente si su madre…”, Rain se dio cuenta lo que estaba a punto de decir pero ya era tarde para arrepentirse así que continuó, “si su madre muriera”, se escucharon varios suspiros en ese momento, “hacerle daño de cualquier forma le quita lo único que tiene para hacer tiempo hasta lograr lo que quiera. Aún no hemos recibido ningún reclamo o pedido, pero tampoco debe estar apurada. Sabe que su ejército es lo suficientemente poderoso para soportar cualquier cosa que le tiremos y mantener la fortaleza bajo su control por un tiempo casi indeterminado, pero para eso necesita que sus generales sigan funcionando. No creemos que este colaborando con la Alianza Mortal o con alguien que pueda venir a ayudarla. Si le quitamos el control, habremos ganado y salvaremos a la reina”, Rain revisa la tienda con la mirada, pero solo ve dudas, “si alguien tiene algo más que decir, lo escuchare por una cuestión de respeto y luego procederé a ignorarlo”.

Nadie dice nada y van preparando sus armas, Jade se acerca a Rain, “no veo que estén muy dispuestos a tu propuesta”.

“Son unos imbéciles, su reina corre un mínimo peligro y ya dejan de funcionar, no me sorprende que Kanh los haya tenido bajo su mano tanto tiempo”.

“No deberías ser tan duro, han vivido mucha guerra, y después de la aparente paz que estábamos teniendo...”.

“No hay paz, aunque la Alianza Mortal haya replegado sus tropas no significa que no les interese invadirnos, solo están disimulando. Tú conoces a Shang Tsung, nada bueno saldrá de él. Tendríamos que estar con Kitana en el Outworld, en vez de perdiendo el tiempo con una imbécil que no sabe rendirse”.

“Tanya no funciona así, si está ahí es por algo”.

“¿Algo como qué?”.

“No lo sé, pero ella es de la realeza, sabe cosas que nosotros no. Para mí lo que ella quiere está ahí, y aprovechó que Kitana está en el Outworld para conseguirlo”.

“Como sea, si no tienes nada importante para decirme iré a mi tienda a esperar a que las tropas estén listas, te recomendaría que hagas lo mismo. Espero que ningún idiota venga a molestarme con alguna propuesta inútil para hacer las cosas diferente”.

Rain se queda mirándola como esperando algo, y luego se marcha, Jade suspira. Después de lo de esa noche las cosas no han dejado de estar complicadas, sin embargo, tiene algo más de lo que preocuparse.

“Sé que estás ahí”, dice una vez que comprueba que ya todos los soldados se han marchado.

Al no recibir respuesta el cuerpo de Jade se enciende y comienza a correr hacia una dirección bien clara, destrozando la mesa que se encontraba en su camino. Saca su jabalina y realiza un golpe, pero se da cuenta que lo han esquivado sin problemas. Una figura humana se forma desde una sombra en la pared con las manos en alto.

“No busco pelea, vengo a ayudar” dice Shujinko.

Jade lo observa con detenimiento, el movimiento que hizo es algo que solo ha visto en miembros de la hermandad de las Sombras, pero lentamente se da cuenta de algo más.

“La edad no concuerda, pero reconozco ese rostro…, tu eres el de que aquella vez en el Bosque Viviente”.

“Si, y si no me equivoco, lo que Tanya busca es muy similar a lo que hizo que nos enfrentáramos esa vez”.


Este no es nuestro mundo, este es el mundo de:
Mortal Kombat, Batalla de los 6 reinos, “El engaño”, capitulo 18: “El fin de la misión”.


Jade permanece en posición de guardia, no confía en la persona que tiene frente a sus ojos, “tus brazos no parecen guardar blades, pero esa vez me atacaste con ellas”.

“Es complicado de explicar, creo que hay cosas más importantes que hacer en este momento. Además, también te salve la vida”.

Jade lo recuerda, con su mano palpa el lugar donde estuvo la herida. Pese a todos sus años como soldado raso del Outworld, nunca jamás un tarkata la hirió, así que la sensación particular de la única vez que unas blades atravesaron su cuerpo siempre quedó marcada.

“Yo decidiré si hay cosas más importantes. Habla”.

Shujinko comienza a hablar, obvia detalles, lo que Jade nota, pero le cuenta a grandes rasgos su misión y que son los Kamidogus.

“¿Entonces dices que el Kamidogu de Edenia se encuentra en la fortaleza? Kanh no hubiera desperdiciado la oportunidad de usar algo tan poderoso”.

“No tengo una respuesta para eso. Es posible que los Edenianos lo hubieran ocultado de una forma que Kanh no pudiera encontrarlo, o que haya sido encontrado después de la separación de los dos reinos. Lo importante es que lo siento dentro de la fortaleza, y si Tanya logra conseguirlo, el poder que obtendrá será demasiado grande”.

“¿Qué propones?”.

“Eres una importante general que además tiene una buena relación con la princesa, debes saber algún camino secreto que permita ingresar a la fortaleza. No lo has propuesto para mantenerlo oculto y porque sabes que un ejército no podría entrar por ahí. Pero yo soy más que suficiente para vencer a Tanya y a cualquiera de sus soldados, incluso si ingresara por la puerta principal. Pero tampoco quiero que tu reina corra peligro”.

“¿Por qué confiaría en ti?”.

“Porque no gano nada. Eres un soldado, Jade. Lo quieras o no, no eres importante, no más que cualquier otro aquí. Tu muerte no cambiaría nada, alguien te reemplazaría, y créeme que si quisiera podría matarte fácilmente, pero no es mi intención”.

“No suenas muy convincente”, Jade baja el arma y deja de estar en posición de combate.

“No es mi idea, solo hablo con la verdad. Yo tampoco soy importante, Jade, mi misión es más importante, de la misma forma que tu nación lo es para ti. Por eso debemos hacer esto”.

“Sígueme, y que no te vean”.

“No lo harán”.

Jade no tuvo problema para escabullirse de su propio campamento, aun estando a plena luz del día no era complicado para ella desaparecer sin ser vista. Rain era el único que podría llegar a encontrarla pero en ese momento se encontraría cerrando detalles para realizar el ataque simulado, capaz discutiendo con algún oficial de alto rango. Cerca del puente que daba al ingreso principal del palacio, se arrojó por el acantilado, agarrándose de las rocas. Desde allí dio un largo salto y se agarró de unas lianas que colgaban de la parte de abajo del puente, columpiándose entre ellas, avanzando en dirección al palacio. Un oni similar a un perro olisqueó en su dirección, pero el que sostenía su correa lo azotó al no ver nada. Jade avanzó con dificultad manteniéndose colgada, escuchando el ruido del agua bajo sus pies y el gruñido de algunos onis. No veía a Shujinko, pero sabía que de alguna forma estaría también con ella.

Cerca de la fortaleza se paró con dificultad en una serie de rocas que sobresalían y empezó a bajar. La pared era casi lisa así que no había muchos puntos para engancharse. Eventualmente se detuvo en un lugar que no se veía distinto a todos los demás, pero con un movimiento de mano hizo que algunas rocas se fueran corriendo hasta dar paso a un túnel lo suficientemente grande como para que una persona pase agachada. Luego de arrastrarse por él unos pocos metros, dio con un tope. Golpeó el mismo y unas rocas cayeron, dando paso a algo similar a una gran caverna, iluminada por escasas antorchas.

“Realmente es un camino difícil de encontrar”, dijo Shujinko que llegó detrás de ella.

“No está pensado para ser una ruta de ingreso, es más bien una grieta accidental que se conservó por la posibilidad de que fuera necesaria alguna vez”.

“¿Dónde estamos?”.

“En los calabozos, no creo que haya soldados de Tanya aquí, no hay nada de importancia, casi no tenemos prisioneros”.

“¿Casi?”, Shujinko se quedó pensando, los Edenianos se encontraban en contra de la pena de muerte para los criminales de su propia gente, pero su naturaleza hacia que raramente rompieran la ley. Los prisioneros de guerra no tenían la misma suerte, así que no había un sentido de que hubiera alguien encerrado allí a no ser que esperara un juicio, y había prisiones para esas personas, no era necesario usar los calabozos de la propia fortaleza real.

“Ese olor”, Shujinko reconoció una voz viniendo desde una celda, suave pero a la vez acida, “¿mi amado Shujinko, has venido a rescatar a tu pequeña princesa?”.

Shujinko vio en dirección hacia una celda, donde una chica se encontraba tirada en el suelo, su cuerpo se veía lastimado, y solo vestía jirones de ropa.

“¿Mileena?”, preguntó.

“Ven…”, dijo la chica, que seguía tirada en el suelo, su voz se oía débil, “ven y dame un beso”.

Con un grito la muchacha se arrojó contra los barrotes, que comenzaron a brillar con el contacto de sus manos.

Claramente se estaba quemando, pero insistió, y arrojó tarascones con su boca, repleta de repulsivos colmillos. Shujinko retrocedió ante tan horrible imagen.

“Ven, amado mío, ¿no era que querías ver mi bello rostro? Todas las noches en mi lecho me preguntabas por él. Aquí lo tienes, ven y libérame, maldito gusano traidor, aun no te he pagado por lo que hiciste en…”.

“No te detengas”, le dijo Jade mientras Mileena se replegaba ante el dolor que los barrotes le habían generado y se sobaba las manos, “no sé qué relación hay entre ustedes, pero mejor si no llamamos la atención”.

“Su boca…, tenía entendido que ella era la hermana de Kitana”.

“Un engaño del emperador del Outworld. Pero no le demos importancia, si fuera por mí su cabeza ya no estaría unida a su cuello”.

Salieron a través de una puerta de madera que Jade abrió con cuidado, del otro lado había cadáveres de soldados a los que les faltaban partes del cuerpo o con las tripas abiertas cubriendo los pasillos, pero salvo por el hedor a muerte no se sentía nada más.

“Como suponíamos con Rain, no debe haber onis salvo cerca de las entradas y en donde se encuentre Tanya”.

Jade comenzó a avanzar, sin embargo Shujinko movió el brazo rápidamente y lanzó una descarga de energía que hizo caer a una figura que se escondía en las sombras. Tenía un traje negro pero parte del mismo estaba rasgada y se observaban rasgos bestiales intercalados con partes humanas con una piel violácea. Tosió con dificultad, Shujinko se sorprendió de que siguiera vivo, pero parecía ser que el oni había logrado moverse lo suficientemente rápido para que el ataque no le diera de lleno.

“Mátame, humano” dijo con dificultad, “de todas formas ya no tenía sentido estar vivo”, Shujinko se acercó, “ustedes los humanos nunca valoran lo que tienen lo suficiente, desperdician sus vidas cuando pueden vivirlas. Nosotros los onis no vivimos realmente, solo nos alimentamos hasta la muerte. La mente antinatural que nos dieron solo nos hace desear algo que nunca nos correspondió, y que tarde o temprano perderemos de todas formas”.

Shujinko se quedó viéndolo, había visto muchos onis con mente antes. Generalmente sus cuerpos se adaptaban a una nueva forma más humana, a veces permanecían sin cambio. Pero este se encontraba en una forma intermedia entre ambas. Tocó al oni, un aura luminosa se formó alrededor de su mano. Lentamente el oni cerró los ojos y murió.

“Fuiste demasiado bondadoso”.

“Son animales, Jade, animales que se dejan llevar por sus instintos, no hay que medirlos con la misma vara que usamos para aquellos que pueden tomar sus propias decisiones”, Shujinko se levantó, Jade no parecía que iba a decir nada más, pero un extraño ruido llamó su atención. Venía desde el cadáver. Shujinko se dio vuelta y vio como este se hinchaba antinaturalmente.

La explosión no fue grande, aunque si ruidosa. Un extraño polvo rojo estaba llenando todo el pasillo. Shujinko intentó advertir a Jade de que tenga cuidado, pero de repente ella ya no estaba allí. Quien estaba allí era Apep, su antiguo amigo.

“Cuanto tiempo sin verte, Shujinko”.

“Tu…, no deberías estar vivo, Damashi…, Damashi me contó que los templos del Loto Blanco fueron diezmados por los tarkatas poco después de que Liu Kang ganara el Mortal Kombat”.

“Es verdad, pero yo ya estaba muerto para ese momento“.

“¿Cómo?“.

“Fui a buscarte, vi cómo te alejaste del templo la noche de tu castigo. Tenía la sensación de que ibas a hacer algo tonto. Vi ese lugar al que te dirigiste“.

“El nexus…“.

“Y eso fue lo último que vi“.

“¿Alguien te mató allí? Pero entonces esa persona también debía haberme seguido, ¿quién fue?“.

“Mis habilidades nunca fueron muy grandes, mi amigo, lamentablemente no pude sentir nada de mi agresor. Solo sé que me vida fue tomada en ese lugar, pero de alguna forma mi espíritu pudo quedarse cerca tuyo, y ahora se me ha dado la oportunidad de hablarte”.

“Un falso campeón me atacó, Damashi no sabía quién era”, Shujinko intentó recordar a Monster, “su historia carecía de sentido. Pero no me atacó por la espalda, me estuvo esperando en el Nexus y me habló primero. Sus técnicas se basaban en la fuerza bruta, no parecía un asesino”, Shujinko recordó a Dairou, el si era un asesino, “Apep, yo…, necesito saber más, no puede ser que no tengas más información”.

“Capaz si la tengo, pero capaz no sea Apep, capaz yo solo sea tus dudas”.

“¿Qué significa eso?”.

“Cuidado, Shujinko”, Apep era el que movía la boca pero era la voz de Jade la que sonó en ese momento.

De repente Shujinko volvió a estar en la fortaleza Edeniana, un perro negro gigantesco sin ojos lo estaba a punto de atacar, pero pudo levantar sus manos frenando las fauces, y con un rápido movimiento le reventó la cabeza. Sus dedos estaban sangrando abundantemente. Más perros similares se acercaban acechándolos.

“Come esto”, le dijo Jade, ofreciéndole unas hojas, “son horribles pero mantendrán tu cabeza centrada. El oni que matamos estaba lleno de un potente alucinógeno, similar a algo que llamamos la marea escarlata. Puede que sigas viendo cosas, esto solo lo paliara un poco”.

Shujinko le hizo caso, el sabor era desagradable, pero le permitió pensar en lo que tenía en frente.

“¿Cuánto tiempo pasó?”.

“No habrá llegado al minuto. Reconocí el aroma y actué rápido”, el cuerpo de jade se puso de color rojo y uno de los perros demoniacos se derritió al entrar en contacto con ella, “pero si sus efectos son como los de la marea escarlata, puede que para ti haya sido mucho más”.

“No importa, no hay tiempo para más sutilezas”, Shujinko hizo un rápido movimiento y se elevó en el aire usando su telequinesis, levantando también a Jade con él. No le gustaba mostrar tanto de su poder pero las cosas se habían complicado. Si Tanya había transformado a sus esbirros en armas biológicas matar a cualquiera de ellos era un peligro. En su momento Borraicho le había enseñado a sentir energías a su alrededor, no había prestado atención a sus clases, pero su posible encuentro con Apep le había hecho recordarlo, “siento algo, algo que necesitaría estar al aire libre. Supongo que hay un patio central, indícame el camino más corto para llegar desde aquí”.

Jade le dio las indicaciones aunque se sentía extrañada por toda la situación. Ambos desaparecieron al instante en un destello de azufre, teletransportados al patio central por las habilidades de Shujinko. No se veía nada particular, de hecho, estaba más calmado que cualquier otra cosa. Agua cristalina caía en la fuente rodeada de estatuas de antiguos guerreros edenianos.

“Las apariencias engañan”, dijo Shujinko, y movió su mano en el aire, una ilusión se desvaneció y de repente se podía ver que todo el lugar estaba lleno de cadáveres. En el centro de la plaza brillaba intensamente una gran torre metálica, custodiada por una serie de onis musculosos y grandes cuyas cabezas eran similares a cráneos de diferentes animales, en algunos casos con más de una.

Estos onis se dirigieron hacia Shujinko, pero antes de que pudieran hacer nada Shujinko dio un puñetazo al aire, y la torre se partió en pedazos. La misma lanzo una gigantesca oleada de energía que carbonizó a los Onis que se encontraban cerca, Shujinko estiro las manos y logró generar una barrera para frenarla. La energía subía hasta los límites de la barrera y se iba disipando hacia el cielo. Detrás de ellos, una serie de gritos horribles y monstruosos resonaban.

“¿Qué está pasando?”, dijo Jade observando todo a su alrededor.

“Los onis que están adentro de la fortaleza deben haber perdido la capacidad de razonar, esto es lo que les permitía hacerlo, sentí la conexión”.

Jade lanzó un destello al cielo con su mano que explotó como un extraño fuego artificial rojo, “la energía que estas disipando debería ser suficiente para llamar la atención, pero con esto Rain sabrá que estoy aquí y que se puede proceder con lo que estaba planificado”.

“Bien”, Shujinko estaba comenzando a sudar, le costaba contener esa energía, a su alrededor se giraban imágenes de Apep, Dairou, Monster y Damashi. La risa de Mileena se escuchaba de fondo. Una esfera de energía amarilla se dirigía hacia su cabeza.

Shujinko no estaba listo para defenderse, pero no fue necesario, con su jabalina Jade desvió la esfera en el último segundo. La kunoichi lanzó algo similar a un shuriken de energía hacia una sombra en uno de los pedazos de estatua tirados. Antes de que el proyectil impactara, de la sombra salió Tanya, claramente enojada.

“Maldita perra, lo has arruinado todo”.

Corrió hacia Jade, pero cuando estaba a punto de llegar a ella, el cuerpo de esta última empezó a arder. Tanya sin embargo logró frenar a tiempo y dio un salto hacia atrás con una pirueta. Jade aprovechó esa circunstancia para comenzar su ataque persiguiéndola con su jabalina, pero Tanya esquivó todos los golpes, y el instante en que Jade dejo de arder le arrojó una bola de energía. Jade bajó su jabalina rápidamente, resistiendo el ataque, y le dio una patada a Tanya en el estómago que la hizo caer hacia atrás.

“Detente, tu reina está en peligro”, Tanya sacó un frasco de su ropa y se lo enseñó a Jade, “los órganos internos de mis onis están llenos de una sustancia similar a la marea escarlata, pero mucho más peligrosa, resultado de investigaciones del Earthrealm combinando la ciencia con la magia de los otros reinos. En grandes cantidades sus efectos son letales. La prisión en la que encerré a la reina no solo estaba compuesta de energía, sino también con carne viva de mis propios onis. Sin el intelecto que yo les di, sus guardianes ya estarán empezando a devorar los muros, liberando el veneno, y ella no tendrá forma de salir. Este es el único antídoto”.

“Maldita seas”.

“Déjame escapar, y te daré este frasco, lo tenía guardado para mí, por cualquier intento suicida de tu patético ejército. Si llegas a tiempo podrás salvarla”.

Jade estaba dudando, “de acuerdo”, estiró la mano, mientras Tanya se preparaba para sacar un cuchillo y apuñalarla, pero entonces se escuchó otra explosión, y una serie de potentes gritos.

Un pedazo del techo de la fortaleza salió volando, y una gran cantidad de la sustancia roja salió expulsada también, dispersándose en el cielo. Del agujero resultante, salió la reina Sindel, volando a alta velocidad mientras de su boca brotaban ondas de sonido que alejaban más el polvo rojo.

“Mi reina”, dijo Jade embelesada de tan poderosa imagen. Tanya no dudó y realizó un ataque con el cuchillo pero Jade lo frenó con sus manos, y le dio un rodillazo en el estómago, para luego agarrarla por los brazos, forzándola a arrodillarse. El frasco cayó y se rompió en pedazos, “cómo pudiste ver, ya no necesitaremos eso. Este es tu final”.

Tanya la miraba con furia, cuando entonces en una explosión final proveniente de donde se encontraba la torre, Shujinko salió disparado hacia atrás y todo el lugar se cubrió de luz mientras tanto Jade como Tanya eran arrastrados.

Cuando Shujinko se despertó, solamente Jade estaba allí, y le ayudó a levantarse.

“¿Cómo te encuentras?”.

“Muy cansado”, dijo Shujinko, “¿Tanya?”.

“Ha escapado, lo que sea que haya pasado fue el último resquicio de la energía que estabas conteniendo. No hubo daño, pero ella aprovecho la luz que nos consumió. Me pesa admitirlo pero perseguirla es demasiado peligroso. Debe haber muchos onis y mucha de la sustancia que había dentro de sus cuerpos dispersándose por todo el palacio”.

“Está bien, lo bueno es que hemos ganado”.

“Y gracias a ti, bravo guerrero”, Shujinko se dio vuelta, y observó a la Reina Sindel que bajaba levemente hasta posarse en el suelo. Su ropa tenía algo de daño pero se la veía impoluta, “¿quién eres?”.

“Mi reina”, Shujinko se agachó, sintió un gran respeto al verla, “no soy nadie importante”.

“No creo que sea así, dime tu nombre”.

“Shujinko”.

“Siento que tienes una gran misión por delante, Shujinko, y creo que has venido a Edenia buscando algo más que salvarme a mí”.

“Si…”, contestó Shujinko con dudas.

“Vengan conmigo”, aunque no hubo elección, Sindel se elevó en los aires, y unas corrientes generadas por ella hicieron lo mismo con Shujinko y Jade, los hizo ingresar a la habitación de la que había salido volando. La misma estaba muy destruida, y había pedazos de oni por todas partes, incluyendo lo que parecían ser muros hechos de carne destrozados por todos lados.

“Sé que les preocupa, pero no quedan onis en esta sala, ni nada de esa extraña sustancia que salía de sus cuerpos muertos. Me aseguré de ello antes de escapar. Tendremos que investigarla para poder limpiar la fortaleza, pero eso será algo para realizar después. Lo importante está aquí”, se dirigió hacia uno de los muros, no parecía haber nada de especial a excepción de unas marcas, como si hubieran quemado la piedra. Una maquina se encontraba destruida cerca, “Tanya sabía lo que se esconde en esta pared, posiblemente de alguna conversación que escuchó entre mi hija y yo. Estos muros están protegidos para todo aquel que no sea de la realeza. Esta arma que trajo, posiblemente del Earthrealm, le hubiera permitido acceder a ella en muy poco tiempo. Pero ya la destruí”, Sindel tocó la pared, y al instante un bloque se desvaneció, dejando abierto un lugar, del que sacó un objeto, algo similar a una figura del ying y el yang, con una mitad blanca y la otra dorada, “sabes lo que es esto, ¿verdad?”.

Shujinko entendía las energías que salían de ese objeto, “si, el Kamidogu de Edenia”.

“Objetos de enorme poder, cuya historia y origen se pierde en las leyendas. Tómalo”.

Jade estaba impactada desde el momento que Sindel sacó el objeto, pero esto la alarmó más, “disculpe la intromisión, mi reina, pero no sabemos nada de este sujeto, y si de verdad es el Kamidogu, deberíamos preservarlo”.

“El Kamidogu ha estado en poder de la realeza Edeniana desde el principio de los tiempos, entregado por nuestro antiguo dios protector Argus. Pero jamás se ha usado su poder. Ni siquiera en nuestro peor momento. Mi difunto esposo temía que no pudiera ser controlado y que revelar su existencia solo lo pusiera en las manos de Shao Kanh. Todo el tiempo que Edenia y el Outworld estuvieron fusionados, permaneció en ese lugar, imposible de ser detectado. Ni siquiera cuando Kanh tomó control de mi revelé ese secreto tan antiguo. Pero algo en mi siente que este guerrero lo necesita. Tanya había puesto una barrera para evitar mi escape, la misma estaba conectada a la misma torre que destruiste, y en cierta forma su desaparición hizo que me conectara levemente contigo. Has pasado por mucho, y necesitas esto”.

“Mi reina, yo…”, Shujinko recordó a Apep y a Damashi una vez más, “no estoy seguro, además, no debería aceptarlo”.

“Insisto Shujinko”, Sindel le acercó el objeto, y finalmente Shujinko lo aceptó, “ahora vete, antes de que el ejército ingrese al palacio. Harían preguntas que es mejor evitar”.

Jade no dijo nada, y entonces Shujinko solo asintió, “gracias, mi reina”, y se desvaneció.


Shujinko ingresó al Nexus sintiéndose muy distinto a como estaba antes. Algo no estaba cerrando del todo. Ya no estaba teniendo alucinaciones, pero Apep, Dairou, Monster y Damashi seguían girando en sus pensamientos. Pero también Ashrah, con su devoción absoluta a una causa sin sentido, los miembros de la hermandad de las sombras, cuya vida es falsa, el Orderrealm en sí, obsesionados con sus reglas. Y aquel humano que se enfrentó al Rey Dragón Onaga hace tantos años, y que por alguna razón le resultaba muy conocido. Se acercó al lugar donde debía colocar el último Kamidogu, pero sus manos se frenaron justo antes de hacerlo.

“Shujinko, ¿qué haces?”, era la voz de Damashi, pero se oía distinta, “coloca el Kamidogu”.

“Yo…”.

“Deja tus dudas, coloca el Kamidogu ya”, la voz era la misma, pero también se oía mas grave, y le recordaba a algo que había visto en una visión.


Shujinko giró la cabeza, y su rostro se conmocionó por el horror. A donde miraba efectivamente se encontraba Damashi, pero también una figura espectral se formaba alrededor de la esfera de luz. La reconoció rápidamente.


Era el mismísimo Rey Dragón, Onaga, tal y como se veía antes de usar el Medallón de los Elementos y de que su cuerpo hubiera cambiado.

“Shujinko…, puedes verme”, no era una pregunta, era una afirmación.

“Tu… ¿qué significa esto?”.

“Coloca el Kamidogu”, Shujinko sintió que las palabras dolían, lo presionaban, sus manos empezaron a moverse solas hacia el altar.

“No…, no…”.

“Coloca el Kamidogu, Shujinko”.

El objeto estaba a punto de tocar el altar, cuando Shujinko escuchó la voz de Apep en su cabeza, “resiste, Shujinko”, y con un fuerte movimiento que se sintió muy bien, logró alejar sus manos. La extraña atracción fue desapareciendo.

Onaga lo observaba, la esfera de Damashi ya no se encontraba presente, pero la figura seguía siendo espectral, “ya veo, tendrá que ser así”, todos los Kamidogus desaparecieron a excepción del que sostenía Shujinko, el resto del lugar parecía empezar a deformarse, “no importa, ya con la energía que he obtenido no necesito ese Kamidogu, por ahora”.

Shujinko estaba desesperado, sintió el horror a su alrededor, sabía que no podía pelear, no contra él, y comenzó a correr hacia una de las salidas del Nexus antes de que todas se cerraran.

“Huye si lo deseas, te encontrare. Pero dame lo que has recibido de mi”.

Shujinko saltó por el portal, en el momento del cruce sintió una enorme y extraña fuerza que salía de su cuerpo, le dolía horriblemente, como si le arrancaran una parte de su ser. Cuando cayó, la entrada al nexus ya no estaba detrás de él.

Shujinko aun sostenía el Kamidogu de Edenia, pero sabía que algo no estaba bien. Aun podía formar energía con las manos, pero eso era algo que ya podía antes. Todo lo demás, todo lo que había obtenido en sus viajes, había desaparecido. Volvía a ser el mismo niño inútil de los templos Shaolin, ahora con un cuerpo viejo. Pero eso no importaba, Onaga no podía hacerse con el último Kamidogu. No importaba como, tenía que encontrar a esa persona, la única que podía ayudarlo ahora, aquella a la que tanto había despreciado antes. Comenzó a correr.


El presente:

Shujinko se encontraba sentado en la nieve. Aunque el Kamidogu le daba calor, su barba y pelo desaliñados, y su ropa demacrada estaban escarchados. No recordaba cuando era la última vez que había comido, pero no tenía hambre. Hacía mucho que había llegado al templo, abandonado hace mucho, pero nadie había venido. Con lo que le había costado llegar allí, no quería irse, no sabía que otra opción tenia, y al menos nadie lo perseguía desde hace mucho.

Escuchó pasos, por primera vez en mucho tiempo, una figura conocida se le acercó lentamente, cuatro más la acompañaban, pero se quedaron lejos. Shujinko se sorprendió de que podía reconocer a casi todos.

Borraicho se lo quedó mirando un largo tiempo antes de hablar, “¿qué has hecho, Shujinko?”.

Shujinko comenzó a llorar, pese a la edad volvía a sentirse ese niño rebelde, “lo siento mucho, maestro”.

La nieve siguió cayendo.

Continuara…

Avance: Nueva etapa.
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