Faction Tales: Lin Kuei

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Evil_Konan
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Faction Tales: Lin Kuei

Mensaje por Evil_Konan » Mar, 11 Ago 2015, 14:49

La Piedad del Lin Kuei.

Parte 1: El fin de los Huérfanos.

La vieron venir desde muy lejos, una silueta pequeña y oscura caminando en medio de una inmensidad blanca impoluta. Hiroshi puso el ojo en la mira del rifle, con las lentes pudo ver que la figura estaba hinchada por el abrigo pero en realidad se veía como muy delgada y caminaba tambaleante sobre la profunda nieve. El rostro iba cubierto por un pasamontañas pero la franja de piel que rodeaba los ojos cansados parecía abrasada por el frío.

- Creo que es una mujer- dijo a su compañero Onikage- ¿Va sola?

El otro hombre echó mano de los prismáticos y trató de buscar movimiento en el resto del inhóspito paisaje. Consultó al radar y al sistema de cámaras infrarrojos y solo captaban a la caminante.

- Va sola- confirmó.
- Parece una viajera extraviada.
- No me fío de lo que parecen las cosas. A la menor señal de sospecha abátela… hace tiempo que dejamos de ser honorables.

Se encontraban en un refugio situado en una pequeña cueva. A sus espaldas tenían la puerta a un bunker abandonado del ejército ruso donde dormía el resto de sus compañeros. Eran el clan Minashigo y tenían sobrados motivos para huir hasta los confines más inhóspitos del Reino de la Tierra, como aquel lugar en las fronteras de la región de Articka. Onikage quedó al mando en ausencia de su líder, Genji.

- ¿Qué crees que harían los Tengu en una situación como esta?
- Se ponen nombre de demonios pero creo que son solo una panda de asaltadores de caminos. No creo que sean ni la mitad de cautos que nosotros.
- ¿Sigues discrepando del plan? Diría que no tenemos muchas opciones, hermano.
- Concéntrate en la intrusa- cortó Onikage. No hacía falta mirar por los prismáticos para ver que estaba bastante más cerca y que iba directa al refugio.- Voy a interceptarla con los demás, cúbrenos.

Varios minutos después. Una docena de hombres cubiertos con uniformes ninja blancos como el entorno aunque todos sucios y harapientos, salieron de la cueva y caminaron al encuentro de la tambaleante viajera, esta no pareció verlos hasta que estuvieron bien cerca.

- Alto, mujer- ordenó Onikage mientras la apuntaba con una katana.

La mujer los miró y cayó de rodillas.

- ¡Alabado sean los dioses!- gritó en ruso- ¡Necesitamos ayuda…!
- ¿Quién eres?- inquirió el líder en su idioma- ¿Qué haces aquí? ¡Responde ya!

La mujer miró las armas. Luego respondió.

- Soy una bióloga de la universidad de Moscú… mi equipo está atrapado en la nieve… una avalancha… por los dios necesitamos ayuda…

Uno de los hombres se acercó a ella por la espalda y le arrancó el pasamontañas. Descubrió un rostro que podría ser joven y hermoso quitando las quemaduras de frío y las profundas ojeras. Sus cabellos anaranjados tenía un curioso peinado de punta. El hombre le cogió de aquellos cabellos y tiró con fuerza hacía arriba para que mirara fijamente a Onikage mientras le interrogaba. Ella gimió de dolor.

- ¿Una bióloga…?- preguntó Onikage- ¿Te burlas de mí?
- Buscamos evidencias de un… nuevo… animal… un yeti…
- ¿Dónde está el resto de tu equipo?
- Atrapados en la estación… por favor… solo somos científicos… necesitamos ayuda… no me funciona el GPS pero si tenéis podré ubicar la localización por el nombre de la estación… y pedir ayuda si tenéis radio… solo quiero eso…

Pasó un tiempo breve en que Onikage pensaba que hacer. Los yetis existían en aquella región perdida, él mismo los había visto, pero eran un misterio para el resto del mundo. Los habitantes de aquella región los veneraba como bestias sagradas y no escatimaban esfuerzos en ocultarlos. Tal vez la avalancha o lo que fuera fueran provocados por los nativos y ella fuera la única superviviente. No podían ayudarla ni tampoco podía dejar testigos de su ubicación.

- Lo siento- dijo y alzó la espada.
- Solo queríamos… ver una animal extinto… -dijo ella apesumbrada. De repente su tez cambió a una sonrisa cruel que desconcertó a Onikage pues de repente habló en japonés- como vosotros.

En ese momento estalló una explosión a sus espaldas. El refugio había saltado por los aires y se levantó una gran humareda.

- ¿Pero que…?

Aprovechando la confusión la mujer se zafó del hombre que la sujetaba y agarró el brazo armado del líder rompiéndolo al instante con una llave. Cogió la katana al vuelo y girando sobre si misma decapitó al que la sujetaba y pateó al mismo tiempo al dueño del arma, derribándolo al suelo. Los demás, recuperados de la conmoción fueron a rodear y matar a la mujer, vieron que el abrigo cayó al suelo y reveló un kimono ninja anaranjado… fuera quien fuese debía morir pero les cegó un resplandor verde… acto seguido se vieron rodeados y superados por una veintena de hombres de uniforme ninjas azulados. Eran sus perseguidores… ¡los Lin Kuei! Uno a uno, los Minashigo fueron cayendo a pesar de resistir encarnizadamente. Uno de ellos se lanzó contra la mujer dejándose empalar por la katana, agarró el brazo armado de su enemiga y animó a otro a que la matara estando indefensa. Pero ella no lo estaba, apuntó con su mano libre al nuevo atacante y una esfera de fuego fue a estrellarse su pecho haciendo que todo él ardiera. Luego propinó cabezazo al rostro del hombre que la inmovilizaba, retorció el filo y lo destripó. Se echó a un lado para evitar al hombre que corría de un lado a otro mientras ardía y entonces otro la agarró por detrás y llevó un cuchillo a su cuello.

- ¡Quietos o la mato!- gritó aquel joven… era el último que quedaba en pie.
- Mata a esa zorra- gritó Onikage desde el suelo- Nos la llevamos al infierno.

El joven se dispuso a degollarla sabiendo que los Lin Kuei le matarían de forma horrible. Mientras ideaba como suicidarse a tiempo notó que una mano se posaba en su nuca. De repente todo se volvió rojo, su cerebro empezó a hervir y blanquearse en el interior de su cráneo. Chilló de dolor pero la agonía ardiente fue breve y cayó al suelo liberando a su presa.

- Gracias, hermana- dijo la mujer.

La otra mujer miró a su víctima retorcida en el suelo y asintió.

- No siempre voy a cuidar de tus espaldas, Cinder. Lo haces a propósito para obligarme a matar.
- ¿Y no disfrutaste? Podías haber alargado más su agonía.
- Tenemos una misión. Ciñámonos a ella, por favor.

La hermana de Cinder, Blow, llevaba un uniforme anaranjado más oscuro y los cabellos eran caoba y muy cortos, era más joven y de apariencia más frágil. Sin embargo era tan letal como cualquiera de sus compañeros. Todos rodearon al último superviviente, el minashigo Onikage. Aparte del brazo roto por Lady Cinder, alguien le pisoteó la rodilla hasta romperla.

- Recuento de bajas enemigas- pidió Cinder, la líder del grupo.
- Contamos treces muertos- respondió uno de sus hombres- Y dos heridos.

Onikage vio que dos Lin Kuei arrastraban a un maltrecho Hiroshi. Cuyo uniforme humeaba y presentaba quemaduras de tercer grado en varias partes de su cuerpo. “Se acabó” pensó… es el fin de los minashigo. ¿Cómo pudo ocurrir? Extremaron las precauciones, no escatimaron en tecnología avanzada robada de las Fuerzas Especiales. Vio como aparecieron los lin kuei tras un portal de luz verdosa… una nueva tecnología del que solo tenía constancia en rumores. La tal Cinder era el cebo… y habían picado para salir del único lugar seguro donde podrían haber resistido pues la explosión no afectó al bunker.

- No me salen las cuentas- dijo Cinder- Faltan tres.
- Hemos mirado el bunker- dijo uno de los que arrastraban a Hiroshi- No hay nadie más.
- Bueno, pues que bien que no hayamos matado a todos.- Miró a su hermana con una sonrisa sarcástica- Vamos a tener que hacerle cosquillas ¿No es así, querida Blow?-Blow le respondió con una mirada de desprecio, cosa que divirtió a Cinder- Nos lo llevamos al bunker.




Un rato después todos estaban dentro del bunker salvo dos lin kuei que usando camuflaje termo-óptico fueron a montar guardia fuera. Pese a lo anticuado de la estructura del lugar, los minashigo se lo habían montado para que hiciera funcionar el sistema de energía y pudiera abastecer a sus equipos de vigilancia. Ataron a los dos hombres a unas sillas y los dejaron a merced de Cinder y dos voluntarios. Estos toqueteaban las heridas de Hiroshi haciéndole gemir.

- Tu compañero no tiene buen aspecto- anunció Cinder a Onikage- Creo que te va a tocar a ti responder a las preguntas.
- ¡Vete al infierno, sucia Lin Kuei…! ¡Luchamos con honor y merecemos una muerte honorable!
- Tendréis una muerte a vuestra medida en cuanto sepa dónde está Genji y sus lugartenientes.

Hiroshi gritó con fuerza cuando uno de sus torturadores metió literalmente el dedo en la llaga y luego se apagó con un suspiro.
- Por el clan…- dijo antes de morir.
-¡Hiroshi!
- No valéis como torturadores- les acusó Cinder- Apartaos y aprended de una profesional… ¿hermana?

Blow suspiró como quien ve cumplida lo que temía y se acercó a su hermana.

- Ya sabes que hacer.

Un hombre desató al cadáver de Hiroshi de la silla y lo arrojó a un rincón. Luego puso la silla frente a Onikage y Blow se sentó en ella, resignada.

- No diré una mierda- espetó Onikage- No temo a la muerte… ni al dolor.
- Todos dicen eso- dijo Blow- Lo siento pero cederás como los demás. Te brindo la oportunidad de que no haga falta esto.

Por respuesta él la escupió en la cara. Ella se resignó, no pareció ofendida por el escupitajo sino más bien lamentó no ver otra vía que la que debía tomar. Cinder tampoco se ofendió, es más parecía disfrutar con todo aquello.

Ambas hermanas entraron en el Lin Kuei siendo muy niñas, eran de origen irlandés cuyos padres decidieron irse a vivir a un exótico país oriental poco antes de que estallara una revolución y se vieron atrapados dentro. Las niñas demostraron poseer un gran poder sobre el fuego, eran pirománticas sin que nadie ni siquiera sus padres supieran donde o cuando adquirieron ese don. Cuando sus padres fueron ejecutados por los soldados rebeldes a ellas les tocaba el turno de ser violadas y asesinadas, empezaron por la que llamaron Cinder, pero Blow en su rabia y odio por lo que hicieron a su familia y temiendo por la vida de Cinder fue la primera en mostrar su don… no era exactamente crear fuego sino controlar la temperatura de todas las cosas a la que ella pusiera en mente hasta alcanzar los grados necesarios para hacerlo arder. Así quemó a los hombres que violaban a su hermana. Cinder por su parte, lleno de ira por la tortura, demostró un poder mucho más espectacular. Ella directamente creaba fuego de la nada e hizo arder todo el poblado con los soldados dentro. Tal hazaña fue escuchada por el Lin Kuei quienes la capturaron y le ofrecieron un refugio a cambio de su lealtad. Ellas aceptaron. Fueron entrenadas en las artes del kombate consiguiendo notables puntuaciones. El Gran Maestro les cayó en gracia. A la mayor la llamo con el nombre en clave de Cinder, pues redujo a cenizas a sus enemigos. A la otra la llamo Blow pues hizo que el metal brillara de forma incandescente al hacerlo fundir con la mirada. Con el tiempo las hermanas se hicieron rivales o más bien, Cinder era la que más desafiaba a la paciencia infinita de Blow queriendo constantemente sobresalir sobre ella. A pesar de que Cinder era la más malévola y activa de las dos, a Blow se le encomendaba a menudo las tareas más crueles. Pocas torturas pueden igualarse a la caricia de un hierro al rojo vivo ¿Pero que pasaría si ese hierro tocase a la gente desde el interior de sus cuerpos? A Blow le bastaba con pensar en un órgano o cualquier parte del cuerpo humano para elevar su temperatura hasta crear una agonía inimaginable. Son muchos los presos que han pasado por sus manos y sus gritos la acompañan todas las noches mientras trataba de dormir.

Onikage no fue una excepción. Los gritos del minashigo ensordecieron a los lin kuei presentes mientras luchaba desesperadamente por librarse de las ataduras.

- Ella odia esto- Dijo Cinder- con placer te dejaría en paz si dices donde está Genji… pero no te des prisa. Tenemos tiempo y me siento a gusto con este clima.

Pero Blow no quería alargar esto mucho más. Se concentró en hacer arder las entrañas de su victima con tanta intensidad que ningún mortal habría resistido jamás.

- ¡De acuerdo! ¡De acuerdo!- chilló Onikage entre llantos- Hablare…
- Oh, ¿en serio?- se quejó Cinder- No me lo creo. Continua querida hermana.

Blow no quería complacer a su hermana. Le dio una bofetada a Onikage para espabilarlo e inquirió:

- Genji. ¿Dónde está?
- Con… el clan… Tengu…
- ¿Para eso habéis venido aquí? ¿Para juntaros con esa chusma?- inquirió Cinder divertida.
- Solo por un tiempo… queríamos desaparecer… necesitábamos aliados…
- No necesitamos saber- dijo Blow- Sabemos dónde está los Tengu.
- Cierto- dijo Cinder- Bueno, ya hemos terminado aquí. ¿Algo más que añadir?
- Si- dijo Blow mirando a su agotada victima.

Normalmente, nadie hace preguntas al Gran Maestro ni a ninguno de los sifu del clan cuando encomiendan misiones. Era sabido que los Minashigo se habían dedicado a hostigar al Lin Kuei desde hacía unos años. Tenían acceso informático a sus redes de comunicaciones y trataban de sabotear y entorpecer todas sus operaciones, llevando al cabo incluso asesinatos de varios ninjas del clan. Pero Blow siempre se preguntó por qué. El clan Minashigo era casi desconocido para todo el mundo y no parecía actuar en relación con ningún otro clan. Se especuló que fueran agentes del Dragón Rojo pues el Gran Maestro tenía negocios con el líder de sus enemigos los Dragones Negros. Pero ella sabia que no era así, ellos se habían consagrado sus vidas a atormentar a su clan y quería saber por qué.

- Minashigo significa huérfano- dijo Blow- ¿Quiénes fueron los padres que perdisteis?
- Me ofendes… lin kuei… ¿no reconocéis a vuestros enemigos? Nuestros padres… era el clan… Shiray Ryu…

Durante un tiempo solo se escuchaba la respiración entrecortada del prisionero. Las hermanas estaban aturdidas por la revelación, incluso los demás ninja Lin Kuei cuyo semblantes inexpresivos parecían congelados no daban crédito a sus oídos.

- ¿El Shiray Ryu…?- Preguntó Cinder- ¿Sois miembros del Shiray Ryu? Si todos fueron exterminados.
- Por vosotros- dijo Onikage- Nosotros eramos… alumnos… hacíamos una misión de entrenamiento… lejos de la aldea… cuando volvimos no quedó…nada…
- Bueno, eso no explica por que nos atacáis tanto.- dijo Blow- Fuimos rivales pero nunca exterminamos a tu clan…

Onikage la miró confuso. Iba a responder algo pero las quemadura internas apagaron su vida antes de que pudiera decir más.
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Re: Faction Tales: Lin Kuei

Mensaje por Error Macross » Mar, 01 Sep 2015, 03:06

Un contexto interesante, parece que va a ir para el lado de la hermandad de las sombras y los Lin Kui descurbriendo la verdad sobre lo que le paso a los Shirai. Y me gustaron las dos chicas, tiran para ser personajes con mucho para dar.
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