Los Días Olvidados de la Bestia.

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Evil_Konan
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Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Evil_Konan » Mié, 11 Mar 2015, 01:37

Introducción:

Bueno, ya estamos otra vez. En esta ocasión voy a hacer algo un poco diferente. En lugar de un relato de varios capítulos, haré que cada uno sea una anécdota o un día en la vida de su protagonista que tendrá poco que ver con los demás capítulos. Para que os pongáis en situación, el protagonista es Reptile, un personaje que me parece curioso que aparezca prácticamente en todos los Mortal Kombat pero no tiene relevancia alguna en la historia de ninguno de ellos, salvo MKDA... para mí es lo que llamo “El amigo de los niños” Un personaje tipo Chewaca de Star Wars, que no tiene absolutamente nada que aportar en la saga pero como a los chavales les encanta pues se hace imprescindible. En fin a lo que iba, Reptile aparece aquí en un futuro hipotético en que su involución lo ha convertido en un animal. Vive solo en unas ruinas ubicada en un pantano y no tiene ni recuerdos de su vida anterior, vive solo para cazar, comer y dormir. Solo que de vez en cuando le asalta un “recuerdo”, un día olvidado y ese recuerdo rescatado al azar es el capítulo que toca. En principio solo escribiré tres ubicados entre MK2 y finales de MK3 pero no descarto que pueda añadir más o dejar que otro añada sus ficciones. En fin, espero que lo disfruteis.





La criatura se arrastró desde su lecho de cientos de monedas oxidadas y mohosas y ascendió la escalinata agrietada hacía la luz del exterior. Le esperaba un nuevo día de patrullar entre las ruinas y sus alrededores en busca de nuevas presas. Los seres vivos que pasaran por aquellos desolados lares podrían ver a una bestia única en todo el Outworld, y con mucha suerte vivir para contarlo. Pero nadie en aquellos tiempos adivinaría que fue antes ese animal que se arrastraba como un dragón de Komodo cuando antes caminaba como un hombre. Ni la propia Bestia lo recordaba, pero su nombre era temido, más incluso que su propio aspecto. Aquel día, tras dejar atrás lo que antaño debió ser una cámara para guardar riquezas olvidada, había optado por comenzar su ruta desde una dirección distinta, las pantanosas ruinas pertenecieron a una de las tantas civilizaciones que el ya desaparecido Emperador Shao Kahn había fusionado a su reino. Estatuas colosales fueron derribadas y descuartizadas por un pasado violento y ahora es pasto del musgo y las hiedras. La bestia nadaba en los estanques que se formaron entre los edificios derruidos y trepaba por las paredes parecieron más ligero de lo que era. Su aventura le había llevado a atravesar las paredes de un antigua e irreconocible mansión sin techo y en una pared vio algo que le llamó la atención. Era un mural, una pintura antaño ostentosa con una figura colosal sentado en un trono, el tiempo y la humedad hicieron mella en aquella obra de arte y el musgo hacía completamente irreconocible aquella silueta, pero había algo familiar. La Bestia miró con atención, expectante, algo asaltaba su mente, bloqueaba su instinto que le instaba a seguir caminando hacía un coto de caza, y empezó a sentir algo, una emoción... entonces le llegó lo que parecía un recuerdo de aquella vida pasada.


Kapítulo 1: Intrigas Palaciegas.

El general Reiko, siendo alguien tan cercano al Emperador, conocía muy bien su rutina y sus hábitos, sabía por demás que la cámara del trono iba a estar desocupada en el momento que él entró con motivo de una reunión privada con el soberano. Este estaba ausente con su harén en sus aposentos privados, casi podía oír los gritos de la afortunada del día a través de tantas paredes de roca. La horda de siervos acababa de limpiar el polvo de la inmensa estancia y ordenó a los silenciosos centinelas embutidos en sus armaduras pesadas que dejaran la sala para mayor privacidad para cuando Shao Kahn regresara. Lo único que quería era un rato de intimidad, se sentó en el trono y tomó el yelmo calavérico de su señor en sus manos. Él se tenía por un hombre cabal e inteligente, pero también era ambicioso y carente de escrúpulos, soñaba con ese trono y aquella absurda y poco cauta costumbre era lo más cerca que aspiraría a tenerlo. Fue entonces cuando realmente lo lamentó. Notó algo puntiagudo haciendo una leve presión sobre su garganta y cuando se fijó bien pudo ver que se trataba de una garra transparente.

- ¿Usurpando el trono?- Siseó una voz a sus espaldas.
- Reptile- dijo Reiko con tranquilidad.

El raptor abandonó su camuflaje mostrando donde estaba, de cuclillas sobre el respaldo del trono como un ave de presa desde donde se había inclinado para poner su letal mano sobre la garganta del general.

- ¿Vas a tenerme así todo el día?- preguntó Reiko.
- Solo hasta que venga el Emperador y vea lo que haces en su ausencia. No creo que le agrade que cojas su corona.
- Cierto- sonrió Reiko- algo imperdonable. Bastante inmaduro por mi parte. Pero llevo todo el día de campamento en campamento y ya tengo una edad para estar de pie todo el rato. En fin, lo que me espera con esta insolencia supongo que será una amonestación de veinte o treinta humillantes latigazos...
- ¡La muerte!- le interrumpió Reptile- Por traición.
- ¿Traición? Estoy aquí por asuntos del ejército. Si me has estado siguiendo todo el día sabrás de donde vengo. A no ser que sigas también con esa fea costumbre tuya que tampoco creo que le agrade a tu amo.
- Yo sirvo a mi amo, nada hago que pueda no agradarle.
- ¿Ah, no? No sabía que él dejara que entres en su alcoba y hagas esas cosas a sus concubinas...

Reptile guardó silencio.

- Quizás no lo sabe aún. ¿Se lo preguntamos? Igual le molesta más que un viejo amigo se distraiga mientras le espera con este yelmo que el hecho de que su mascota, su perrito faldero, sea un pervertido que juega con sus mujeres mientras él no está. No quisiera tanto mal para ti, aun recuerdo lo que le pasó a aquel eunuco que dejó un moretón a su primera favorita... ¿o fuiste tú?

Finalmente la garra se alejó de su cuello. Reiko se levantó tranquilamente y depositó el yelmo en su lugar cuidadosamente.

- Mejor será que lo olvidemos. A nuestro señor le espera un día ajetreado y no conviene inoportunale con este asunto.
- Tramas algo, Reiko... lo sé.
- Lo que tu digas, lacayo.

En ese momento, las puertas se abrieron y la colosal figura del Emperador caminó sobre la inmensa alfombra. Tanto Reiko como Reptile hincaron la rodilla y agacharon la cabeza a la espera de su voz. Shao Kahn pasó ante ellos indiferente y puso su yelmo, luego se sentó en el trono.

- Venís muy pronto- dijo al mirarlos- Reptile, informa.
- Su majestad imperial, mi señor- comenzó de manera aduladora como es habitual- Ha habido extraños conspirando en el patio central...
- ¿Extraños?- preguntó el general.
- Tres para ser exactos, todos ellos encapuchados como monjes de las sombras. Me acerqué a ellos sin que me vieran pero para entonces, uno de ellos entregó algo brillante a otro y este entró en la fortaleza. Los otros dos salieron al exterior... los alcancé pero cuando agarre uno algo brilló en su cuello y todo él ardió ante mí, el otro también... busque al tercero pero solo encontré su manto...
- Hum... un collar que hace arder a su portador, eso me suena a tecnología de Netherrealm- dijo Reiko.
- Puede que el tercero sea vuestro invitado, Quan Chi- sugirió Reptile.
- No- dijo el Emperador, entonces le miró severo- Ya tengo a alguien pendiente de sus movimientos. El tercero es alguien infiltrado en mi palacio. Era a él a quien debiste seguir en primer lugar, estúpida alimaña.
- Os imploro perdón, mi señor- se arrodilló Reptile para regocijo de Reiko.
- Bah, buscaré la forma de sonsacar a Quan Chi sus planes. Debemos andarnos con ojo, Shinnok no puede salir del Netherrealm pero es muy peligroso. Si esos conspiradores no tenían nada que ver podríamos tener problemas con el Infierno y no quiero distracciones en mi campaña con la Tierra- miró de nuevo a Reptile- Tu, gusano, tengo otra tarea para ti. Ve al laboratorio de Shang Tsung y supervisa la creación en la que está trabajando. No me vuelvas a fallar.
- Si, mi amo y majestuoso emperador...

El emperador hizo un gesto con la mano para que se retirase y Reptile volvió a hacerse invisible mientras abandonaba la estancia. Antes de llegar a las puertas oyó que su amo y Reiko iban a dirigirse a la sala de mapas donde ya estaba listo los planos de la Tierra. Logró llegar a oír palabras como “inútil animal” y “patética alimaña” en boca de su señor. No le dolía sus insultos ni su desprecio sino el odio que sentía a si mismo por su fracaso, ahora puede haber un arma de gran poder en sus aposentos y el responsable de que la hayan colado ha sido él. En un momento que nadie miraba ni le oía se hizo un largo corte por su antebrazo con una de sus garras, las escamas se cerrarían con rapidez y no sangraría mucho pero el dolor como auto-castigo si que lo sintió. Y continuó para cumplir con su trabajo.


No tardó mucho en llegar a los pozos de carne de Shang Tsung. Ubicado muy por debajo de los sótanos del palacio bajando por una escaleras de caracol cada vez más húmedas y hediondas conforme se descendía. El olor de la sangre y el miedo le embriagaba, le daban ganas de matar y deseó que Shang Tsung fuera ese conspirador que se le había escapado. Cuando llegó se encontró con una estancia amplia y mal iluminada con el suelo de losas encharcado en sangre y otros fluidos y varios tanques de cristal con cuerpos deformes flotando dentro de ellos. Le llegaba a sus oídos gemidos y lamentos de varias voces femeninas que le recordaban vagamente a Kitana.

Shang Tsung se encontraba en medio de la sala, frente a él, sentada sobre una camilla, había una mujer medio cubierta de vendas como si fuera una momia. Reptile vio que había otras camillas con mujeres deformes y agonizantes, son las que hacían aquellos ruidos. El hechicero le estaba quitando las vendas a la que estaba sentada y en silencio, luego procedió como un médico a un paciente, comprobaba sus articulaciones, la examinaba mirando sus ojos y sus oídos, apuntaba en un pergamino las pulsaciones de su corazón y mucho más. Nada que llamara la atención, hasta que le clavó un cable de cobre en el antebrazo que la conectaría con una extraña escultura donde brillaba una luz verde espectral, sin duda un alma.

- Puedes salir de las sombras, Reptile- dijo Shang Tsung de repente.
- ¿Cómo lo has sabido?
- No me abandonaba la sensación de que me vigilaban y supuse que eras tú. ¿No creerás que lo dije al azar para ver si estabas o no?

Reptile abandonó su camuflaje y se acercó a la mujer de la camilla. El brillo verde pasó por el cable como si fuera energía a su cuerpo y ella vibró como electrizada.

- Ya está- dijo Shang Tsung con orgullo- Mi obra maestra, al fin.

Reptile apartó un poco las vendas de la cara dejando ver sus ojos y su frente.

- Es Kitana...
- Creo que el Emperador prefiere llamarla, Mileena. Me ha costado mucho pero al fin he perfeccionado a la princesa de Outworld.
- ¿Una hermana?
- Por favor... Mileena será hija única. Kitana tiene los días contados tras sus reiteradas desobediencias y fracasos- dijo mientras examinaba su pergamino de datos- Esta será más eficiente y leal.
- El emperador no necesita que creen una hija, él puede engendrar una con sus concubinas o cuando tenga una reina. ¿Que es lo que tramas, hechicero?

Shang Tsung le miró con una ceja enarcada.

- Nunca pensé que diría esto... pero a veces me preocupas, Reptile. ¿Has olvidado la orden que me dio el Emperador? Clonar a Kitana... es más, ¿has olvidado que el Emperador no puede tener hijos?

Reptile guardó silencio, recordando aquellas informaciones.

-Deberías visitar a mis aprendices, son buenos médicos.- continuó el hechicero- No te ofendas pero cada vez, pareces más... animal, no solo en aspecto. Confundes muchas cosas, olvidas otras tantas... supongo que el ser único de tu especie está afectando a tu mente... por no hablar de tu físico.
- No dejaré que me diseccionen como un sapo... buscate otro ejemplar.
- Como quieras- dijo Tsung con indiferencia.
- ¿Que es esa cosa?- interrogó señalando a la luz verde.
- Es una piedra de almas. Y lo que brilla, bueno no quiero abrumarte con el termino científico, digamos que es un trocito del alma de Shao Kahn que me ha dispuesto para dar vida a su hija. No puedo usar sus genes... es decir, su sangre, ya que no puede ser clonado, pero si su alma que llenará el vacío de este clon y lo hará ser más “hija” suya. ¿Lo entiendes?
- ¿Y puedes crearme hijos a mí?

Shang Tsung le sonrió con malicia.

- Puedo hacer copias de ti... pero para cambiarlas y que sean únicas, como “hijos”, debería manipular sus genes posiblemente con resultados como estos- señaló a las cosas que lloriqueaban en las otras camillas- Además serían cuerpos vacíos de alma, habría que darles una o una parte del alma de su padre. Shao Kahn tiene un alma muuuy grande... pero tú, creo que ni tienes alma o si la tienes habría que matarte para conseguirla... ¿estarías dispuesto a sacrificarte por repoblar la desaparecida Zaterra?

Reptile gruñó e hizo como que ignoraba sus burla.

- Bueno, ya que estás aquí- continuó Shang Tsung- supongo que para espiarme ¿puedes ayudarme un poco? No me puedo concentrar con el jaleo que están formando los sujetos fallidos. Mátalas a todas, ya mis siervos las arrojarán a los pantanos.

Reptile no tiene por costumbre obedecer a Shang Tsung en Outworld, menos aún cuando este fracasó en conseguir la victoria definitiva en el Mortal Kombat de la Tierra. Pero las ganas de matar que sentía le empujó a hacerle ese favor. Fue a las camillas una a una, sobre ellas yacían clones de Kitana horriblemente deformes, con miembros enormes o pequeños, cabezas hinchadas y otros desfigurados. A cada una les pasaba su garra por la garganta y las degollaba, estas temblaban con estertores agonizantes mientras la vida huían de ellas con la sangre que llegaba al suelo. Sintió que tenía hambre y a una le vomitó su ácido gástrico sobre la cabeza, estaba chillaba horriblemente y pataleaba en la camilla mientras era digerida. Cuando Shang Tsung protestó, Reptile procedió arrancar su cabeza y tragarsela silenciando al fin el jaleo que formaba.

Fue entonces cuando llegó a la última que le quedaba por matar. Aquella tenía el rostro completo de Kitana, su torso desnudo con sus pechos perfectos y sus caderas... tan solo los brazos y las piernas eran deformes, unos miembros demasiado grandes y pesados que la hacían completamente inútil. Ella le miró aterrada. Para Reptile aquello era el mejor momento del día, uno de los mejores momentos de su vida. Odiaba a Kitana con todo su ser. Durante siglos solo obtuvo de ella, desprecio y humillaciones, a él que tanto se esforzaba por complacerla y adularla como heredera de Shao Kahn. Se inclinó sobre ella y le acarició la barbilla... Kitana o su clon deforme temblaba de miedo, era una recién nacida prácticamente pero sabía muy bien lo que pasaba, sabía que ha pasado con las otras y lo que le aguardaba a ella. De pronto Reptile apretó su mandíbula y la obligó abrir su boca, entonces su lengua larga como un látigo y bífida se introdujo en ella. Pronto esta lengua se ensanchó y empezó a abultar dentro de la garganta del sujeto, y casi le desencajaba la mandíbula. Reptile pinzó su nariz con los dedos de la otra mano para bloquear sus fosas nasales y empezó a ahogarla. La clon, movía su cabeza frenéticamente, trató de levantar sus miembros tan pesados inútilmente. Lloraba de terror mientras gemía ahogada, luchando por una bocanada de aire mientras la lengua hurgaba en el interior de su estomago y hacía bultos en su vientre. Trató de morderla, pero sus dientes planos y pequeños no hacían mella en aquellos músculos. Su rostro se volvió azulado y puso los ojos en blanco... tras un eterno instante dejó de luchar y murió.

- Vaya lengua- dijo la mujer sentada con asombro.

Reptile abandonó su última presa para unirse a Shang Tsung.

- Yo también quiero que me la metas por la boca- continuó Mileena.
- ¿También quieres morir?
- No...- entonces ella apartó las vendas que cubría su boca mostrando la típica dentadura tarkatana, con dientes largos como cuchillos- Solo quiero saborearte.

Shang Tsung negó con la cabeza y continuó con sus exámenes.



El resto del día continuó sin más incidentes. Tras abandonar los pozos de carne, Reptile se dedicó a patrullar los corredores en busca del tercer conspirador sin éxito. Frustrado, fue a la sala de mapas donde Shao Kahn y Reiko debatían sobre la campaña en la Tierra.

-... el país con mayor potencial militar es el que llaman Estados Unidos- informaba Reiko- Son muy duchos en la guerra, llevan tiempo combatiendo en el extranjero pero nunca dentro de su país. Si llevamos la guerra a su casa se sentirán bastante perdidos y no podrán usar todo su potencial de destrucción... ¿Reptile?

Shao Kahn le miró severo y expectante.

- Informa- ordenó aburrido.
- Su majestad imperial, amo de todo Outworld. El hechicero Shang Tsung ha creado a vuestra hija, usando una piedra de almas con un trozo de la vuestra.

Y así Reptile le narró los pormenores de la operación y que se encontraba de cerca de hallar al tercer conspirador. Shao Kahn asintió para si y con un gesto con la mano le ordenó que abandonase la estancia. Reptile se volvió invisible pero no se movió del sitio. Reiko seguía explicando más cosas sobre las naciones humanas y sus debilidades y entonces... al mover unas figuras que representaban una horda de centauros sobre Nueva York, lo vio, el brillo rojizo que los conspiradoras se pasaban entre ellos, en su cinturón. Fue entonces cuando ese objeto salió “volando” del bolsillo mientras Reiko hacía un amago inútil de pillarlo. Reptile apareció con ese objeto en la mano.

- ¡Si! ¡Lo sabia!- siseó triunfante- ¡Tu eras el tercer conspirador!- le acusó señalandole con el objeto.
- Dame eso- ordenó Shao Kahn.

Reptile se lo tendió y tras darselo se puso entre el Emperador y Reiko en posición de combate.

- ¿Puedes explicar esto, general?
- ¡Si!- añadió Reptile- ¡Que excusas tienes, traidor!

Reiko en ningún momento perdió la calma. Tan solo miraba con desprecio a Reptile.

- Traidor... -repitió el general para sí- Menudo idiota- luego miró al Emperador- Su majestad, iba a informaros en algún momento del día en que no sospechara de que nuestro “invitado” Quan Chi nos vigilara. Pero dado que vuestra eficiente... mascota ha echado a perder cualquier intento de discreción os hablaré del plan que tengo con nuestros aliados del Infierno.
- Desde esta cámara nadie puede oírnos, habla.
- Como sabéis, no son pocas las susceptibilidades que ha despertado ese apoyo de Netherrealm por bienvenido que sea. Shinnok es un dios caído que nunca podrá salir del Infierno, pero sus aliados son poderosos, demasiado valiosos para arriesgarlos en una guerra que en principio ni les va ni les viene solo por que Quan Chi quiere almas de los caídos. Es por ello que le solicité el ingreso en la Hermandad de las Sombras, es una facción totalmente desconocida por nuestras tropas y generales, quería estudiarla por dentro, subir de categoría en sus filas y saber realmente cuales son sus planes. Ese objeto es el símbolo que debo mostrar a sus maestros.
- Ya... y tus camaradas ¿por que ardieron?- interrogó Reptile- ¿Por que sino es para que no te delatasen?
- Es simple. Es modo de proceder de los siervos menores de la Hermandad. Como no te conocían y vieron que les atacabas decidieron inmolarse creyendo que eras un enemigo.
- No te creo... tal vez con nuestros torturadores...

- Reptile- llamó el emperador a sus espaldas.
- ¿Si, mi señor?- dijo Reptile con una maliciosa sonrisa en su escamoso rostros- Deme la orden y lo liquidaré aquí mismo.
- ¿Estás seguro de que este es el objeto que viste? -preguntó Shao Kahn.

Reptile lo miró. Era una especie de anillo con un rubí rojo brillante.

- Si, mi señor.
- Hum, es solo una baratija del infierno ¿Por esto casi me ibas a buscar un conflicto con los aliados?- se la lanzó a Reiko quien la cogió al vuelo sin apenas mirarlo, con una sonrisa de suficiencia- Está bien, general, informa a los lugartenientes de la estrategia a seguir y viaja con los lacayos de Quan Chi al Netherrealm. Quiero reportes diarios de tus avances.
- Si, mi señor.- respondió el general.

La escena permaneció congelada así durante unos segundos. Reptile no cambiaba de posición como si no se hubiera enterado de que no había ningún peligro ni conspiración alguna. El Emperador se impacientó.

- ¡Reptile!- le bramó.

Sobresaltado el sicario se arrodilló frente a él.

- ¿Si, su majestad?
- Busca a Skarlet, dile que quiero un informe está noche. Si llega tarde te castigaré a ti. Ahora piérdete de mi vista.

Reptile se volvió invisible y abandonó la estancia. A su salida se alivió de no llegó a oír ningún insulto de su señor, estaba demasiado ocupado con los planes de batalla. Sin embargo mientras recorría los corredores del palacio en busca del engendro de Shao Kahn, algo no le cuadraba de todo lo hablado en aquel salón. Había algo en Reiko que no era del todo cierto, algo, aunque fuera insignificante, lo señalaría como un conspirador al menos ser sospechoso de serlo. Quedó patente lo que dijo Shang Tsung, pues había olvidado ya que encontró a Reiko sentado en el trono con el casco de Shao Kahn en las manos... algo muy sospechoso y que le hubiera servido para que Shao Kahn perdiera la confianza en él.





La bestia se había pasado muchas horas mirando el mural de la pared. En su mente aguardaba algo, un gesto o una orden de aquella figura regente, borrosa e irreconocible por el musgo y los destrozos. Estaba empezando anochecer y la oscuridad pronto engulló aquel mural. La Bestia despertó entonces de aquel trance. No supo que ocurrió ni recordaba nada de aquel sueño en su vigilia ¿Se llamaba Reptile? Pronto olvidó incluso que se planteó esa pregunta. Tan solo sentía hambre, pensaba en caza y comer pero tenía poco tiempo y las presas estaban lejos. Decidió moverse entre las ruinas por si había algún pez, serpiente o roedor con los que llenar la tripa antes de irse a dormir.
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por The Shaolin Nun » Lun, 16 Mar 2015, 08:22

Sorprendente, la verdad me gustó mucho, la parte en donde Reptile cacha a Reiko poniéndose el casco me ha encantado, también cuando asesina a la clon de extremidades deformes, muy buena y brutal escena.

Me gustaría ver más capítulos sobre otros personajes. Excelente historia.
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Error Macross » Mié, 25 Mar 2015, 05:37

Algo sencillo, y si, bastante diferente a cosas que ya has hecho, pero con ese toque de documentacion perfecto, la representacion del Outworld, las personalidades que usas para los personajes utilizados, coincido mucho y por eso me gusta mucho este capitulo. Lo de Reptile como una bestia me recordo a un capitulo que hice con un concepto similar en mi fic batalla de los 6 reinos (no estoy acusando de nada, no se parece en nada, pero la idea de que explotes ese concepto me gusta porque en su momento a mi tambien me parecio algo interesante), y curiosamente en mi fic tambien es Reptile el que sabe que Reiko se pone el casco de Kanh, como que no me acuerdo si eso era algo posta de MK o en su momento lo invente yo, pero si ese es el caso, es re loco que hayamos ido a una idea parecida de la nada (no creo que leas mi fic, XD).
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Evil_Konan » Jue, 26 Mar 2015, 05:23

Bueno, será una coincidencia. Es sabido que Reiko, o por lo menos el monigote suyo del conquest se pone el casco cuando el emperador no está. Es un detalle tonto pero que me hace gracia usarlo en los fics. Y también es sabido que Reptile espiaba a la corte para Shao Kahn, así que si alguien descubre quien se pone el casco es él. Lo de la bestia me baso más en su involución de MKDA, una idea muy interesante pero parece que en la nueva linea temporal la han desechado, una pena por que prefería verlo como medio bestia antes que un clon ninja más. En el siguiente capitulo cuento por encima sus origenes, si coinciden en algo a los tuyos me disculpo.

Espero que este lo disfrutes.
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Evil_Konan » Jue, 26 Mar 2015, 05:24

La Bestia apenas tiene noción del tiempo ni del lugar, solo del hambre. Se arrastró a los exteriores de las ruinas donde habitaba hasta los pantanos sangrientos donde suele encontrar comida con facilidad. Hoy es un buen día, las aguas turbias y rojizas estaban a rebosar de cadáveres hinchados y flotantes, se ve que hubo una lucha reciente o una masacre. La Bestia generalmente es un depredador pero nunca hace ascos a un sustento regalado, la putrefacción nunca ha sido un problema para su aparato digestivo y esos cuerpos están llenos de gusanos y peces que reemplazarán sus propiedades pérdidas. Se zambulló en el agua sangrienta y nado sin temor a los peces ni a los parásitos que no pueden hacer mella a su piel acorazada. Mordió el cuerpo más cercano que tenía y lo llevó a la orilla para digerirla antes de comerla. En cuanto lo depositó en la tierra, se quedó un tiempo parado, algo le venía a su mente tan simple, reconocía al ser que había rescatado del agua... era un tarkatano, mientras los peces agonizaban dando saltitos entre sus entrañas y las moscas y mosquitos zumbaban con furia ensordecedora a su alrededor creyó viajar en el tiempo, a un pasado en que no se arrastraba sobre la Tierra y cuando tenía un nombre...

Kapítulo 2: El Juego de Reptile.

Las gentes de Outworld están más que acostumbrados a la presencia de los tarkatanos en la sociedad, pero también tienen bien aprendida la lección de temerlos cuando marchan con el emblema imperial y más aún cuando es el mismísimo Baraka quien va al frente. No hay nada más peligroso en los caminos que aquella formación irregular de bárbaros mutantes sedientos de sangre, acababan de dejar atrás a un pueblo desolado a quienes ha exigido un tributo en voluntarios, ancianos y enfermos sobretodo a los que no se les volverá a ver jamás. Por el contrario, Reptile se sentía a gusto entre aquellos guerreros, se sentía casi como un igual entre aquellas fieras infernales donde le respetaban más que entre los viles cortesanos del palacio imperial. Era camarada de Baraka desde hacía muchos años, como dos perros que se han criado juntos. Mientras que Reptile era un experto en sigilo y sabotaje, Baraka era la batalla directa y el genocidio indiscriminado, la combinación de ambos aseguró la victoria en incontables guerras... sin embargo ninguno de los dos dudaría en matar al otro si al amo así le placiera.

En aquel día faltaba poco meses para la invasión al Reino de la Tierra y Baraka recibió la orden imperial de reunir a todos los clanes tarkatanos de Outworld y ponerlos bajo su mando. A cada clan que visitaba hablaba con su correspondiente caudillo quien o mostraba su sumisión indiscutible o era obligado a combatir a Baraka en la arena como mandaba la tradición tarkatana. Solucionada como fuera la cuestión una parte del clan viajaba con la horda de Baraka mientras que el resto debía presentarse a los campamentos situados alrededor de la capital para recibir instrucción en las nuevas armas traidas por el Dragón Negro. Reptile tenía el encargo de acompañarlo para los casos en que un clan al completo se rebelara, habían visitado a diez tribus, siete de ellas no presentaron problemas pero eran muy cercano al de Baraka, algunos liderados por familiares suyos. La octava que visitaron fue completamente masacrada por la novena tribu que tampoco se resistió a la demanda imperial, todo por una disputa terrenal bastante banal. El caudillo de la décima tribu si que retó a Baraka, era un tarkato gordo y enorme, muy confiado en su fuerza pero no fue rival para Baraka. Su cabeza ahora cuelga del estandarte de Baraka, junto con otras que ya son calaveras o cabezas resecas y ennegrecidas, que era portado por un esclavo shokan al que le amputaron tres de sus cuatro brazos.

- No lo vuelvas hacer, escamoso- ordenó Baraka.
- ¿El que?- preguntó Reptile.

Ambos montaban en monstruosas monturas, una especie de toro-jabalí con cuatro cuernos y otros tantos colmillos bajo Baraka y un velociraptor emplumado para Reptile. Le seguían cientos de tarkatanos y varias docenas de esclavos encadenados.

- Intervenir en un duelo tarkatano. Nadie te ha visto agarrar y herir a mi rival pero yo te he olido... no necesito tu ayuda para esto.
- Oh ¿y perderme la diversión?
- ¿Lo haces para provocarme? Un día de estos me haré una capa con tu piel.
- Cumplía con mi deber, tarkatano. De nada sirve tantas hordas de tu raza sin tu liderazgo, la voluntad del Emperador está sobre todo lo demás. Incluido las tradiciones tarkatanas.
- Puedes seguir cumpliendo con tu deber con un brazo menos, dicen los ancianos que a los de tu raza les vuelven a crecer las extremidades cortadas... y como eso sea cierto me pasaré una temporada coleccionando tus brazos y piernas.
- Las tuyas si que no volverán a crecer, no sería la primera vez que desayuno un tarkatano fuerte- respondió Reptile sonriendo tras su máscara- ¿Qué más dicen tus ancianos de mi gente?
- Viejas historias que contaron mis abuelos y que yo cuento a mis hijos... la invasión de Zaterra fue la primera en que participó mi raza.
- Os habrá dado una guerra memorable... un ejército de mi especie debe ser más formidable que los shokan.
- Tal vez, si no fueran tan estúpidos de asegurar su extinción.
- ¿Qué quieres decir?- inquirió Reptile ofendido.

Baraka le miró risueño, o lo que parece una sonrisa que aquella mandíbula desproporcionada.

- ¿Acaso no lees la historia de los tuyos? ¿O ya se te ha olvidado? Zaterra fue fácil de invadir por que toda ella estaba sumida en una guerra civil antes de que llegáramos. Estaban las castas de los reyes sacerdotes por un lado, quienes hinchaban a los dioses de la carne de tantos sacrificios en sus altares y se corrían sus juergas privadas mientras su guardia mantenía raya a las tribus menores...quienes por otra parte hicieron alianza y combatían a sus señores. Ninguno de los dos bandos prestó atención a las advertencias de Shao Kahn, no le creyeron capaz de atravesar su mundo y no se unieron contra nosotros, nos combatían por separado y se combatían entre ellos, condenaron su mundo. Eran idiotas...
- Por eso Shao Kahn los exterminó a todos.
- No, los que se rindieron vivieron un tiempo. Le regalaron al amo el huevo de donde naciste, hijo de reyes sacerdotes. Las enfermedades desconocidas de Outworld aniquiló al resto pero tu eras inmune. ¿Cómo demonios es que no lo recuerdas?
- Lo recuerdo bien- aseguró Reptile hoscamente.
- De acuerdo.
- Mi especie volverá, fieles a Shao Kahn, a mí como su rey general.
- Espero que si os pone a prueba en una batalla sea contra mi clan, así tendré mi capa de escamas.
- No tendríais ninguna posibilidad.

Baraka río con ganas, luego vio que el anochecer se acercaba y desmontó. Estaban cerca de los lindes del Bosque Viviente. Ordenó el alto y que se montara un campamento para esa noche. Había mucho que hacer, los prisioneros prontos iban a ser maniatados a los árboles y usados de dianas para los principiantes en las armas de fuego. Baraka los instruiría personalmente, aprendió mucho y bien de Kano y era un tirador de primera. Aunque poco paciente como instructor, Kano daba palizas a los torpes que se volvían con el arma para preguntar o disparaban sin querer fuera del campo de tiro, Baraka directamente los decapita y Reptile ya prevé que aquella noche iban a rodar unas cuantas cabezas. Antes de todo aquello, Baraka llevó a Reptile al exterior del campamento donde les esperaba un grupo de tarkatanos con tres prisioneros arrodillados.

- Hay que seguir con nuestra tradición, escamoso.

Reptile sonrió complacido, aquel era uno de sus juegos favoritos.
- Mis suboficiales y yo nos hemos apostado un buen cacho de nuestro jornal por estas piezas.

Reptile los examinó uno a uno. El primero era un hombre alto y delgado, de piernas largas y complexión de corredor, probablemente por su indumentaria sea un pastor o un mensajero rural. Mientras ladeaba su cabeza y tanteaba sus músculos el hombre gimoteaba aterrado, no era capaz de mirar a los ojos dorados de aquella criatura única y terrible. De pronto le llegó un olor acre y vio que se había orinado encima. El segundo era un hombre más bajo que el primero pero más pesado y corpulento y algo más mayor con una densa barba sucia, tenía unos brazos gruesos y estaban sucios de cenizas y con algunas cicatrices de viejas quemaduras, era sin duda un herrero, muy fuerte y hosco. Este le miraba con asco desafiante, como a una alimaña que si pudiera pisaría. La tercera era una niña delgaducha, Reptile se giró a Baraka con expresión interrogante.

- Le clavó una horca en el muslo a uno de mis soldados... los tiene bien puestos la granjera esta.

Se encogió de hombros. Pese a su apariencia parece ágil y vivaz, olía su miedo pero no era a él a quien temía, sino que miraba a los otros aldeanos que estaban siendo atados a los árboles. Temía por ellos.

- Conforme- dijo Reptile.
- Tres piezas, cada uno de una aldea distinta. Algunos de mis mandos te admiran y apuestan a que no se te escapará ninguna, yo creo que el llorica correrá mucho y lo perderás de vista. Bueno, tengo trabajo que hacer si no estás aquí al amanecer estaremos en la siguiente tribu.

Baraka y los tarkatanos se despidieron y regresaron al campamento. Reptile en cambio ordenó a los aldeanos que se levantaran y fueran al bosque viviente. Caminaron un buen trecho hasta que el zaterrano ordenó que pararan. Sacó una daga hecha de hueso de atormentador y cortó sus ataduras. Cuando estos se volvieron, Reptile era invisible pero sabían por demás que estaba allí, conocían de oídas la existencia de aquella criatura.

- Bien- siseó Reptile- Al oeste de aquí ya sabéis que están los tarkatanos y sabéis que no sirve de nada volver a ellos, os matarían y si queréis salvar a los vuestros también os matarían... solo os queda atravesar el Bosque Viviente... no temáis por los árboles, en esta época del año duermen profundamente... vuestra preocupación debería ser yo. Este es mi juego... os daré una hora de ventaja, no me moveré de aquí. Huid, escondeos, haceros fuertes en algún rincón o haceros armas con lo que os encontréis, me da igual. Dentro de una hora iré a por vosotros y os mataré uno a uno, a aquellos que me hagan una cacería interesante les daré una muerte rápida... si salís del bosque viviréis, si me matáis viviréis... no hay mucho más que decir... el tiempo empieza a contar ya.

- Dioses... esto no puede ser verdad- sollozó el de las piernas largas- ¡Pago mis impuestos!
- No te quedes ahí ¡Vamos, corre!- le apremió el herrero mientras cogía la mano de la muchacha.

Los tres desaparecieron en la maleza y Reptile se quedó solo esperando el momento de cazar. Al cabo de unos minutos escuchó los atronadores disparos de las armas humanas que probaban los tarkatanos con los demás prisioneros. Odiaba aquel ruido y a aquella forma de matar, tan fácil y distante, tan carente de mérito y placer, supuso que Baraka tampoco lo encontraba especialmente divertido, pero a Shao Kahn le gustaba y Kano sabía vender su producto. Pensó para sí que podrían hacer un ejército humano con toda su tecnología contra un enemigo invisible y silencioso. Una legión zaterrana al que nunca se les vería venir y siempre sería tarde para lograr un contraataque efectivo. Supo que la guerra que está en ciernes era su oportunidad de oro para convencer a Shao Kahn, su amo, su emperador y hasta su dios, de recuperar a su raza. Su valía en combate y éxito de su misiones deberían ser pretextos suficientes. Pensó en ello cuando vio a un grupo de tarkatanos gritando furiosos y corriendo hacía el bosque con sus cuchillas desenvainadas de su carne. O habían visto a un espia o uno de los prisioneros se había escapado... le fue indiferente, vio por las estrellas que la hora ya ha concluido... era el momento de cazar.

El rastro que dejaban no era difícil seguir para un consumado cazador. Al poco rato de seguir sus huellas vio que habían permanecido juntos durante un buen trecho pero en un momento de descanso parece que hubo violencia, había un diente y algo de sangre entre unas raíces. Luego las huellas se separaron, las grandes y pesadas del herrero junto con las pequeñas y apenas notables de la niña delgaducha iban al este. En cambio el de las piernas largas que iba descalzo tiraban hacía el norte, muy astuto por allá hay menos extensión de bosque y ni se habrá molestado en avisar a los otros. Recordando que Baraka había apostado por este pastor o mensajero decidió que seria el primero en matar para fastidiarle.

Trepó a un árbol y saltó de un tronco a otro, corrió de una rama a otra con la agilidad de un simio, no tardó en percibir el olor a orina y apresuró el paso aunque en silencio. Casi había caído la noche y el bosque estaba en penumbra pero pronto sus sentidos heredados de los ofidios le hizo detectar a su presa por su calor corporal, era como un pequeño resplandor rojo en la oscuridad que se iba a haciendo más grande conforme se acercaba y comenzaba a adquirir su silueta humana. El hombre había recorrido un buen trecho, quizás no lo sabe pero estaba muy cerca del límite del bosque si no se hubiera detenido a recuperar aliento lo habría conseguido. Reptile estaba por encima de él, se dejó a caer al suelo y aunque solo sonó un murmullo de las hojas muertas al ser aplastadas, puso en alerta al corredor.

- ¡¿Quien va?! ¿Eres tu No Ga?
- ¿Quien crees que es?- respondió Reptile abandonando su camuflaje.

El pastor dio un traspiés y cayó de culo.

- ¡¡Dioses misericordiosos!!
- Son los más inmisericordes del mundo... ahora lucha por tu vida.

Pero en lugar de levantarse se puso de rodillas y gateó frenético y suplicante a los pies de Reptile. Lloraba como un niño castigado por sus padres.

- ¡Aguardad, mi señor! ¡Tengo algo que ofreceros!
- Habla.
- Mi aldea... cu...cuando vienen a reclutar jóvenes... los esconden... puedo enseñarte el escondite... y quienes de mis... vecinos lo hacen... yo soy fiel a... al Emperador...

Reptile posó una mano en la cabeza, acariciándolo como a un buen perro y luego le agarró suavemente de la barbilla para que alzará su rostro.

- Déjame adivinar- le dijo- Los escondéis en el matadero, en un sótano secreto, empapados de sangre de vuestras bestias para despistar al olfato de los tarkatanos. Lo sé, por que lo he visto aunque vosotros a mí no. Cuando me encarguen de reclutar soldados será el primer lugar que visitaré.
- Son... son...unos traidores...- dijo el pastor con simulado tono cómplice.
- Y tú una decepción- dijo Reptile.

Y le escupió en la cara.




No Ga el herrero supo que el tal Jun había caído en cuanto escuchó a los árboles reír en la lejanía. La mayoría estaban dormidos pero siempre los despertaba el olor de la sangre. En el fondo lo lamentó pese a lo canalla que fue aquel cartero, supo que solo lo dominaba el miedo pero había pasado unos límites que No Ga no pudo tolerar. Ofrecer a la muchacha como carnaza para entretener a su perseguidor, la sola idea le daba nauseas y le propinó un derechazo en la mandíbula... estuvo por dejarlo ahí inconsciente para que fuera él la carnaza pero se apiadó, lo espabiló y le dijo que siguiera corriendo. Jun se deshizo de él y decidió correr a su ritmo hacía otra parte, era muy rápido y tenía buena orientación, tal vez se salvaría pero lo dudaba. No Ga en cambio apenas salía del pueblo y cuando lo hacía siempre era a las aldeas vecinas, el Bosque Viviente aunque conocido de oídas era un completo misterio para él.

Se había hecho un garrote improvisado con una rama rota, estaba acostumbrado a manejar herramientas pesadas en su oficio y se sentía cómodo con aquella arma aunque dudaba que pudiera ser lo bastante rápido como para alcanzar a Reptile. La chica en cambio solo cogió unas cuantas piedras. La instaba a correr con él y ella demostró ser tan ágil y rápida como una gata, dejándolo atrás cada dos por tres. No Ga se dio cuenta de que era él quien la retrasaba pues a cada rato se detenía a esperarle, no quería estar sola y él quería estar con ella y protegerla pero sabía que la mejor forma de salvarla era obligarla a dejarle atrás, él sería en todo caso la carnaza. Estuvo a punto de decirlo cuando vio que el camino se hacía intransitable por una vasta zona de arbustos y enredaderas espinosas. Comenzaron a rodear la zona pero él descubrió una apertura en lo que era prácticamente una pared de espinas.

- Mira por ahí ¿qué ves?

La chica miró.

- Parece un camino.
- Metete ahí entonces y síguelo.
- Pero tú no cabes...
- Ni él tampoco. Por ahí no te seguirá y no sabrá por donde sales.
- Pero tú...
- Pero yo nada. Voy a combatir a la bestia y no puedo estar pendiente de ti.
- Puedo ayudar...
- En esto no. Quiero que te metas ahí y te escondas hasta el amanecer. Él se rendirá y tendrá que volver con los suyos. Cuando salga el sol vete al oeste hasta salir de este infierno y luego ve al norte hasta que reconozcas los caminos. No comas nada de lo que hay aquí y no despiertes a los árboles.
- No... no puedo dejarte...
- Hazlo, por favor. Si consigo vencerle te llamaré.

Le costó un tiempo valioso convencerla. Pero al final cedió, la chica gateó bajo las ramas enredadas de los espinos ignorando los pequeños pinchazos y los tirones de su cabellera hasta que desapareció en la oscuridad de las entrañas de aquel bosque. No Ga se levantó y respiró hondo. No era un guerrero, no tenía posibilidades de sobrevivir a aquella criatura pero si tan solo logrará golpearlo con la fuerza con la que golpeaba el hierro podría lesionarlo con suerte. Se conformaba con eso, si, lo golpearía y luego huiría, si los dioses quieren no podrá seguirle a ninguna parte, ni a ella. Y si no lo consiguiese no le importaba morir, al menos así quizás se reuniría con su hijo, reclutado por los legionarios de Shao Kahn y asesinado en el entrenamiento por su innata desobediencia...estaba tan orgulloso...

Lo aguardó durante un rato en medio de la oscuridad. La luna de Outworld salió entonces y su pálida luz y le hacía más visible su entorno. Habia elegido un claro bastante amplio del bosque a modo de arena, Reptile no contaría con la ventaja de los árboles... como si lo necesitara. Entonces algo se movió entre los árboles. Lo percibió por el rabillo del ojo, en guardia fue hacía allá en silencio, apoyando la espalda sobre un tronco. Escuchaba pasos cada vez más cercanos. Supo que iba a aparecer pasando frente al tronco donde se ocultaba. En cuanto los pasos estuvo a un metro salió, gritó y golpeó con todas sus fuerzas.

El cuerpo cayó en las sombras con el sonido inconfundible de un cráneo roto. Iba a volver a golpearlo pero entonces vio los pies que salían a la zona iluminada del claro. No era el pie verde y con garras de Reptile. Lo agarró y lo arrastró a la luz.

- ¿Jun...?

El cuerpo no respondió, tan solo daba espasmos nerviosos. No Ga vio que no tenía brazos, fueron arrancados de sus hombros y sus muñones fueron cauterizados con el ácido de Reptile... su rostro estaba como derretido, con la boca sellada con una especie de baba solidificada. Le llegaba el olor de Reptile en alguna parte lo buscó con la vista pero no sirvió de nada.

- ¡Sal, asqueroso lagarto!- gritó furioso- ¡Voy a romper tu cabeza!
- Interesante- le oyó a sus espaldas.




La niña detuvo su largo gatear bajo las espinas cuando oyó el desafío de No Ga.

- No lo hagas...- susurró atemorizada y permaneció a la escucha.

Hubo un rato largo de silencio, luego el eco de unos golpes, como alguien que golpeaba con un palo a los árboles. Luego más silencio. Finalmente, una grotesca carcajada y luego llegaron los gritos. Gritos de No Ga sufriendo un dolor espantoso. Quiso volverse y salir gateando de allí en su ayuda pero los gritos cesaron de golpe. Había terminado.

Ella lloró. Y pasado un rato siguió gateando. Aquel estrecho pasadizo de espinas llegó a su final con una zona amplia y encharcada, estuvo tentada a beber del agua pero recordó el consejo de No Ga y se abstuvo. Permaneció en aquel túnel, era un buen escondrijo y vigiló las charcas. Reptile no podría pasar por ahí sin alterar el agua que reflejaba a la enorme y siniestra luna. Pasó bastante tiempo y casi se quedó dormida. Fue entonces cuando la charca estalló como si alguien arrojara un cuerpo enorme. Se tapó la boca para reprimir un grito. Podía ver las piernas transparantes de Reptile. Este abandonó el camuflaje revelando que tenía las cabezas de No Ga sin ojos y la que parece ser la de Jun aunque desfigurada colgando del cinturón. Reptile soltó las cabezas justo enfrente de la salida de los espinos.

- Sé que estás cerca... puedo olerte.

La chica miró un poco al exterior y vio que Reptile estaba de espaldas a ella, buscándola. Se arrastró atrás temblorosa ¿Cuanto tardaría en percatarse de aquel escondrijo? Ella se planteó dar marcha atrás y volver por donde entró, pero tenía miedo de las ramitas que crujieran a su paso y sabía que si la delataban Reptile la sacaría de allí. Entonces miró las cabezas de sus compañeros caídos, habían muerto por ella, para salvarla. Solo conocía al cartero de haberlo visto pasar por su aldea, al otro no pero deseó haberlo hecho antes para traerle regalos. El miedo pasó a ser ira y odio a su perseguidor, pero no se lanzó contra él como hizo con el tarkatano que quería violar a su amiga. Supo que hacerlo sin matarlo era morir inútilmente. Entonces buscó algo que le sirviese de arma y vio que una de las ramas espinosas no estaba tan enredada con las demás.

Reptile se estaba impacientando. Sabía que la chica estaba muy cerca, la olía pero no la encontraba por ninguna parte, su calor y su miedo debían delatarla en la penumbra. Pensó que igual se tumbó en el agua de las charcas que le llegaba casi hasta las rodillas pero no podría contener tanto la respiración. Lograba oir rugidos tarkatanos en la lejanía... sin duda los que abandonaron el campamento en busca de alguien que también estaba en los bosques. Pero los ignoró... fue entonces cuando oyó un golpe y miró a esa dirección siseando como una serpiente. Reconoció el ruido como una piedra chocando contra un tronco... era ella, quería despistarlo para huir por otro lado. Miró a su alrededor y no la encontraba. Fue entonces cuando la escuchó rugiendo a sus espaldas, era demasiado tarde para volverse, la niña saltó sobre él y se montó sobre sus hombros. Entonces notó que algo hizo nudo entorno a su cuello y se estrecho con fuerza. No solo eso, sino que aquella cosa tenía largas espinas que atravesaron sus escamas. Reptile se quedaba sin aire y notaba como las espinas hurgaban en su garganta. La chica había hecho un lazo una de las hiedras espinosas y lo estaba estrangulando, notaba sus pies clavándose sobre sus espaldas mientras ella tiraba con todas sus fuerzas. Trató de agarrarla pero era imposible, daba pasos errantes de un lado a otro de la charca y se dio un golpe en la cabeza con un tronco. Notaba su cuello húmedo de sangre verde.

- ¡Muere!- gritaba la niña.

Entonces sacó su daga de hueso y cortó la hiedra espinosa o lo que fuera haciendo que la niña cayera al charco. Se volvió mientras ella se incorporaba y la pateo tan fuerte que la hizo volar contra un árbol.

- Pequeña zorra...

Reptile se palpó el cuello examinado sus heridas y recuperando el aliento. Sacó una espina que no le dejaba respirar sin sentir pinchazos y escupió sangre. Luego caminó hacía la pequeña guerrera, esta corrió hacia él gritando con furia mientras trataba de dar un latigazo con lo que le quedaba de su improvisada arma. Él la detuvo con un puñetazo en el estomago que la hizo arrodillarse. Esperó a que recuperara la respiración y la cogió de los pelos y la levantó del suelo para poner su rostro a la altura del suyo. Ella chillaba de dolor y pataleaba en el aire.

- ¿Es todo lo que tienes? Entonces mira esto.

La chica miró y vio que Reptile apuntaba dos dedos hacía sus ojos, sabía que iba a hacer lo mismo con No Ga, pero reaccionó rápido. Sus manos dejaron de intentar que Reptile la soltara y agarraron cada una uno de los dedos amenazadores de la otra mano de Reptile y los separó con todas sus fuerzas oyendose un chasquido. Reptile chilló sorprendido por el ataque pero no la soltó aunque al encogerse del dolor la depositó en el suelo. Ella puso un pie en Reptile y empujó mientras tiraba de su cabeza para deshacerse del agarre, lo consiguió dejándose varios mechones de pelo en la mano escamosa y echó a correr. Reptile la dejó huir por el momento mientras se recolocaba los dedos dislocados.

Se lo estaba pasando en grande, la presa era bastante peleona. El primero era un cobarde que se ofreció como un cordero al sacrificio, el herrero luchó pero era tan lento y torpe como un niño obeso pero ella, ha nacido para luchar. Casi estaba por dejarla irse para que creciera y fuera una presa más fuerte y jugosa, pero tenía una reputación que mantener. Fue a por ella, por un momento no la veía hasta que unas hojas cayeron ante sus ojos, al mirar arriba la descubrió trepando por un árbol enorme.

- Bien, ahora quieres ser una ardilla...

Reptile trepó tras ella. Los árboles era inmensos y aunque hubiera bastante espacio entre ellos todos estaban unidos por las ramas como si fuera un segundo suelo. La persecución continuaría allí. Ella miró abajo y vio que la perseguía, le tiró las piedras que le quedaban en sus harapos pero Reptile las esquivaba con facilidad mientras ascendía. Ella ya había llegado a la cima y algo hacía que las hojas caían de donde estaban. Quizás busca un nuevo escondite... pues lo llevaba claro. Reptile logró coronar el árbol también y la encontró agazapada esperándole, fue entonces cuando se fijó que tenía en las manos. Una rama del árbol doblada por ella con gran esfuerzo, en cuando la soltó esta salió disparada al rostro de Reptile con la velocidad de un latigazo. El impacto le alcanzó y lo hizo caer entre los árboles. Chocó contra varios troncos y ramas y finalmente sus piernas se enredaron en unas lianas y quedó colgando bocaabajo, inconsciente.


Cuando despertó era ya de día. Notó dolores por todo el cuerpo de la caída anterior. Cortó las lianas con sus garras y cayó de pie sobre la charca. Supo que su presa había escapado y que Baraka ya se habría encaminado a la siguiente tribu para reclutarla. Debía partir ya. Recogió las cabezas de sus piezas cazadas y miró a su alrededor en busca de algún rastro de la pequeña. Nada. Ya volvería a buscarla en su aldea algún día.





La chica vagó somnolienta por el bosque e hizo un alto por el camino. Era poco probable que Reptile continuara buscándola y decidió tratar de dormir al resguardo de un árbol dormido. Entonces oyó unos pasos. Y trató de buscar un escondrijo pero era ya demasiado tarde.

- ¡¿Donde estás?!- gritó una voz.

Se le heló la sangre. No era Reptile, era la voz de un tarkatano. Este apareció y la descubrió, era uno de los soldados de Baraka que tenía el rostro lleno de moratones. Al verla sacó sus cuchillas y rugió demente pero entonces una figura inmensa apareció de la nada a sus espaldas, unas manos gruesas y velludas agarraron su cabeza y la giró rompiendo el cuello.

- ¿No Ga?- preguntó incredula.
- Me temo que no, pequeña...- dijo una voz afable.

El hombro era muy corpulento y fuerte, vestía como un viajero y su poblada barba negra olía a sake.

- Quise ayudaros ahí dentro pero la banda de este indeseable me lo hacía imposible. Este era el último...

La chica se encogió desconfiada.

- No temas. He venido a ayudarte. Seguí a Baraka desde antes de que entrara a tu aldea... buscaba una oportunidad de crear caos en su campamento y poder liberar a sus rehenes. Me avergüenza decir que he fallado en mi misión... al menos puedo llevarte a casa. ¿Tienes hambre?

Ella asintió y él sacó un trozo de pan que ella devoró con ansias.

- He visto como te apañaste con Reptile. Admirable... me llamo Bo Rai Cho... soy un maestro de Mortal Kombat, tal vez te interese ser mi alumna ¿Cómo te llamas?

Ella tragó lo que quedaba del pan.

- Li Mei.




La Bestia terminó de zamparse varios cadáveres putrefactos. Notaba en su estomago como los voraces peces que estaban en las entrañas de su comida luchaban por salir de allí mientras agonizaban por los ácidos gástricos. Quedaban más cadáveres flotando en las aguas sangrientas. Muchos, tendría comida para varios días pero una idea le asaltó a la mente. Lo aburrido que era conseguirla así. Deseaba cazar, buscar una pieza interesante... pero la desechó enseguida, estaba ya muy lleno y era hora de volver a su madriguera. Tal vez otro día visitará una de esas aldeas que por alguna razón deseaba irrumpir y buscar a alguien.
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Error Macross
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Error Macross » Lun, 30 Mar 2015, 15:44

Que final inesperado.

El primer capitulo me habia gustado y este tambien, lo que tienen es que de momento por aqui no intentas dejar un mensaje ni mostrar una gran historia, solo son cachitos que dan pantallazos al Outworld desde el punto de vista de Reptile. Es como un extra del DVD de alguna otra historia tuya. Me gustan porque aunque son cosas minimas, sirven para mostrar de una manera que me encanta las personalidades de los personajes, tradiciones, cultura y demas del Outworld, eso es algo que me gusta mucho y que pocas personas hacen. Y de paso cosas como el final de este capitulo que sirven para meterse en la historia de MK.

Me parecio curioso que cambiaras lo de que Reptile sepa la verdadera razon de la muerte de su raza, igual si es verdad que era algo medio raro que no tuviera idea alguna.
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Evil_Konan » Lun, 30 Mar 2015, 22:39

No era extraño que hubiera intrusos en el territorio de La Bestia. Cada cierto tiempo alguien se atrevía a desafiar su autoridad, a veces un ladrón que quiere saquear las ruinas donde tiene su morada, otras veces un cazador que se ha desviado mucho persiguiendo una presa y, pocas veces, un héroe o un aspirante a serlo que viene a sus dominios para hacerse un nombre en el reino con su cabeza de trofeo. Todos ellos sufrieron una muerte horrible al ser digeridos vivos antes de ser engullidos por el rey indiscutible de aquellos pantanos. Lo que era extraño era que un intruso no despertara su sed de sangre nada más ser localizado. La Bestia miraba a lo alto de una atalaya aún en pie, estrangulada por las hiedras y verde por el musgo, y veía gracias a sus sentidos de serpiente una figura humanoide que le devolvía la mirada desde lo alto. Con otros que lograban situarse allí no encontraban ninguna ventaja contra la Bestia pues era capaz de trepar y lanzar su lengua para atraparlos, o escupir su veneno desde el suelo. Pero aquel extraño no le despertaba ese instinto asesino, apenas lo podía ver pues su sangre no era mucho más caliente que la piedra de la atalaya. Había cierta familiaridad, aquello hacía sentimiento de soledad y abandono lo invadiera aunque no supiera que significaba y recordó el día que más sintió aquello…


Kapitulo 3: La Última Misión.

La gran ciudad humana ardía y agonizaba tras varias semanas de lucha entre dos mundos. Reptile agradecía el calor de las llamas como un lagarto agradece la luz del sol para calentar su sangre. Disfrutaba brevemente de las vistas desde la ventana de aquel edificio desolado mientras aguardaba la reunión que tenía con la carcelera fracasada de los shokan. Su compañera Jade estaba lo más lejos que podía de él en la misma habitación, esperando paciente con los brazos cruzados. Reptile la miró de reojo, se complacía con ver a la edeniana tan poco dicharachera en aquellos días que estaban juntos en la misión de Shao Kahn. Cuanto le debe doler cumplir con aquella orden, matar a su protegida, su amiga intima, su hermana, su princesa y muchas cosas más que era Kitana. Reptile las odiaba a ambas, Kitana siempre fue pomposa y cruel con él y Jade como amiga suya la jaloneaba en sus insultos, desprecios y humillaciones. Ahora tenía la misión de matar a la traidora de Outworld y barajaba si disfrutaría más haciéndolo con sus propias manos o dejar que sea Jade quien la mate. En cualquier caso, quería tener el mérito ante los ojos de Shao Kahn. Con la cabeza de Kitana en sus manos, al fin podrá convencerle de la eficacia de los zaterranos y permitir que Shang Tsung y sus siervos regeneren a su especie. Reptile tendría su propio clan, su propia familia y su propia gente a la que gobernar al servicio de su amo y dios… y para ello tal vez eliminaría a Jade con las armas de Kitana. Pero tiempo al tiempo… aún debían alcanzarla.

Sheeva apareció entonces caminando con una vasta muleta, acompañada de sus médicos shokan. Tres de sus cuatro brazos estaban rotos tras el combate contra el monje shaolin y fueron vendados de forma rudimentaria mientras los huesos se le soldaban, se curaría al cabo de unas horas… en cambio el orgullo tardaría mucho más en sanarse. También tenía cortes cosidos con hilachos, fruto de los abanicos letales de Kitana. Reptile siempre había respetado a Sheeva y a los shokan pero ese sentimiento nunca fue mutuo y ahora agradecía el uso de una máscara para ocultar su sonrisa.

- Jade, Reptile- dijo la shokan.
- Saludos lady Sheeva- dijo Jade- ¿Confirmas que el ataque fue orquestado por Kitana?
- Si, la traidora edenia y su aliado humano asaltaron el complejo shokan.
- ¿Solo dos?- siseó Reptile incrédulo- ¿Esta es la fuerza de los shokan?

Sheeva miró con desprecio a Reptile, para ella era como un niño molesto que estuviera chillando para llamar su atención mientras charlaba de cosas importantes con alguien mayor. Lo ignoró como al perrito faldero de su majestad que era y siguió hablando con la edeniana aunque tampoco era que le cayera mucho mejor.

- Un comando humano atacó las puertas del complejo, se llevaron la atención de todos mis shokan y yo me quedé sola con la emperatriz. Ellos aparecieron y nos combatieron a ambas.
- ¡Excusas!- bramó Reptile.
- ¿Qué pasó entonces?- Preguntó Jade ignorando a su compañero.
- La traidora usó un hechizo para noquear a su madre y ayudó al shaolin a derrotarme. Me cortó en la espalda y en la pierna y el humano me rompió los brazos.
- ¡Di la verdad!- intervino de nuevo Reptile- Te rendiste y ofreciste a la Reina.
- ¡¿Pones en duda mis palabras, gusano?!

Aun lesionada y rota, Sheeva era muy peligrosa, hasta los otros shokan, mucho más altos que ella, se apartaron.

- ¿Por qué no te mataron, entonces?- siseó Reptile con tono acusador.
- Por qué Kitana no lo quiso.
- ¡Calmaos los dos!- pidió Jade- Reptile, no ayudas nada.
- ¡Bah!- este se dio la vuelta y se cruzó de brazos dando la espalda a las féminas.
- Sheeva ¿Qué dijo Kitana?
- Cuando Liu Kang iba a rematarme ella le pidió que no lo hiciera… dijo que yo solo había sido engañada… como ella.

Jade parecía digerir aquellas palabras largo rato. Era como si fuera un mensaje para ella más que para la mujer shokan. Hasta la propia Sheeva parecía sopesar aquellas palabras como ciertas. No podía culparla, Shao Kahn había roto muchos promesas y compromisos con el pueblo de Kuatan solo por los fracasos de su príncipe Goro. Y ni siquiera eran fracasos, eran derrotas a manos de un rival formidable, en otros tiempos los shokan se sentirían orgullosos y tendrían respeto con aquellos enemigos que los hubieran derrotado de forma tan digna y honorable. Sheeva representaba esa parte de los shokan, no estaba tan corrupta como Goro y el trato que le daban Shao Kahn y siervos como Reptile era todo menos justo… ya por no hablar de la preferencia y el favoritismo que ahora gozan sus enemigos naturales, los centauros.

- Esto no conduce a ninguna parte… no hay ninguna pista.
- Eres estúpido, lagarto- sentenció Sheeva- Los humanos que atacaron las puertas del complejo los lideraba Stryker… estaban cooperando con Kitana y Liu Kang… algunos sobrevivieron a la respuesta shokan y huyeron llevándose a sus heridos. Si seguís su rastro… es posible que deis con ella.
- Gracias, Sheeva- dijo Jade.
- Suerte con tu cita con el Emperador- dijo Reptile con malicia.

Reptile sabía lo que la aguardaba. Sheeva no era una pieza tan importante para Shao Kahn como lo era Shang Tsung, ya tenía otros mandos shokan para reemplazarla, y últimamente no se mostraba piadoso con los fracasos. Mucho menos en tiempos de guerra. Con los fracasos de sus camaradas más se acentuaría su éxito en su misión y aquella sensación lo espoleaba a seguir adelante con ansia e impaciencia.

La pareja de ninjas con vestimentas verdes fueron a la calle donde se produjo el tiroteo orquestado por Stryker y siguieron las marcas de los neumáticos de sus vehículos así como el olor de la sangre de los heridos. Recorrieron media Nueva York así hasta dar con un improvisado cuartel humano en una estación de metro. Lo estaban deshaciendo para irse por los túneles y levantarlo en otra estación, de esta forma nunca era encontrado por sus enemigos. Jade era muy sigilosa y discreta como para poder espiar a los humanos pero no gozaba del talento de Reptile para ser invisible. Este se movió por el campamento en busca de Stryker y lo siguió muy de cerca. El policía humano daba instrucciones a sus subordinados sobre cambiar la ubicación de los refugios a otras zonas, habría sido interesante memorizarlas para entregarlas a los tarkatanos y que los arrasara, pero su misión era otra. Al cabo de una hora, Stryker se subió a uno de aquellos vagones en solitario y partió hacía otra parte. Reptile se montó con él, mientras que Jade se subió al techo. El viaje no tardó mucho, recorrieron varias estaciones a oscuras antes de llegar al destino. El policía sospechaba que le seguían pero al rato lo achacaba a sus nervios.

Y al fin, les había llevado hasta Kitana. Ella y los demás elegidos de las fuerzas de la luz, tenían su cuartel general en una iglesia desalojada. Estaba rodeaba de muchos guerreros poderosos. Liu Kang, Kung Lao, los agentes de las fuerzas especiales Sonya y Jax, los desertores del Lin Kuei Sub-Zero y un Smoke convertido en cyborg y Kabal de los Dragones Negros… habían perdido a Johnny Cage. Y Raiden estaba compareciendo ante los Dioses Ancianos. Reptile no tuvo ningún problema en pasar desapercibido entre las sombras del templo, Jade debía ser mucho más cautelosa pero no decepcionó, ambos llegaron a un corredor desde donde podían espiar la cámara donde se hallaba Kitana. No atacaron por que no estaba sola, ante ella, Sindel agonizaba en una cama mientras era atendida por el chaman Nightwolf. Aquel hombre era peligroso, podía sentir sus almas pero estaba absorto en “arreglar” el alma de Sindel con sus cánticos y el humo de sus hierbas. Kitana hablaba a su madre.

- …te perdono, Madre. Sé que nunca elegiste abandonarme… fui yo quien te traicionó. Te acusé de infiel y corrí a los brazos de aquel que se hizo pasar por mi padre cuando debí haberme ido contigo a la Tierra… viví engañada todos estos años, toda mi gente lo estuvimos, mis hermanos y hermanas… los que olvidamos Edenia. Pero lo estamos recordando, Madre. Cada vez son más los que recuerdan que nos arrebataron y más se unen a nuestras filas… y se lo haremos pagar. Al tirano que vino a nuestro reino y lo fundió al caos del suyo, quien nos arrebató nuestra identidad, para que muriéramos y alimentáramos su poder con nuestras almas… pero te necesito a mi lado, al frente de tu pueblo… vuelve…

Por el corredor se acercaban más gente, Liu Kang y Kung Lao, que venía a ver como se encontraba la reina edenia que estaba siendo purgada del hechizo de Shao Kahn. Tanto Jade como Reptile decidieron esperar a su presa en otra parte.

Durante la espera, Reptile hizo uso del aparato que le dio Sektor para comunicarse con él y al Lin Kuei y señalar la ubicación del cuartel humano. Los cyborgs asesinos tardarían poco tiempo en aparecer allí y durante el ataque será la ocasión ideal para dar cuenta de Kitana. Jade no dijo nada al respecto, estuvo callada y ausente mientras miraba la iglesia. Fue entonces cuando al fin Kitana les brindó sin saberlo la oportunidad que esperaban. Había salido a reflexionar sola como solía hacer fuera de la Fortaleza de Shao Kahn. Reptile desapareció de su escondite y se situó justo detrás de Kitana. Algunas veces ella descubría a Reptile por el olor pero estaba tan ensimismada que no hubo oportunidad. El zaterrano la golpeó con violencia en la espalda y la derribó. Ella se giró en el suelo solo para encontrarse con el pie de Reptile pisando su cuello.

- Ya eres mía, traidora.
- ¡Reptile!- dijo Kitana con dificultad.
- Ha pasado mucho tiempo… llevo siglos esperando este momento- Reptile sacó su lengua, tan larga que llegaba hasta al suelo y lamió el rostro de Kitana que luchaba en vano por deshacerse de su presa- Cuanto tiempo quise saborear tu miedo.

El ninja verde había sopesado la posibilidad de digerirla vomitando sus jugos gástricos sobre su rostro, aquella era una muerte espantosa y repulsiva, pero Shao Kahn quería su cabeza y debía ser totalmente reconocible. Por tanto sacó su puñal de hueso del cinto y se dispuso a cortar su cuello. Entonces oyó una explosión en el interior de la iglesia. Dentro se estaba librando una autentica batalla… los Lin Kuei habían llegado. Fue entonces cuando aparecieron a su alrededor tres de aquellos cyborgs que se habían teleportado a sus coordenadas.

- Orden de ataque iniciado- informó uno de ellos.
- Parámetro de la misión: Apoyar al soldado Reptile- informó otro.
- ¡No necesito vuestra ayuda!- siseó Reptile.
- Son órdenes expresas del Maestro Sektor.
- Maldita sea… pues mirad bien.

Reptile iba a apuñalar la garganta de Kitana cuando de pronto la cabeza de uno de los cyborg cayó al suelo. Oyó un zumbido de algo que volaba cerca y vio el boomerang de Jade surcando el aire hacía la cabeza de otro de los recién llegados.

- ¿Qué demonios…?- se volvió para mirar por encima de su hombro.

Pero era tarde. Jade cargó contra él con una patada-sombra que lo derribó y lo apartó de Kitana. El golpe fue devastador e hizo que se golpeara la cabeza contra el cuerpo acorazado de uno de los lin kuei decapitados. Jade corrió hacía Kitana y la incorporó.

- ¡Jade! ¿Has…?
- Recuerdo mi hogar y mi gente, mi señora- le cortó Jade- Y mi hermana.

Entonces aparecieron más ciborgs. Sabedores ya de que Jade ha cambiado de bando. Kitana se puso en guardia junto a ella. Pero Jade instó a que corriera a socorrer a los de dentro del templo y protegiera a su madre. Kitana se resistió a abandonarla pero finalmente cedió. Reptile observaba la lucha mientras se recuperaba del mareo del golpe. Los lin kuei eran enemigos muy duros, maquinas programadas para matar aprovechando las habilidades marciales de los mejores guerreros y asesinos de la Tierra potenciadas con la alta tecnología. Pero no conocían a Jade. Una asesina que se ha visto en solitario contra shokan rebeldes y hechiceros del Netherrealm… era realmente dura de pelar. No quiso ayudar a los ciborgs, estos acabarían muertos a manos de la edenia, pero servirían para agotarla y herirla. Sus descargas eléctricas, sus puños y patadas de metal, la debilitarían para cuando tocara enfrentarse a él. Ya tendría tiempo de cazar a Kitana.

Cuando Jade empaló a la última de aquellas maquinas se tomó un segundo para recuperar el aliento. Buscó a Reptile con la mirada y al ver que no lo encontraba supo que se había vuelto invisible. Se puso en guardia pero ya era tarde, unas garras afiladas dibujaron cuatro líneas sangrientas en sus espaldas. Jade se volvió atacando con el bastón al mismo tiempo pero solo golpeó al aire. Entonces otras cuatro líneas fueron dibujadas en su muslo derecho y un hombro invisible la derribó al suelo. Entonces Reptile apareció.

- Edenia infiel…
-No, Reptile… soy fiel a mi reino- dijo ella mientras se incorporaba.

Reptile la golpeó con el revés de su mano y la volvió a derribar. Una vez en el suelo la pateó en el estomago varias veces.

- ¿Tu reino? ¡Tu reino es Outworld!¡Y lo has traicionado!- gritaba mientras la pateaba con cada palabra.

Jade gemía con cada una de ellas y luego rodó sobre si misma para alejarse de él.

- Iba a decírtelo por las buenas… no eres distinto a nosotras… pero ahora me das asco…

Reptile la siguió y la cogió de los cabellos y la levantó de un tirón.

- Yo soy leal.
- ¿Al asesino de tu pueblo? Me das pena…
- ¡A mi señor!- corrigió Reptile- ¡Mi pueblo volverá! Shao Kahn me lo devolverá en cuanto le entregue vuestras cabezas.
- Tanto años y no lo conoces… solo eres un perrito faldero…
- ¡Se acabó!

Reptile la cogió del cuello con las dos manos y empezó a estrangularla. Mientras lo hacía le lamía el rostro con lujuria. Ella se estaba volviendo azul… hasta que invocó a su boomerang el cual salió volando del pecho del ciborg donde estaba clavado hasta su mano y se lo clavó en el muslo. El zaterrano rugió de dolor y más aún cuando Jade retorció el arma para agrandar la herida. La sangre verde salía a chorros de la pierna. Reptile la pegó varías veces con la palma de la mano antes de arrojarla al suelo.

- ¡Zorra!- chilló.

Jade aprovechó que Reptile trataba de cerrar la hemorragia para hacer uso de las pocas fuerzas que le quedaban para cargar contra él y estrellar su hombro contra su vientre. Lo empujó con furia hacía ninguna parte en concreto… pero le salió bien la jugada. Cuando se recuperó vio que Reptile estaba empalado en el bastón que ya tenía clavado a un ciborg contra la pared de la iglesia. El zaterrano no daba crédito a su nueva situación, miraba incrédulo el extremo ensangrentado del arma que sobresalía de su vientre y del que colgaba sus propias entrañas. Miró a Jade.

- Lo siento, zaterrano… quizás así vuelvas con los tuyos.- dijo mientras se alejaba cojeando hacía la iglesia.
- ¡No… he…acabado… contigo….!- dijo Reptile débilmente.

Y el mundo se le apagó, entonces.



Despertó totalmente desorientado. Recordaba la lucha como algo ya muy lejano y se encontraba en una pequeña cabaña hecha de tablones. Al salir vio que era de noche y que se encontraba en una playa desde la cual podía ver de lejos los altos edificios de una Nueva York humeante, iluminaba por el resplandor de algunos incendios. Descubrió que sus heridas estaban vendadas y notaba cierto escozor que de unos aceites que habían hecho cicatrizar sus heridas mortales. Estaba dolorido y cansado, pero se encontraba bien dada las circunstancias, había algo en el aroma de aquellos aceites sanadores, algo familiar, que lo transportaba a una época en que no era el único. Y vio que aún no lo era.

- Al fin despiertas, hermano.

No la vio, pues era invisible pero supo donde estaba. Veía sus ojos en la oscuridad, era ojos como los suyos, ojos de reptil.

- ¿Quién eres?
- Lo que andabas buscando. Una igual.

Entonces se dejó ver. Reptile no daba crédito a sus sentidos. Era una mujer zaterrana, aunque no de su misma raza pero si de su misma especie. Sus escamas eran más suaves y discretas, de color gris aunque quizás sea por la arena que estaba pisando. Sus rasgos eran distintos, parecían más humanos o quizás menos animales dado que al parecer no era víctima de la involución que sufría Reptile… las formas de su cuerpo eran de una mujer… pero no cabía duda de que era una hembra zaterrana.
- ¡Una hembra!- exclamó- ¿Cómo es posible?
- No eres el único, Reptile- dijo ella con una voz parecida a la suya pero más femenina- No todos fueron exterminados. Algunos sobrevivimos… como tú…
- ¿Cuántos quedan?- preguntó ansioso.
- Muy pocos, Reptile.

Reptile no salía de su asombro. Entonces notó que algo le llamaba en la lejanía. Notaba la llamada imperiosa de Shao Kahn pero por una vez en su vida, decidió ignorarla por el momento.

- Mi nombre es Khameleon- se presentó su anfitriona- Llevo mucho tiempo observándote. Te saqué del templo humano y curé tus heridas. Había llegado la hora de que nos conociéramos.

Él la acarició, tan solo para comprobar que era real. Ella le acarició cariñosamente su mano.

- Sé por todo lo que has pasado, Reptile. Pero eso ya ha terminado. Estás conmigo.
- ¿Qué quieres decir…?
- Que eres libre. Debes venir conmigo… buscaremos un lugar alejado y remoto y formaremos una familia, un clan. Tendrás hijos, Reptile. Conmigo… con el tiempo formaremos un mundo.

La llamada volvió. Y Reptile miró la ciudad. Khameleon siguió su mirada y luego le obligó a mirarla.

- Ignórale.
- No puedo…
- Si puedes. Sabes, en el fondo de tu corazón, que él jamás te devolverá Zaterra. Todos tus esfuerzos, todas tus adulaciones solo sirven para aferrarte a una vaga esperanza que sabes que nunca se cumplirá.
- Lo sé… pero…
- Quedamos pocos, Reptile. Mi hermano gemelo, que comparte mi nombre… y otros que están esparcidos por los reinos. Algunos son esclavos desalmados de Netherrealm, otros dejaron de ser zaterranos para ser agentes del Caos… el desaparecido Tiamat… y los quedan por ahí, han cambiado… debes saber que el distanciamiento de nuestro mundo y de otros semejantes hace que cambiemos… nos volvemos más animales… yo tengo a mi hermano y juntos aguantamos… pero otros, son como dragones de Komodo que vagan en busca de presas… se tarda mucho pero al final perecemos así. A ti ya se te nota los cambios… si no vienes conmigo acabarás así. Y todos también… te necesito, Reptile.
- ¿Por qué no servimos a…?
- ¿Al exterminador?- ella río amarga- Antes prefiero la extinción, Reptile. No tuvo piedad con nadie. Todos luchamos por salvar Zaterra y cuando nos rendimos ordenó nuestra aniquilación. Fue por el oro y por las almas… tú fuiste un trofeo, una mascota. Pero ahora tienes la oportunidad de ser tu mismo… él no te va a echar de menos, Reptile. No te ama ni te aprecia, le es indiferente tu vida y tu muerte. Yo lo sé y tú lo sabes… sabes que vives engañado… como los edenios y los shokan.

Y Reptile lo sabía. Sabía que se ha estado aferrando a un clavo ardiendo toda su vida. ¿Cuántas veces se había propuesto asesinar a Shao Kahn? Degollarlo con sus garras mientras dormía con sus concubinas, a las cuales maltrataba para desahogarse aprovechando su invisibilidad. ¿Qué fue ese odio a Kitana sino arrebatar a Shao Kahn a una de las pocas personas que tenía afecto? Tantas veces que pudo cambiar el curso de los acontecimientos, cambiar el destino de los suyos, con tan solo un golpe mortal, una fatalidad imprevista contra su amo y señor. La venganza era un instinto natural y a él le tocó el instinto vengativo de todo un pueblo aniquilado. Y nunca lo hizo… se aferraba a la esperanza de que algún día los suyos volverían. Pero en realidad era por que se había hecho a si mismo por la voluntad de su amo. Siempre lo había servido y agasajado con la fe en que este lo apreciaba aunque fuera como mascota… y tras tantos siglos no concebía otra forma de vida, hasta ahora.

Pero la llamada lo sacaba de aquella ensoñación ¿O era más bien que le nublaba la razón? Miró a su interlocutora. Khameleon era su oportunidad de ser lo que siempre quiso, ser un zaterrano entre zaterranos por pocos que fueran. Ella le necesitaba para ser madre principalmente, y luego si los dioses querían, ser reina. Con el tiempo habría amor y cariño pero ante todo estaba el deber con Zaterra y aquel deber consistía en asegurar el futuro de su especie, repoblándolo… y solo tenía a Reptile. Trató de ver el futuro con ella… pero le era imposible. Negó lentamente con la cabeza y comenzó a alejarse.

- ¿Es que prefieres una vida entre los barrotes del Imperio? Yo te doy la libertad, yo soy tu destino…

Reptile siguió alejándose. Ella le seguía lentamente.

- Debes ver la verdad… debes luchar contra su hechizo…
- Es mi amo…
- No lo es… solo es un tirano…
- Es mi señor…debo acudir a su llamada…
- Acude a la mía, Reptile. Acude a Zaterra.
- No puedo…
- ¡Reptile!- le llamó.

Reptile se detuvo.

- Quédate conmigo esta noche… al menos me debes eso…

Pero Reptile desapareció.





Tardó mucho tiempo en llegar a Nueva York en su estado. Pero poco a poco fue mejorando en salud y aligeraba el paso. Por un momento tuvo la impresión de que Khameleon le seguía desde las sombras. Pero supo que no era así. La había rechazado. Poco a poco trató de enmascarar el sentimiento de traición a ella y a si mismo con la mentalidad que había desarrollado como un ser que forma parte de la corte imperial. Ella era una vagabunda, una marginada y pretendía arrastrarlo a una vida mundana en algún paraje remoto para formar una patética familia sin futuro. Eso era Zaterra para ella. Si, eso es. Era hermosa, incluso para los estándares de otras especies como la humana, pero no era nada en comparación con las siervas y las fulanas que tenía a su disposición en Outworld. Que se fuera al infierno… él jamás faltaría a su señor por una distracción así. Solo él haría posible el retorno de Zaterra…

Pero nada más llegar a Nueva York tuvo un mal presentimiento. No era descubrir que Khameleon le había seguido y estaba visible en los límites de la ciudad, dando una última oportunidad de volver con ella. Era comunicar a su señor que había fracasado en su misión. Esa gran misión que le haría posible plantearse tener a un ejército de eficaces zaterranos. Kitana seguía viva. Y si hubiera muerto no fue a manos de Reptile al quien le fue encomendada personalmente esa misión. Reptile temía que el castigo por su fracaso era la muerte. ¿No será mejor destino vivir con Khameleon? Ella estaba allí esperando su decisión. Entonces Reptile se volvió invisible y se fue a la fortaleza de Shao Kahn. Khameleon por su parte desapareció y nunca más se supo de ella.

Cuando llegó a la sala del trono Shao Kahn estaba solo y se disponía a atravesar el portal para tener una batalla final contra los héroes de la Tierra que quedaban en pie. Reptile se sorprendió de encontrar el cuerpo de Sheeva con una espada que le fue clavada por la espalda, aquello parecía un mal presagio y realmente lo era. Luego abandonó el camuflaje para plantarse ante su amo e hincar la rodilla.

- Mi señor…
- Reptile.
- Jade nos ha traicionado. Ha hecho que Kitana escapara…

Shao Kahn le ignoró y fue caminando hacía el portal.

- Mi señor… los humanos resisten duramente ante las fuerzas tarkatanas y shokan… debéis convocar a más de los míos… podríamos…
- ¿Debéis? ¿Has dicho debéis?- repitió Shao Kahn volviéndose a él.
- Mi… señor…

El revés de Shao Kahn casi bastó para enviarlo al otro mundo. Lo derribó al suelo a pocos metros del portal. Pero aquello no fue todo. Shao Kahn le pateó como a un perro.

- ¡¿Te atreves a decirme lo que debo hacer?! ¡¿Tú, montón de mierda?!

Las patadas rompían huesos como si estos fueran de madera podrida. Los órganos temblaban y sangraban en su interior. Uno de los pisotones le desencajó la mandíbula y le hendió el cráneo.

- ¡¿Crear más inútiles como tú?! ¡Muérete y ve con la escoria de tu pueblo!

Lo que quedaba de Reptile era un montón de huesos rotos sobre un charco de sangre verde. Shao Kahn lo dejó estar y decidió no malgastar su furia en una mascota inútil. La reservó para los monje shaolin que le aguardaban al otro lado. Escupió con desprecio a su lacayo y marchó.

Reptile seguía con vida. Pero estaba completamente roto y no solo los huesos. Aquel día estaba completamente solo. Abandonado por todos… y mientras la sangre corría y el mundo se sumía en la oscuridad quizás así fuera lo mejor. Al menos en el olvido encontraría la autentica paz.






El invasor de su territorio le era familiar. Por eso no le atacó ni hizo… la silueta en cambio lo observó largo rato y tras negar con la cabeza, como desaprobando algo. Se volvió invisible incluso para sus sentidos de serpiente. Y desapareció. Lo buscó con la mirada pero no lo encontró por ninguna parte. No entendió el sentimiento que le invadía de decepción y añoranza. Pues era un animal, pero aquello se le pasó rápido. Pronto se encaminó a su nicho para dormir de nuevo sobre un manto de monedas oxidadas que atraería a más visitantes para ser devorados.
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Error Macross » Dom, 05 Abr 2015, 01:03

Como siempre excelente, me ha gustado mucho como resolviste la escena con Khameleon. Lo unico que me resulto curioso fue que los Edenianos supieran que lo son, pero bueno, le da un giro interesante a la opresion de Shao Kanh y el Outworld.
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Acero_12
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Re: Los Días Olvidados de la Bestia.

Mensaje por Acero_12 » Mar, 28 Abr 2015, 19:23

Al fin tengo teclado y puedo comentar ésta historia.

Me gusta como se ve Reptile en sus recuerdos: alguien que está negado a la verdad. Tenía la cabeza tan lavada con un amor a alguien que le despreciaba que rechazó la posibilidad de formar una familia. Además, Reptile es odiado por todos los sirvientes que son sus compañeros de armas (a pesar de sentir algo de amistad por Baraka).

Reconozco que la excusa de Shao Kahn esteril funciona en muchos aspectos — yo mismo pienso que lo es —.

Aún me queda la duda si Reptile tiene ratos de lucidez o si simplemente quedará así eternamente (aunque Khameleon trate de ayudarlo).

¡Saludos!
Dos años con La Condicional y contando. Supongo que algún día me la van a sacar. Supongo.

Pasen y lean, si lo desean:

https://www.fanfiction.net/s/8984717/1/ ... -Diferente

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