La Emboscada del Dragón: Parte III

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Shao Kahn 666
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La Emboscada del Dragón: Parte III

Mensaje por Shao Kahn 666 » Sab, 10 Mar 2018, 20:44

La Emboscada del Dragón: Parte I
La Emboscada del Dragón: Parte II

Por un instante hubo un silencio absoluto en la habitación. Un instante durante el cual el tiempo parecía haberse congelado. El instante que demora un percutor en golpear una recámara vacía.

Un sonido metálico seco rompió el silencio en la habitación. Las pupilas de Kano se dilataron e instintivamente saltó fuera de la habitación antes de una ráfaga de balas de uzi volara la puerta de sus bisagras.

Como si sus piernas se movieran sin responder a su mente, Kano corría sin rumbo por el pasillo. Los disparos de uzi detrás de él eran ensordecedores, pero la oscuridad era absoluta y su contrincante disparaba a ciegas. Kano debía alejarse de allí y esperar a tener la ventaja.

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Luego de golpearse violentamente el hombro contra la pared en una leve curva, Kano sintió algo duro que se le hundió en el abdomen. Había llegado al final del pasillo y chocado abruptamente contra una baranda metálica.

Todavía sin lograr recuperar el aliento, intentaba recordar en que parte de la fábrica se encontraba. Debía pensar en algo, y rápido. Se subió a la baranda y estiró su brazo, palpando lo que parecía ser una parrilla metálica sobre su cabeza. Se trepó a ella con la agilidad de un gato.

Ciego como un murciélago, Kano de repente escucho el sonido de una persona perdiendo el aliento al golpearse el estómago y, un momento más tarde, el golpe de un objeto contra el piso varios pisos más abajo. Se le había caído la uzi.

Era su oportunidad. Saltó con ambos pies hacia delante, golpeó algo duro y le cayó encima. En el piso, se abalanzó con ambas manos en busca del cuello, pero su misteriosa adversaria hizo un extraño movimiento y se escabulló de debajo suyo como una serpiente.

Se incorporó desorientado y lanzó golpes de puño al aire, sin éxito. Pasaron unos segundos de silencio sepulcral. Parecía que su adversaria se había escapado.

Repentinamente, tuvo la sensación de que su cabeza estallaba. Una fuerza irresistible le estaba comprimiendo el cuello y le cortaba la irrigación de sangre al cerebro.

Perdiendo cada vez más el conocimiento y el control de sus extremidades, se acercó sus adormecidas manos al cuello y tocó lo que demoró en reconocer como un par de piernas. En ese momento, se sintió catapultado hacia atrás y cayó por las escaleras hasta enredarse en los hierros de los escalones y las barandas.

Atontado por el estrangulamiento, sentía rápidos pasos bajando por la escalera hacia donde él se encontraba. No podía moverse; si su contrincante iba a darle el golpe de gracia, ahora tenía la oportunidad perfecta de hacerlo.

Todavía con las extremidades adormecidas, Kano extrajo, con todas sus fuerzas, la daga de su cinturón. Cuando sentía los pasos a menos de un metro de su cabeza, estiró su brazo instintivamente y se escuchó el inconfundible sonido de una hoja penetrando en la carne. Luego de un alarido de dolor, la mujer perdió el equilibrio, pasó por encima de Kano y rodó escaleras abajo hasta que este escuchó el golpe de un cuerpo pesado en lo que parecía ser un entrepiso metálico. Una vez más, Kano estaba en condiciones de deshacerse de su inesperado obstáculo antes de tener que pasar por el terror de enfrentar al Dragón Negro con una misión no cumplida.

Pero nunca llegaría a cumplir su cometido. Sintió una leve vibración que parecía venir desde el subsuelo de la enorme fábrica y el cuerpo de su contrincante se iluminó desde abajo por un resplandor naranja.

Con una sincronización perfecta, los explosivos dejados por el Dragón Negro habían comenzado un incendio que iba a borrar todo rastro de que alguien hubiera estado allí esa noche. Su tiempo había terminado, debía largarse de allí.

Observó con alerta que las llamas avanzaban rápidamente en todo el sector inferior del edificio, por lo que le iba a ser imposible escapar por la planta baja.

Dando por muerta a la agente por el humo y las llamas, Kano volvió escaleras arriba mientras las estructuras a su alrededor se desmoronaban. La organización ya habría enviado a alguien a buscarlo y si lograba llegar al techo del edificio lograría escapar a salvo.

Pero nunca llegó a su destino. Antes de llegar al final de la escalera, sintió que el piso cedía bajo sus pies y cayó al vacío, sintiendo el calor de las llamas cada vez más intenso hasta perder el conocimiento.

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Su tiempo había terminado.
FIN DE LA PARTE III
You shall feel the wrath of the Emperor

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