Redención

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Error Macross
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Re: Redención

Mensaje por Error Macross » Lun, 09 Mar 2015, 07:04

Me veia venir que este capitulo iba a terminar muy mal por tres puntos:

Que nadie contestara a la puerta.
Que Raiden no aparecia.
Que todo daba para que no les creyeran a Scorpion y a Sub.

Al final resulto todo bastante facil, necesitaria ver que onda el siguiente capitulo, porque la idea de que los demas personajes esten involucrados se me hace extraña, pense que el fic iba a ser solo con Hanzo y Kuai (o Kuaia, XD).
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Viseryon
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Re: Redención

Mensaje por Viseryon » Vie, 13 Mar 2015, 01:09

hmm... ahora que me doy cuenta, actualizo este fic cada se me da la gana... ¿tendría que actualizarlo cada cierto tiempo? Porque ya acabo de terminar el capítulo nueve, actualmente, y para que comience el 10 va a estar mas difícil...

Capítulo 6
Yo nunca pedí un consejo.


---
En un campo completamente cubierto por un manto de nieve que brillaba con la pálida luz de un sol de invierno, dos pequeños hermano jugaban juntos. Sus risas se oían por todo el lugar, dejando huellitas en la nieve por donde corrían felizmente. Uno lo llamaba por su nombre, el más grande: -¡Vamos, Kuai! ¡A que no puedes alcanzarme!- lo retaba traviesamente cuando se alejaba corriendo de él, adentrándose en el bosque. -¡Espera, Bi-Han!- Kuai lo llamaba y se reía, yendo detrás de él.

Ambos corrían por entre los troncos de los árboles, sus risas aún se oían. Bi-Han se alejaba más de su hermano pequeño quien lo perseguía sin cansancio, entonces aceleró el paso… corrió y corrió hasta que Kuai Liang lo perdió de vista. – ¡Bi-Han!- lo llamaba al verlo alejarse de él, comenzándose a preocupar por él, gritándole que lo esperara, pero lo único que su hermano respondía era -¡Alcánzame!-. El pequeño sentía que sus piernas ya no daban para más y sus pasos se hicieron más lentos por cada paso que daba, hasta que por fin se detuvo, apoyándose en el tronco de un árbol e intentaba recuperar el aliento. Cuando se sintió recuperado el volvió a gritar el nombre de su hermano lo más fuerte que podía, pero lo que escuchó por respuesta fue el propio eco de su voz sonando a su alrededor.

Él gritaba, caminaba mientras gritaba, su voz comenzó a quebrarse y sus ojos a llenarse de lágrimas; lloraba mientras llamaba a su hermano. Se sentía tan solo en ése momento, tan desesperado, abandonado y… débil… Ya no podía más, estaba perdido en medio del bosque. No pensó en otra cosa más que encontrar a su hermano, pero él tenía fe en que él volvería para llevarlo de la mano a casa. “Es solo una broma” pensaba mientras se limpiaba los ojos “Está escondido. Cuando salga lo golpearé por gastarme bromas así”. Mientras pensaba, miró a su alrededor por un momento y sintió que algo había cambiado en el bosque donde estaba. Los troncos de los árboles parecían más torcidos, y la nieve se veía gris; volteó hacia arriba y las hojas de los árboles estaban tan juntas unas con otras que parecía un manto negro sobre él, con pocos rayos de luz filtrándose entre ellas.

Sintió miedo, tanto miedo que aceleró su paso por entre los árboles, que cada vez se hacían más torcidos y más oscuros. Comenzó a correr y volvía a llamar, gritando, a su hermano mayor; las lágrimas volvieron a correr por su rostro. Pero algo ocurrió. Tropezó con lo que creyó que era un tronco, y cayó bocabajo en la nieve gris. Se quedó inmóvil un momento, con la cara en la nieve, hasta que poco a poco comenzó a levantarse y giró su cuerpo para ver mejor con qué había tropezado.

Pronto dejó de respirar.

No era un tronco con lo que había tropezado. Era un cuerpo. Al verlo, Kuai ahogó un grito y trató de apartarse arrastrándose hacia atrás. En la nuca tenía algo clavado, una especie de arma filosa, un kunai; la sangre le brotaba incesantemente de la herida, pintando de rojo la nieve debajo de él. Reconocía la ropa que llevaba el cadáver, una túnica azul, la misma que llevaba puesta su hermano. Kuai quería gritar, no soportaba ver eso frente a él, no soportaba la idea de que su hermano estaba ahí sin vida. Se llevó las manos a las orejas y se sentó en suelo ocultando su cabeza entre sus rodillas, apretando sus ojos muy fuertes.

-¡NO QUIERO ESTAR AQUÍ!- gritaba el niño -¡YA NO! ¡YA NO!-

Se quedó quieto unos instantes así como estaba, hasta que decidió abrir los ojos. Lentamente comenzó a abrirlos hasta que algo le congeló la sangre. Frente a él ya no se encontraba más el cuerpo de su hermano. Unos ojos totalmente blancos lo miraban fijamente a los suyos. No era su hermano, no parecía su hermano, era un hombre de piel tan obscura como las hojas de los árboles que estaban sobre ellos. Ambos se quedaron quietos y en silencio, mirándose a los ojos. Kuai quería volver a hundir su cara entre sus rodillas, pero algo lo impedía, al igual que le impedía cerrar sus ojos, no podía huir de esos ojos blancos. Fue entonces que el hombre frente a él hablo con una voz profunda y rasposa.

-Y A E S T A R D E –

Y la mano de aquel hombre fue rápidamente hacia su rostro, estampándolo contra el suelo.

----
Kuai sintió que su cuerpo dio un brinco en la cama donde aparentemente se encontraba, sus ojos estaban muy abiertos, casi parecía que se le querían salir de su cráneo. Sentía que el aire le faltaba en los pulmones, como si realmente hubiera estado corriendo. Con el poco aire que corría en la habitación logró darse cuenta que había estado sudando mucho mientras dormía. Aún se encontraba acostada en su cama, y sentía que algo la mantenía así, un peso muy grande en su pecho, tal vez eso hacía que respirara con dificultad, pero poco a poco iba recobrando fuerzas hasta finalmente pudo sentarse en su cama.

Seguía recordando cada momento de aquella pesadilla que había tenido recién, recordando esos ojos blancos que sentía que aún la miraban detenidamente, y la hacían estremecer. Dio un gran suspiro y se quitó las sábanas que la cubrían. Miró su cuerpo, algo decepcionada y dijo en voz baja para sí: -Ojalá esto aún fuera un sueño…-.
No se dio tiempo de buscar sus sandalias. Aún llevaba puesta la bata azul con la había llegado, sí recordaba todo sobre los días anteriores, pero no recordaba cómo es que había llegado a esa cama, si antes de todo estaba hablando con sus compañeros. Lentamente caminó hacia la salida, casi tambaleándose, abrió la puerta y caminó por un largo pasillo de madera, en ese pasillo se encontraban grandes ventanas que daban hacia el exterior, y lejos en las montañas vio que el sol comenzaba a ocultarse. -¿Ya es tarde?- se dijo en voz baja –Cuando llegamos apenas era medio día… O eso creo…-.

El pasillo por el que caminaba la dirigió hacia una sala de estar, adornada con cortas mesitas de té con cojines a sus lados, unas cuantas plantas decorativas, y rodeada de ventanas, y una puerta que conducía a una amplia terraza. En la sala, todos sus compañeros se encontraban ahí, unos sentados en los cojines y otros de pie, charlando unos con otros, todos estaban ahí… menos alguien…

-¡Ahí está!- La voz de Sonya le zumbó en los oídos -¡Miren, ya despertó!- Ella fue directo hacia Kuai, a quien tomó gentilmente del brazo y la dirigió hacia donde todos estaban.
-Sí, desperté…- respondió seriamente -…Pero no entiendo por qué… hace un momento estaba hablando con ustedes…-
-En mi defensa yo solo quiero decir que no sabía que eso pasaría- Johnny alzó la voz mientras le tomaba el hombro
-¿Qué pasó…?- dijo Kuai algo preocupada, en realidad no recordaba absolutamente algo que la haya hecho desmayar. Se estaba empezando a impacientar. Pronto Raiden se interpuso en la conversación, y se colocó frente a Kuai Liang, y su voz potente pareció haberse suavizado al momento de hablarle.
-En parte, yo soy culpable de que lo que te ha pasado, pero como lo ha dicho Cage, nadie creía que esto pasaría.-
-¿¡Qué me sucedió!?- alzó la voz, impaciente. Entonces Cage tomó la palabra:
-Supuse que… el poder de Raiden sería más fuerte que el de Quan Chi, ya sabes, es una especie de dios ¿no? …Sin ofender… Así que dije “¡Hey! ¿Por qué no le devuelves su cuerpo a Sub-Zero y así se evitan un viaje?” Pero… creo que no sirvió…-
-Al parecer Quan Chi lo pensó todo. Así que mis poderes no pueden revertir el hechizo que ha puesto sobre ti. Pero cuando lo intenté, mi energía se acumuló en tu interior he hizo que perdieras la conciencia por un tiempo…- dijo Raiden
-¿Un tiempo? ¿Qué tanto…?
-Creo que con solo decirte que todo eso pasó ayer, tal vez te des una idea- Cage intervino.

Kuai escuchaba lo que decían, pero poco a poco bajó su mirada, pensante sobre todo lo que le había sucedido. Eso explicaba por qué su cuerpo le dolía tanto, en especial la cabeza que sentía que volvía a palpitarle intensamente. Trataba de recordar nuevamente todo pero el dolor y la confusión se lo impedían, sintiendo que se mareaba un poco. Agitó su cabeza un poco pero el mareo pareció intensificarse más, y sintió que caía hacia un lado. Logró sostenerse de la primera persona que estaba junto a ella, no supo quién fue, probablemente Kitana o Sonya, pues su vista comenzaba a nublarse –Creo que deberías mejor volver a recostarte…- escuchó que la voz de Jade le hablaba.

-¡No! ¡Ya no quiero estar más en la cama sin hacer nada más que dormir!- Aún tambaleante intentó hacerlos a todos a un lado y salió de entre el círculo donde la rodeaban sus compañeros; sentía tanta frustración e impotencia, no recordaba nada y había perdido un día para poder prepararse para su enfrentamiento con Quan Chi. Sentía que casi caía hasta el suelo, pero logró sostenerse de un pilar que estaba cerca.
-¡Estoy harto de esta mierda!- y golpeaba la pared del pilar con mucha fuerza, dejando un rastro de picos de hielo en donde había golpeado. Sus manos volvieron a tornarse brillosas y con un tono azul. -¿¡Qué he hecho para merecer todo esto!? Mi hermano… mi mejor amigo… mi clan… Quan Chi… ¡TODOS INTENTAN MATARME! ¿¡QUÉ HE HECHO!?- ya no podía aguantar más tanta frustración dentro de ella. Mientras gritaba, varias lágrimas resbalaban por su rostro, y lanzó una bola de hielo que atravesó una de las ventanas de la habitación… luego otra… y otra… Sus compañeros intentaron sostenerla y le pidieron que se tranquilizara, pero ella luchaba para que la soltaran. Sentía una gran necesidad por sacarlo todo… sea como sea… pero finalmente su cuerpo se debilitó y cayó de rodillas.

-Sólo quiero…- murmuraba -…solo quiero que… las cosas vuelvan a ser como antes…-
Nadie dijo algo… solo la miraban. Creían que era buena idea solo dejarla sacar toda su frustración. Pronto Kuai reaccionó, y los miró aún con lágrimas en los ojos, tratando de contenerlas, miró lo que había hecho en la habitación, y volvió a ver los rostros asustados de sus compañeros. –Lo… siento…- se puso de pie y caminó lentamente a la salida.
-¿Sub-Zero?- escuchó que alguien lo llamó, no identificó quién, sólo lo ignoró y salió por la puerta.

--

Scorpion se encontraba sentado, cruzado de piernas, meditando junto a un estanque bajo un árbol, y en el agua resplandecía el reflejo de una media luna. Llevaba puesto el fondo de cuero negro de su uniforme y sus botas con adornos dorados; su máscara estaba a un lado del tronco donde se recargaba, junto con el resto de su armadura. No había ningún otro ruido más que el débil sonido de las hojas de los árboles movidas por un suave viento fresco, los grillos tocaban sus cancioncillas y las luciérnagas volaban sobre el estanque. Calma total.

Malo fue que no duró mucho.

Logró escuchar un estruendo en el templo principal, donde había visto a Kuai la última vez, postrada de nuevo inconsciente en una cama. Presentía que la propuesta de Cage no iba a traer nada bueno, insistió que no lo hicieran, pero no quisieron escucharlo. Lo supuso. Es culpa de ellos, no la de él. Escuchó gritos y golpes en el templo, volteó la mirada y vio como salían proyectiles de luz blanca por las ventanas, que dejaban un rastro de humo frío. “Vaya manera de despertar” pensó, y volvió a cerrar los ojos cuando no escuchó más ruido proveniente del templo. Pero los grillos callaron esta vez y pocas luciérnagas ahora volaban sobre el estanque.

Pasaron varios minutos cuando escuchó que alguien se acercaba. Era Kuai que se caminaba junto al estanque, al otro lado, maldiciendo entre dientes y alzando las telas de su túnica. Pronto ella guardó silencio, se sentó torpemente en el suelo y escondió la cabeza entre las rodillas quedándose así un buen rato.
-¿Ya te encuentras más calmado?- le dijo, aún con los ojos cerrados.
El Shirai Ryu no recibió respuesta alguna. Solamente Kuai se mantenía aun con la cabeza entre las rodillas, apretando sus manos, repitiéndose para sí misma, que era solo un sueño. Aún con su rostro sumido en sus piernas, escuchaba una respiración entrecortada y grandes suspiros. No cabía duda que estaba tratando de contener sus lágrimas otra vez. Siempre lo notaba, ella no sabía fingir; pero a Hanzo no le importaba.
-...Sera mejor que comiences a aceptar la realidad de las cosas, Kuai Liang...- le dijo.
-No pudieron cambiarme...- Dijo Kuai, aun con el rostro entre las piernas y con la voz entrecortada, sin hacer caso omiso de lo que Hanzo le había dicho recién.
-Lo sé…- le respondió –Pero debes tener en cuenta que, cuando estemos listos, tu apariencia volverá a cambiar y volverás a tener tu vida. Por ahora solo debes aceptar lo que eres.-

Kuai levantó la cabeza y apoyó la barbilla en sus rodillas, sus ojos estaban hinchados y rojos, y su rostro congestionado; lo miró de una forma tan fría que cualquiera podría llegar a sentirse incómodo. –Claro…- le dijo con una voz ronca -…para ti es fácil decirlo-

El ninja abrió sus ojos blancos posándolos sobre ella y después en el estanque frente a él. –El haber pasado por todo esto, como tú, no quiere decir que sea fácil decirlo…-
-¿No?
-No.- de nuevo volvió a mirarla a los ojos, no la intimidaba, su expresión era como si el recordar todo eso lo lastimara -Despertar siendo otra persona... conservar en tu mente tus recuerdos desgarrados de tu pasado... pesadillas constantes con demonios y muerte... Todo eso es parte de una maldición...- cerró lentamente los ojos y luego suspiró con melancolía. –Y el desear que todo vuelva a ser como antes solo hace que el dolor sea peor… pues sabes que eso jamás pasará…-

Kuai lo observaba detenidamente mientras hablaba. Suspiró, después de reflexionar lo que Hanzo le había dicho, y volvió a esconder su cabeza entre sus rodillas –Ahora esto es más frustrante y humillante- decía con el rostro hundido en sus piernas. Quejarse por lo que le estaba pasando, sentía que no era nada en comparación con lo que Hanzo había sufrido en su vida. - ¿Qué ganaras con sentirte frustrado y humillado?- dijo levantándose y caminando hacia el estanque. –Terminaras sofocando tu mente con la obsesión de querer volver a la normalidad, enceguecido por tu deseo de hacer pagar a quien te hizo daño.- Vio su reflejo en el agua. Se sintió asqueado al tan solo verse. Rápidamente se volteó y se dirigió hacia donde estaban sus cosas, y se puso de nuevo sus guantes, su uniforme dorado y su cinturón, pero dejó la máscara a un lado.

-No somos tan diferentes…- le dijo mientras se arreglaba. -Medita tus acciones, joven Lin Kuei. Sé cómo el hielo: frío, implacable y calculador. Después de todo, eres el hermano de Bi-Han.- Las palabras de Scorpion eran duras, pero ciertas. El estado en el cual se encontraba Kuai Liang, no era el óptimo para recibirlas y meditarlas. El solo quería encontrar una salida rápida. Además, ¿por qué tendría que recibir consejo del hombre que mató a su propio hermano? Aquel que lo hizo convertirse en ese demonio de oscuridad y sombras.

Pero no pudo evitar volver a repetir las palabras de Hanzo en su mente. Claro... ahora se sentía peor que antes... Su comportamiento no era como solía ser antes de su transformación, se comportaba como un niño pequeño que se enojaba por no conseguir lo que quería. Se había ablandado, eso pensaba, se había humillado a sí mismo al salirse de control. Pronto vio que Hanzo se retiraba del lugar, de vuelta al templo. –Piensa bien las cosas.- le dijo. Después de alejarse un poco de él, se detuvo y se dirigió a él sin mirar atrás. –Ah, una cosa más…-
-¿Qué?- respondió Kuai en voz baja.
-Deja de lamentarte por lo de tu hermano… debes entender que está muerto.-
-...debo luchar por hacer que su alma sea libre...- el tono de su voz se elevaba y su expresión seguía tan fría como siempre -Es lo menos que puedo hacer...-
-¡Él ya ha sellado su destino!- le dijo con voz alta y cortante -Sucumbió a la tentación y ha eliminado todo rastro del bien que había en el... Bi-Han está muerto y no importa cuánto lo intentes, jamás volverá.-

Hubo silencio. Hanzo se volvió a caminar hacia el templo. -Incluso cuando él estaba vivo, ya había muerto.- dijo en voz baja, como si no quisiera que Kuai lo escuchara, pero sin embargo lo hizo.

Las últimas palabras de Hanzo, le llamaron la atención a Kuai Liang. Kuai sentía que un nudo en la garganta comenzaba a formarse. Él tenía aún la esperanza de tan siquiera liberar el alma de su hermano, no tenerlo vivo en la tierra, que su alma fuera libre era más que suficiente para él. El enojo comenzaba a invadirla otra vez, tanto que sus manos comenzaban de nuevo a cristalizarse, tornándose azules con un resplandor blanco, despidiendo humo frío de su piel.
-Imbécil…- le dijo. Hanzo se detuvo y volteó al escucharlo. Pareció comprender lo que sucedía.
-¿Qué, ahora quieres matarme por lo que le hice a tu hermano?...-

Claro que quería. Pero no lo haría, no debía dejarse llevar por la ira de nuevo. Lo más prudente que se le ocurrió fue ponerse de pie y largarse de ahí. Hizo lo primero, pero se acercó a él, con la espalda recta y con sus manos humeantes de frío; lo miró a los ojos. -No.- le dijo cortante, sus ojos también resplandecían con un tono azul y frío -Te necesito conmigo.- le recordó, entonces –Cuando todo esto termine, tal vez lo haga…-
-Recuerda que no fue mi culpa-
-Lo sé… pero fue tu espada la que lo mató y tus manos las que le arrancaron el cráneo… No Quan Chi.-
-Entonces te recomiendo que aprendas de mis errores y así no cometas los tuyos.-

Ambos guardaron silencio un largo rato. Hanzo se apartó y se dio cuenta que había olvidado su máscara bajo el árbol, así que fue a tomarla. -¿Querías un consejo? Ahí está, no puedo hacer nada por ti ahora.-
-Yo no pedí nada.-
-¿Entonces por qué viniste hacia mí?-

-No vi que estabas aquí cuando llegué.- Hanzo soltó una leve risa, se había puesto de nuevo su máscara. –Claro que no.- dijo y se marchó, regresando al rumbo a donde pretendía ir.
-¿A dónde vas?-
-Te dejo solo a que medites todo… te ayudará, eso espero.- y pronto lo perdió de vista entre la noche.

---

Los primeros rayos del sol se asomaban desde las orillas de la montaña, el cielo comenzaba a tornarse claro y el aire era fresco y olía a tierra mojada. Había un pequeño pueblo al pie de la montaña, con pocos habitantes pero cada uno de ellos trabajaba en algo diferente para ayudarse unos a otros.

Una sombra encapuchada bajaba de la montaña y se adentraba en el pueblo. No había nadie en las calles todavía. Era obvio que todos ahí seguían durmiendo. La persona encapuchada llamó a la puerta de la casa del sastre del lugar. El hombre que abrió la puerta era alguien de mediana estatura, no era muy viejo pero contaba con poco cabello en la cabeza, y ojos rasgados que parecían estar siempre cerrados. Él siempre solía levantarse temprano para desayunar y arreglar algunos asuntos de cuentas y pedidos antes de salir a algún sitio. Cuando llamaron a su puerta, le pareció extraño que alguien también se haya levantado tan temprano como él.
-¿Sí, en qué le puedo ayudar?-

La persona encapuchada se descubrió la cara. Una mujer de ojos fríos y azules, y con una cicatriz en el ojo derecho.
-Necesito un uniforme.- le dijo Kuai Liang.

[FIN DEL CAPÍTULO 6]
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Re: Redención

Mensaje por Error Macross » Lun, 16 Mar 2015, 04:38

Entonces Kuai se va de nuevo?, seguro que Hanzo en un rato va para alla.

Bueno, en si este capitulo me parecio que simplemente dio muchas vueltas e hizo ver a Kuai algo inmaduro/a (el/ella mismo lo dice), como que la trama va lento.

Y me gusto mucho el sueño de Kuai del principio, no se si el sujeto de los ojos blancos seria una representacion de Scorpion asesinando a su hermano, o simplemente Noob (que al describirlo como oscuro suena mejor), y etc, o si hay algo mas, pero bueno, es la parte que mas me gustó.
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Re: Redención

Mensaje por Viseryon » Mar, 17 Mar 2015, 16:27

o hai
I come to leave a crappy chap and moar OOC over here :y enjoy, i think...


CAPÍTULO 7

¿Somos amigos?


Los monjes del templo se habían levantado temprano como siempre, prendieron el incienso de los altares y hacían sus plegarias a los dioses y deidades. Todo esto antes del mediodía.

Los demás guerreros apenas despertaban (excepto Liu Kang y Kung Lao quienes ya estaban entrenando desde muy temprano) y desayunaban lo que los monjes les daban para comer: algunos frutos, pan, cereales, y agua para pasarlo todo. A Johnny realmente le hubiera gustado un desayuno más completo para sentirse satisfecho, quedarse en ese lugar no le agradaba tanto, en especial por la comida.

-Creo que si como pasto, me llenaría más que con esto…- dijo Cage, lanzando una manzana de una mano a otra varias veces. –Lo que daría por algo de carne-

-¿No tienes suficiente con las golosinas que escondes en los templos?- le preguntó Kitana, sonriéndole.

-¿Golosinas?- Johnny rio nervioso -¿Quién… quién te dijo que…?-

-Los monjes te han visto cuando vas y comes a escondidas en los templos, pero prefieren no decirte nada- dijo Sonya, quien hizo que todos soltaran una carcajada. – ¡Si comes tantos dulces vas a engordar!- volvió a regañarlo. Cage se cruzó de brazos en la mesa y le dirigió una gran sonrisa. -Entonces seré gordo y feliz- respondió.

-Realmente no sé de donde sacas tantos dulces…- le dijo Stryker.

-Bueno, soy experto en el contrabando de comida chatarra, es todo lo que te puedo decir- Johnny soltó una carcajada.

Scorpion entró en la habitación, sin su máscara puesta. Uno de los monjes que les servían a los demás se le acercó y le ofreció un plato de frutas y un vaso con agua para que pudiera desayunar. Él sólo tomó el plato con frutas y se dirigió a sentarse a la mesa junto a los demás, aunque hubiera preferido comer solo. La mesa de madera negra en donde todos estaban era muy baja, y todos estaban sentados sobre cojines de seda roja con las orillas bordadas con hilos dorados. Hanzo se sentó en uno de los cojines sin decir una palabra hacia los demás, ya había aclarado anteriormente que no gustaba de charlar mientras comía, y menos con ellos, así que los demás solo ignoraban que estaba ahí.

-¿Y qué hay de Sub-Zero? A esta hora ya debería estar despierto- preguntó Jax.

-¿Ya checaron si todavía está en su habitación?- Jade preguntó, al mismo tiempo que se acariciaba su largo cabello negro adornado con anillos de oro, que caía sobre su hombro derecho.

-Si quieren, iré a ver si…- Stryker no pudo terminar de hablar, pues sorpresivamente Scorpion se había unido a la conversación: -No está dormida.- dijo él –Esta mañana vi cuando salió a hurtadillas de aquí-

-¿Sub-Zero escapó?- Sonya dijo preocupada, todos los demás cruzaron sus miradas entre ellos.

-¡Pudiste haberla seguido!- Stryker le dijo, algo molesto.

-No quise hacerlo.- Scorpion tomó un racimo de uvas de su plato y comenzó a comer sin dirigirle la mirada a los demás. –Con todo el escándalo de anoche, supongo que salir de aquí era una mejor opción. Ella necesitaba pensar algo mejor las cosas, ¿no creen?-

Todos guardaron silencio por un largo rato, pensativos. Finalmente terminaron su desayuno y salieron del lugar para ir a lavarse al río, unos prefirieron ir directamente a entrenar un poco y después de eso, lavarse.

Las horas pasaban y no había rastro de Kuai Liang por ningún lado, y eso comenzaba a preocupar a sus compañeros.

-Si para cuando anochezca no ha regresado, entonces nos distribuiremos para ir a buscarlo- Sonya comentó a sus compañeros.

Esperaron hasta el ocaso. Aún no había rastro del asesino cryomancer por ningún lugar. Los centinelas negaban verlo acercarse o si alguien más había visitado la entrada recientemente. Nada. El cielo se oscureció y los demás se preparaban para ir tras su búsqueda. Jax y Sonya organizaron grupos de tres; Liu, Kung Lao y Nightwolf serían el equipo que saldría primero, buscarían en el interior del bosque y en el río; Sonya, Jax y Jade serían el segundo equipo, buscarían por los alrededores de la montaña, cerca de las cuevas que se encontraban por ahí; y por último, Stryker, Cage y Scorpion serían el último equipo, y bajarían el camino hacia la aldea y recorrerían las calles.

Iniciaron la búsqueda. Le habían pedido a los centinelas que con cualquier pista o seña que hubiera de Kuai Liang, tocaran las campanas. Pasaron las horas y no había campanadas, no había rastro aún de ella. El cielo estrellado pronto se cubrió de nubes grises y negras, el aire fresco de la noche comenzó a soplar frío y húmedo. No tardó mucho tiempo cuando comenzó a caer una ligera brisa sobre ellos. El sonido estruendoso de los truenos se hizo oír en todo el lugar, todos deseaban encontrar a Sub-Zero antes de que empezara la tormenta. No tuvieron tanta suerte. Con el paso del tiempo la brisa se convirtió en lluvia, una intensa lluvia que en cuestión de minutos hizo que el largo camino al pueblo se inundara, haciéndoles imposible a Scorpion, Johnny y Stryker pasar, no tuvieron más opción que volver a la Academia antes de que la lluvia se pusiera peor.

Cuando llegaron ellos tres, se dieron cuenta que los demás también habían regresado antes que ellos. –La lluvia nos bloqueó el camino… Aún nos faltaban unos metros pero no pudimos seguir más- dijo Stryker sacándose la gorra y quitándose el agua de la cara con una mano. La lluvia los había dejado a todos empapados, chorreando de pies a cabeza y los zapatos llenos de lodo, pero Kung Lao había caído en un profundo charco cuando venían de regreso, así que tenía cubierto hasta casi arriba de las rodillas de lodo, que había traspasado las telas de sus pantalones y comenzaba a picarle demasiado.

No tuvieron más opción que posponer la búsqueda hasta la mañana siguiente. Si el camino seguía inundado, podrían tener tiempo suficiente para encontrar otro camino para llegar al pueblo. Después de tener todo decidido, fueron a lavarse para después por fin descansar y levantarse temprano en la mañana para seguir su búsqueda.

El sol ya había salido, todos ya estaban despiertos y listos para seguir buscando a Kuai Liang. Sonya estaba dándoles instrucciones a todos cuando entonces el centinela en turno tocó tres veces la campana. Todos guardaron un gran silencio y se miraron entre todos… ¿Podría ser?... Hicieron que abrieran la puerta. Era ella. Pero lucía algo diferente a como la recordaban.

El sastre con el que había ido aquella madrugada le había confeccionado, con unos uniformes viejos y ropas que no había logrado vender, un nuevo uniforme algo parecido al que tenía anteriormente. Llevaba puesta una túnica azul con bordes negros que le quedaba algo grande del fondo, un poco más debajo de las nalgas; llevaba puesto un cinturón improvisado con una tela azul marino amarrado firmemente a su cintura. Gracias a que sus pechos eran algo pequeños, no tuvo problemas para esconderlos, así que con unas vendas los apretó un poco y simulaba un pecho algo plano.

Los pantalones, según le había dicho el sastre, eran de hombre, pues muchas mujeres del pueblo no pedían ese tipo de prendas, así que sus pantalones de lana marrón oscuro le quedaban algo holgados. Llevaba puestas unas sandalias de madera, y había envuelto sus pantorrillas con unas cintas azules. Y finalmente, había cortado su cabello. Al llegar al templo hace unos días, el largo de su cabello le llegaba casi por debajo de las orejas. Unos cuantos metros antes de entrar esa mañana, vio un lago cristalino por el camino. Llevaba un cuchillo escondido entre las ropas y entonces con él empezó a cortarse cuidadosamente el poco cabello que tenía, mirando su reflejo en el agua del lago para no cortarse de más. Ahora con su nuevo corte de cabello, fácilmente podrían hacerla pasar por un muchacho joven, menudo y despeinado, con cara de muñeca.

Todos estaban impresionados con la nueva apariencia de Kuai. -Lamento no haber avisado antes, fue algo que sentía que era necesario…- les dijo algo apenada, bajando la cabeza. De pronto todos la rodearon y la invadieron de preguntas sobre dónde había y estado, y si se había hecho algún daño. Todos estaban muy preocupados. Kuai se disculpó tantas veces como pudo, hasta que pudo notar que todo volvía a la normalidad.

Pasaban las horas, era mediodía, y toda la mañana se la había pasado entrenando, tratando de acostumbrarse a su nuevo cuerpo. Se sentían tan ligera que a veces sentía que sus movimientos, los golpes que daba, los hacía muy rápidos. No lograba concentrarse, había veces que incluso casi caía al suelo por dar una patada al aire. Obvio eso le molestaba mucho, pero trató de calmarse un poco y decidió ir a relajarse al jardín de la parte de atrás del templo principal, bajo un enorme árbol.

Caminaba pensativa por los corredores empedrados. Por cada paso que daba, el cinturón de tela azul se comenzaba a aflojar y a caer, y tenía que volverlo a amarrar más fuerte. Mientras caminaba sin mirar al frente, chocó accidentalmente con alguien y dejó caer su cinturón. -¡Lo siento mucho!- logró decir, pero después de darse cuenta quién resultaba ser la persona con quien se había topado, cambió a una expresión algo seria. –Ah, eres tú… no te había visto…- dijo mientras se peinaba el cabello hacia atrás.

-Sí, lo sé. Creo que yo tampoco vi que venías.- le respondió. Llevaba su máscara puesta ese momento, y solo sus ojos blancos estaban descubiertos. Mucha gente evitaba mirarlo fijamente a los ojos, pues se sentían algo intimidados, pero Kuai nunca había tenido miedo de mirarlo.

-Estaba arreglando mi maldito cinturón…- pronto se dio cuenta que ya no lo tenía en sus manos. Bajó la cabeza y vio que el cinturón de tela estaba entre sus pies. –Ahí está- exclamó al verlo y se dispuso a recogerlo.

-No, descuida…- dijo Hanzo, poniendo su mano en el hombro de Kuai, y se agachó rápidamente a recoger también el pedazo de tela. –Yo puedo solo, gracias.- dijo Kuai, tomando un extremo del cinturón, y se puso de pie. Luego se dio cuenta que Hanzo también había tomado el otro extremo de la tela azul. Ambos rieron al darse cuenta de la situación. –Creo que esto es tuyo- le dijo Hanzo entre risas entregándole el otro extremo del cinturón.

-Sí, gracias… No tenías por qué agacharte-

-Fue pura cortesía-

-Claro…-

Kuai se pasó la tela por la cintura y le hizo un nudo al frente, amarrándolo con fuerza. –No, no. Con ese nudo siempre se te va a caer, mejor haz esto…- Hanzo desamarró el nudo que había hecho Kuai y volvió a hacer otro, algo complejo pero con mejores resultados. –Listo… ya no debería soltarse tan fácil…-

-Gracias- dijo Kuai en tono amable

-¿No deberías estar practicando?

-Lo estaba. Pero creo que aun necesito acostumbrarme este cuerpo.- Kuai miró con algo de tristeza sus brazos, esos brazos cuyos músculos enormes lo enorgullecían tanto ahora se habían ido. Sus brazos eran más delgados a como los recordaba. –Como sea, iré a descansar un poco en el jardín.- Pero se detuvo antes de preguntarle algo. No sabía por qué, pero sentía que era una obligación preguntarle si deseaba acompañarla al jardín. Tal vez solo por cortesía… o realmente quería que la acompañara…

–Iré a ver más el lugar- dijo Hanzo –Hasta luego.- Y caminó lejos de ella para seguir su camino, pero apenas había dado unos cuantos pasos, la voz de Kuai lo hizo detenerse.

-¡E-espera!- le gritó –Uhm… ¿no quieres acompañarme?- Hanzo se dio la vuelta y la miró algo confundido. Kuai, como a él, usualmente le gustaba estar solo, así que esa pregunta lo tomó algo desprevenido.

-¿Por qué?- le preguntó extrañado

-No sé…- Kuai dijo, encogiéndose de hombros y cruzándose de brazos -…Solo quiero charlar con alguien… creo-

Hanzo inclinó su cabeza hacia un lado. Era extraño viniendo de Kuai, pero a veces las personas necesitaban charlar con alguien sobre ciertas cosas. –Si eso quieres…- y caminó a hacia ella de nuevo.

-Bueno, si tú quieres venir, claro-

-Anda, vamos.- Hanzo la empujó un poco por la espalda.

Llegaron finalmente al jardín, y se sentaron bajo un árbol que proyectaba una enorme sombra bajo sus hojas. Ambos se sentaron en la hierba, aún algo húmeda por la lluvia de aquella noche, pero no les importó. El aire era fresco y el sol era cubierto por algunas nubes. Aquel jardín era un área amplia de césped verde con una fuente de piedra en forma de pez en el centro del lugar, a los alrededores había arbustos pequeños con florecillas de colores variados y largas enredaderas trepando por las paredes de piedra. El árbol donde los dos estaban sentados debajo se encontraba en una de las esquinas, cerca de otra entrada de piedra que conducía a un camino al interior del bosque, que daba a otro templo escondido en la cima de la montaña.

Ambos se encontraban sentados junto al tronco de aquel enorme árbol. Sin decir nada y gozando del silencio del lugar, interrumpido por aves e insectos que habitaban ahí. Hanzo se había quitado su máscara, revelando su rostro de nuevo, el que no había visto Kuai desde hacía ya tiempo. Fue entonces que Hanzo decidió romper aquel silencio entre los dos. – ¿Y de qué querías charlar?-

-No hay mucho de qué hablar.- le dijo mientras se quitaba una hoja que tenía en el hombro - ¿Tú quieres hablar de algo?

-¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí?

-Si quieres solo un rato y volvemos al templo…- Hanzo soltó una leve risa – No, no…- Dijo él -Me refiero a quedarnos en la Tierra-

-Ah, eso. Pues… lo suficiente para acostumbrarme a mi nuevo cuerpo.

-¿Y eso cuánto tardará?- Hanzo parecía que estaba también algo apurado por ir al Netherrealm y acabar con todo de una vez. Kuai pensó en esa pregunta un momento. –Tal vez unos cuantos días- le dijo –Cuando aprenda a no caer al patear a alguien-

-Creo que debes aprovechar que eres más rápido ahora. Puede darte algo de ventaja.- le dijo Hanzo mientras limpiaba con un dedo las partes de su máscara hechas de lo que parecía ser oro.

-Sí… tal vez pueda funcionar…- dijo Kuai, recargando su cabeza en el tronco.

Las horas pasaban, y ellos seguían platicando de diferentes temas, hablaban de sus experiencias de cuando eran más jóvenes, incluso Kuai preguntó cómo es que Hanzo y Bi-Han llegaron a hacerse amigos. –Pues, verás…- comenzó Hanzo -…Yo era el hijo del líder del clan de los Shirai Ryu en aquel entonces. Era casi tan importante como mi padre. Pero no era muy popular entre los niños del pueblo. No me dejaban jugar con ellos, al parecer tenían miedo de, si alguien me lastimaba o algo, los acusaría con mi padre. A veces deseaba que alguien más fuera su hijo, así podría jugar con los demás…-

-Eso es triste…-

-Lo sé. En fin, un día me les acerqué y pregunté si podía unírmeles. Extrañamente, aceptaron, pero no me importó. Creí que por fin me habían aceptado. Me hicieron sentarme y cubrirme mis ojos, mientras ellos me rodeaban y cantaban, para yo adivinar quién estaba detrás de mí. Terminaron de cantar, me quedé pensando un momento hasta que dije el nombre de un niño, descubrí mis ojos y para mi sorpresa, todos se habían ido.

-¡Qué malvados!-

-Sí… Me sentí tan estúpido en ese momento. Corrí hacia el bosque, tan rápido como pude, hasta llegar a una pradera y me quedé ahí. Estaba tan enojado que tomaba lo primero que encontraba del suelo y lo aventaba lejos. Piedras, palos, lo que sea… Yo no lo había visto, pero tu hermano estaba ahí, justo en ese mismo lugar que yo, y accidentalmente lo golpeé con una roca en la cabeza. Vi que tenía ropas azules, sabía que era un Lin Kuei, pero mientras más tiempo pasaba con él, no parecía tan mala persona como mi padre decía que eran los de su tipo.

Siempre nos veíamos, jugábamos y platicábamos de tantas cosas. Incluso una vez planeamos huir de nuestros clanes y viajar por el mundo, solo nosotros dos, un par de huérfanos aventureros… Pero luego nos descubrieron. Y ya nunca nos volvimos a ver hasta mucho después, cuando yo me volví jefe de los Shirai Ryu y él había subido de rango en el Lin Kuei, y decidimos no atacarnos, ya no habría guerra… después de varios siglos por fin habría paz… Lamentablemente no duró mucho. Y el resto de la historia ya lo sabes.-

Kuai escuchaba con atención su anécdota. Sentía algo de lástima por él. Más por el hecho de que su hermano, Bi-Han, había sido el primer amigo que había tenido. No pudo evitar de nuevo preguntarle algo.

-¿Me consideras tu amigo?-

Hanzo la miró curioso por aquella pregunta.

-No me molestaré si dices que no- Kuai volvió a decirle

-Pues…- dijo por fin -…no eres tan idiota como creí que eras- Ambos rieron por su respuesta.

-Gracias, supongo. Tú tampoco eres tan malo-

-A veces solo tienen que conocerme mejor…-

-Entonces, ¿soy o no soy tu amigo?-

-¿Tanto te importa?

-Solo es curiosidad

-Pues… no del todo… tal vez solo un poco

-Creo que con eso es suficiente para mí- Kuai miró el cielo, casi oscurecía. – ¿Ya es tarde tan pronto?- dijo poniéndose de pie, y estiró su cuerpo un poco. –Hay que volver antes de que entren en pánico y vengan a buscarnos.-

Hanzo hizo lo mismo. Se volvió a colocar su máscara y acompañó a Kuai al templo.

[FIN DEL CAPÍTULO 7]
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Re: Redención

Mensaje por Acero_12 » Mié, 18 Mar 2015, 18:33

No he leído el capítulo 9, pero tengo una duda: ¿leíste los consejos qué te di en Los Malos Fics y Sus Autores? O crítica con respecto a un punto en específico sobre Kuai Liang.

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Mensaje por Viseryon » Vie, 20 Mar 2015, 06:35

Acero_12 escribió:No he leído el capítulo 9, pero tengo una duda: ¿leíste los consejos qué te di en Los Malos Fics y Sus Autores? O crítica con respecto a un punto en específico sobre Kuai Liang.
Si, si leí tu critica, pero la verdad (Como te pudiste haber dado cuenta) estoy haciendo un vil copypaste de este fic, pasandolo sin editar absolutamente nada para que se enojen, rian, burlen, confundan un rato con el horrendo OOC y la tonta trama para hacer un ridiculo ship...

incluso como autora de esto, se que es una reverenda cagadilla acaparadora de tiempo y espacio, y no me duele admitirlo. Puedo escribir cosas mejores (eso creo... no realmente) pero quiero acabar esto y ya, seguir con la historia que realmente quiero publicar y no he podido por esta idea tonta que se me ocurrio hace 3 años... En fin... a algunos al parecer les gusta y la razon fue porque creian que la trama terminaria en una relacion homosexual ...[sighs]... en fin... El punto fue: solo copypaste, no edits, fuck everything
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Re: Redención

Mensaje por Error Macross » Mié, 25 Mar 2015, 05:46

¿los malos fics y sus autores?, demonios, como odio esa pagina.

Bueno, el capitulo no me dijo mucho, todo muy largo para que al final no pasara casi nada, la relacion entre Hanzo y Kuai es lo unico que digamos avanza, y ese punto dentro de todo me parece realista y bien contado, lo demas tambien esta bien contado, solo que bueno, ya dije que mucho no pasa.
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Re: Redención

Mensaje por Viseryon » Lun, 30 Mar 2015, 09:33

[Voz de anunciador de infomercial]
¡PERO ESPERA! ¡¡AUN HAY MÁS!! (?) Pues sí, hay más de esto y seguirá habiendo por un rato... Preparen sus bolsas para vómito, pues les espera algo que puede... ugh como sea, solo leanlo, por favor...

Enjoy~


Capítulo 8
Como la última vez


-Partiremos en tres días.- dijo Kuai seriamente, poniendo sus manos sobre la mesa de piedra. Todos sus compañeros la miraron asombrados por su respuesta, habían tratado esta discusión por casi hora y media, pero aún no llegaban a una conclusión clara y satisfactoria para todos. Tres días era muy poco tiempo ya que Kuai todavía estaba en recuperación por sus heridas, además de su transformación.
-¿Estás seguro de esto?- dijo Sonya, algo preocupada.
-Mucho. Ya hemos perdido bastante tiempo por mi culpa, y no pienso perder más. Si no detenemos a Quan Chi a tiempo…-
-Quan Chi te matará apenas pongas un pie en el Netherrealm.- Kung Lao habló con firmeza. -Debes prepararte más tiempo-
-Yo ya estoy preparado.- insistió Kuai –Y con Scorpion como mi compañero, esto no puede fallar.-
-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?- Liu Kang comenzó a hablar, preocupado por su compañero y desesperado por su testarudez –Dijiste que Scorpion intentó salvarte justo antes de que te llevara al Netherrealm. Si no pudieron con él la primera vez ¿qué será diferente entonces?-
-Scorpion me entrenará. Él, mejor que nadie, conoce a Quan Chi y todos sus trucos.-
-¿En tres días?- Kuai miró al monje, desafiante. Ella estaba dispuesta a pelear con Quan Chi con poco tiempo de preparación previa.
-Prepararte para esta pelea debe llevarte meses, cryomancer…- Nightwolf tomó la palabra, colocado frente a ella, al otro lado de la mesa, con los brazos cruzados y mirándola a los ojos –No podemos permitir que arriesgues tu vida de esa forma-
-¿Entonces cuánto tiempo me aconsejan?-

Todos se quedaron en silencio, pensando, rascándose las cabezas y calculando cuánto tiempo sería el apropiado.
-1 mes o 2…- dijo Jax –No es mucho tiempo pero es suficiente para que te prepares bien…-
Los guerreros que rodeaban la mesa de piedra se miraron unos a otros, y asentían entre sí con la cantidad de meses propuestos por Jax Briggs, y finalmente dirigieron su vista a Kuai, esperando su aprobación.
-Dos meses a partir de mañana…- dijo por fin, Kuai Liang –Ni un día más, ni un día menos- Y con eso se retiró del lugar, dando por terminada la discusión.

--
Hanzo esperaba paciente fuera del templo, recargando su espalda en la pared y revisando el filo de su kunai con su pulgar, que soltaba leves destellos por el reflejo de la luna sobre el metal. Notó que Kuai ya había salido de su reunión y rápidamente se dirigió a ella, aun con su arma en la mano. -¿Qué acordaron?-
-Dos meses- dijo sin rodeos.
-Me parece suficiente
-¡Es mucho tiempo!- Kuai sentía que la desesperación la invadía de nuevo –Les dije que tres días serían suficientes pero no quisieron…-
-¿Tres días? ¿Estás loco?- la interrumpió, no pudiendo evitar soltar una carcajada –Tres días no son nada, tratándose de Quan Chi
-Eso mismo trataron de decirme…
-Hicieron bien
-Y tú me entrenarás.- Hanzo se detuvo en seco y casi deja caer su arma al suelo por tal sorpresa. -¿Yo?- preguntó incrédulo. –¿Eso fue lo que decidieron ellos también?-
-No- dijo –Yo lo hice
-¿Por qué?
Kuai se dio la vuelta para verlo frente a frente, y dijo, cruzándose de brazos -¿Quién mejor que tú conoce a Quan Chi? Debes conocer sus estrategias de pelea, lo que usualmente usa cuando combate- Pero Hanzo se quedó callado y apartó la vista de ella. Kuai esperó su respuesta pero no obtuvo más que silencio de su parte.
–Lo sabes ¿cierto?-
-Peleaba a su lado, pero nunca lo vi entrenar o pelear solo… conozco pocos de sus movimientos pero, tratándose de él, es muy impreciso lo que haga.-

Kuai no dijo nada; se hizo el cabello hacia atrás con las dos manos y las dejó encima de su cabeza. Había tomado una decisión sin haberlo consultado, pero con lo poco que sabía, sentía que seguía siendo la mejor opción. Suspiró y bajó sus manos –Si no quieres ayudarme a entrenar, lo entenderé-
-Solo te decía que no sé muy bien sus movimientos, Kuai-
-¿Entonces me ayudarás?-
Hanzo guardó silencio un momento, y asintió. Dirigió su camino hacia la habitación que le habían proporcionado, y mientras se alejaba, Kuai lo escuchó decir: -Empezaremos mañana temprano-.
--

Era mediodía. Kuai estaba sentada de piernas cruzadas en medio de la arena principal de la Academia, meditando en soledad y con calma. Sin embargo, no estaba del todo sola. Sentía el calor, la presencia de otro ser alrededor de ella, que la observaba detenidamente. Ella lo sentía a él acercarse rápidamente, con un arma empuñada en su mano dirigiéndose a su cuello, lo evadió con velocidad y se puso de pie, viendo de frente a su atacante.

El volvió a desaparecer con la misma rapidez con la que apareció, y nuevamente volvió, pero ahora atacando desde arriba. Kuai rodó por el suelo, esquivando a su agresor que desaparecía y reaparecía varias veces de diferentes maneras, hasta que al fin decidió ella responder y decidió congelar el sitio en donde intuía que su atacante aparecería. Pero mejor esperó. El salió de nuevo de la nada y ella nuevamente lo evadió, y congeló sus pies al suelo, dejándolo inmóvil; corrió hacia él y de una patada en el pecho hizo que el hielo se rompiera y su contrincante saliera disparado lejos de ella. Pero él no se rindió ahí, y volvió a atacarla, corriendo hacia ella y ella a él, encontrándose con golpes, patadas, gritos y bufidos.

Él la hizo retroceder con un rodillazo en el estómago, y al estar separados, volvió a desaparecer. Kuai respiraba con dificultad y trataba de recuperarse lo antes posible, prepararse de nuevo para el ataque. Pero cuando por fin había recuperado el aliento, una cadena le rodeó el cuello impidiéndole respirar de nuevo. Debía responder rápido, pensar, huir de la escena; tomaba la cadena con ambas manos y por fin pensó. El hielo comenzó a surgir de sus manos, congelando la cadena en su cuello, cuando entonces, con un fuerte movimiento en sus manos, ésta se rompió en miles de fragmentos de metal congelado, dándole la oportunidad de escapar, no sin antes golpear a su atacante en el rostro con el codo, aturdiéndolo un momento.

Ella fue ahora quien decidió atacar, antes de que el otro desapareciera otra vez. Tomó ventaja y se lanzó a él, con hielo en sus manos y un grito de guerra. El reaccionó y se desvaneció antes de que Kuai lograra hacerle algún daño, y reapareció lejos de ella. Comenzó a lanzarle objetos en llamas, y Kuai los evadía uno a uno, solo rozando su cuerpo, logrando llegar a él deslizándose entre un camino de hielo, que dejaba afilados picos a su paso, y golpeó a su enemigo con un puñetazo en la quijada haciéndolo caer y soltar su arma, que quedó a un lado de él.

Él vio su arma, e intentó tomarla, pero un pie pisando fuertemente su muñeca lo detuvo en seco. Ambos se quedaron quietos, así como estaban, mirándose a los ojos. –Lo hiciste bien.- le dijo Hanzo esbozando una sonrisa detrás de su máscara. Kuai, al escucharlo, también sonrió –Gracias- le dijo.
-Pero te faltó algo importante-
-¿Qué?
-Matarme.- Kuai alejó su pie de la muñeca de Hanzo, que aún se encontraba en el suelo, y lo miró con confusión. –No voy a matarte.-
-Entonces yo podré a hacer esto- y desapareció de su vista en una ráfaga de cenizas y fuego, reapareciendo rápidamente sobre ella, haciéndola caer con brusquedad y gran fuerza, y con el filo de su arma presionado contra su cuello. Lentamente rozó su cuello de un extremo a otro, sin hacerle daño, pero dejándole una leve marca en su piel, -Schhhhhhh…- Hizo un sonido mientras movía su arma en su cuello –Ahora estas muerta.-

Al decir esto, se levantó, guardando su arma en el cinturón, y le ofreció una mano a Kuai para ayudarla a levantarse. –Eso fue trampa- se quejaba mientras se ponía de pie.
-¿Crees que Quan Chi se rendiría tan fácil? Debes acabar con él cuando tengas la oportunidad de hacerlo, no pierdas tiempo. Haz algo mal y te costará muy caro, créeme.- Kuai Liang lo escuchaba con atención a lo que decía, cada consejo que le daba era vital. –Aprovechar las oportunidades- repitió en voz alta
-Exacto.-

Ambos habían terminado de entrenar por ese día. Pero Kuai se quedó viendo algo que le resultaba extraño –Hanzo…- lo llamó desconcertada -¿Qué es eso?- señaló una de las montañas que estaba a lo lejos, y él dirigió su vista a ellas.
–No veo nada.- dijo extrañado.
De un momento a otro, Kuai tomó el kunai de su cinturón, lo pateó por detrás de la rodilla con la fuerza suficiente para hacerlo caer. Se colocó sobre él y clavó el arma a escasos centímetros de su rostro y le sonreía de una forma algo traviesa. –Estás muerto.- le dijo para después echarse a reír
– ¡Siempre atento, Hasashi!- le hizo recordar, al mismo tiempo que desenterraba el kunai, dejándolo tirado a un lado de él.
–Ahora, eso fue trampa- le dijo con seriedad.
-No, no lo fue- Kuai lo ayudó a ponerse de nuevo en pie
-¡Me engañaste!-
-¿Crees que Quan Chi se rendiría tan fácil?- Hanzo no dijo nada más después de eso. Kuai parecía aprender rápido, y eso era bueno.

Los días que siguieron fueron iguales, Hanzo le aconsejaba a Kuai sobre cómo pelear contra el hechicero; imitaba alguna de sus tácticas de pelea como caer de improvisto por encima de ella, apareciendo y desapareciendo, hacía que lo esquivara y tratara de golpearlo. Al principio, al momento de simular las peleas, Kuai siempre terminaba de cualquier forma en el suelo y con los pies de Hanzo en su espalda o en su cabeza. Sentía que era algo difícil, pero ya se lo esperaba.

–Quan usa mucho los portales y ataques sorpresa…- le decía –Sin olvidar el control mental, así que trata de mantenerte alejado de él- Hanzo la asesoraba con todo lo que sabía, recordaba alguna que otra estrategia que había visto de él antes. En los entrenamientos, algunas veces le lanzaba objetos para simular cuando lanzaba cráneos de aura verde a sus enemigos. La ayudaba a mejorar su movilidad y aprovechar su rapidez, gracias a su cuerpo pequeño. Así pasaban los días, que llegaron a convertirse en semanas, acercándose más y más al día definitivo, cuando irían al Netherrealm y ahí la suerte decidiría su destino, si los días de entrenamiento habrían valido la pena. Si todo aquello lo había valido.

Y así como pasaba el tiempo, la relación entre Kuai y Hanzo se estrechaba cada vez más, aun hablándose como si se odiaran, pero cuando todo estaba tranquilo se les veía sonreír, y de vez en cuando hasta reírse de sus propios chistes. Siempre se les veía juntos, y ya no solo entrenando. Los compañeros de la cryomancer comenzaban a sospechar de algo entre ellos dos, pero no se atrevían a preguntar, así que prefirieron dejar que las cosas pasaran y que ocurriera lo que tuviera que ocurrir.

--

Había pasado ya un mes y dos semanas del segundo. Kuai se había puesto más fuerte desde la primera vez que llegó a la Academia con su nuevo cuerpo.

Media luna se asomaba sobre la tierra en un manto oscuro y lleno de estrellas. Kuai y Hanzo se encontraban charlando como siempre a solas, en una terraza fuera de la habitación de Kuai. La vista de balcón daba a las montañas, donde a veces las nubes cubrían las puntas de aquellos gigantes pareciendo un manto blanco sobre ellos. Pero esa noche no había nubes blancas, eran grises o negras, y la luz de la luna no iluminaba lo suficiente para hacer resaltar tal belleza en la oscuridad. El ambiente era el de siempre, calmado y solo el ruido de los animales se escuchaba a lo lejos.

Kuai estaba sentada sobre la orilla del barandal, mientras que su compañero, a quien ahora lo llegaba a considerar incluso un amigo cercano, se encontraba recargando sus brazos en el barandal, ambos admiraban el paisaje nocturno que los rodeaba, después de otro cansado día de entrenamiento.
-Hablé con Sonya y dijo que su dispositivo de portales funciona y nos podría ayudar con el viaje, así que ya tenemos otra opción si nos atrapan en el Netherrealm- Kuai bromeó, mientras columpiaba los pies.
-¿Raiden estará ahí cuando partamos?-
-Tengo entendido que sí.- lo volteó a ver, arqueando una ceja. -¿Por qué?-
-Solo quería estar seguro…-

Volvieron a quedarse callados, apreciando el ambiente y nada más. -¿Sabes?- dijo entonces, después de un rato pensar. –Creo que será algo extraño volver a ser hombre… apenas me estaba acostumbrando a este cuerpo y…-
-¿Te estas retractando de ir?- Hanzo rió un poco
-¡No! Yo solo decía… Olvídalo, no entenderías-
-Claro que lo entiendo. Y sí, es posible que te sientas extraño al volver a ser quien eras- Hanzo miró el rostro de su compañera, pensativa y melancólica, e incluso algo asustada. –Casi olvido cómo era mi vida antes de todo esto- la escuchó decir en voz baja, como si no quisiera que nadie más la escuchara.
-¿A qué te refieres?- Pronto Kuai volteó a verlo, sorprendida por la pregunta, no esperaba que la oyeran. -¡A nada! Creo que pensé en voz alta, no es nada- agitó su cabeza y se acomodó el cabello un poco, que ya le había crecido unos cuantos centímetros desde la última vez que lo cortó.

-Bien…- dijo él continuando observando el lugar, pero pronto un recuerdo lo exaltó. -¡Ah, cierto! Casi lo olvido- exclamó irguiéndose y dirigiéndose hacia Kuai –Tengo algo para ti-
-¿Para mí?- Kuai bajó del barandal. Hanzo pudo notar un extraño y leve brillo en sus ojos cuando lo escuchó decir eso -¿Es un regalo?- dijo Kuai con una leve sonrisilla en sus labios. En ese instante Hanzo supuso que a Kuai le gustaban los regalos.
-Algo así- le respondió –Solo espera, iré por el- y se marchó rápidamente del lugar y se dirigió a su habitación.

Buscó entre sus cosas una caja de madera hecha a mano, con bisagras de cobre. Cuando por fin la encontró, volvió casi corriendo de vuelta hacia el balcón donde estaba Kuai esperándolo, cuando casi llegaba de repente se detuvo en seco antes de entrar a la habitación. ¿Por qué se sentía tan emocionado por entregarle esto a Kuai? Pensaba. “Quiero ver su expresión cuando lo abra”. Nunca se había sentido tan… ¿emocionado?... Tan emocionado por hacer algo así antes… Excepto…

Hanzo se incorporó, tomó aire, y sin prisas ni apuros, abrió la puerta de la habitación y se encaminó con pasos normales hacia su amiga que lo esperaba afuera. –Aquí está- le dijo mientras le entregaba la caja. El rostro de la chica parecía iluminarse al tener la caja en sus manos, con una gran sonrisa y sus ojos bien abiertos. Se veía tan boba que le causaba mucha gracia.
-¿Qué es?- le preguntó ansiosa, agitando la caja y escuchando lo había en su interior
-Ábrelo y sabrás- Hanzo pronto se dio cuenta que, mientras la veía abrir su obsequio, él sonreía casi de la misma tonta forma que ella. Pero parecía no importarle.

Kuai levantó la chapa que aseguraba la caja, sin necesidad de llaves o seguros, y lentamente la abrió. Lo que estaba en su interior la tomó muy por sorpresa y pronto su sonrisa desapareció, al igual que la de Hanzo al ver su reacción… no era lo que él esperaba.

Kuai miró un momento a Hanzo y rápidamente bajó la vista de nuevo al objeto en sus manos. –Hanzo…- dijo quedamente, poniendo la caja sobre el barandal a su lado sacando lo que contenía: Una máscara azul. Su máscara azul. –...Esto es…- su voz parecía quebrarse mientras sostenía su máscara. -¿De dónde sacaste esto?-

Hanzo sintió un nudo en el estómago, no sabía si esto era bueno o malo para ella. Su rostro no parecía feliz, o sorprendida, o algo similar, ni siquiera en su tono de voz lo simulaba. Tragó saliva y al fin respondió: -Cuando te raptaron… lo encontré roto en el suelo. No sé por qué lo conservé, pero…-
-Esto…- lo interrumpió sosteniendo la máscara con ambas manos -…esto significa tanto para mi… no tienes idea- Una sonrisa apareció en su rostro, y con la leve luz de la luna se reflejaba el brillo de las lágrimas formándose en sus ojos.
-¿E-en serio?- Hanzo estaba aliviado, pero confundido.
-Sí… Esto no es solo una máscara, Hanzo. Esto es mi pasado, lo que era y lo que seré siempre. Algo que creí haber olvidado y también creí haber perdido para siempre... Pero lo has recuperado…- Pronto Kuai se dio cuenta que lloraba, y rápidamente se secó las lágrimas con el dorso de la mano, y soltó una risilla que se mezclaba con un sollozo –Gracias-

Él también rió, aliviado, y no pudo evitar limpiar con su pulgar una lágrima que se había escapado de uno sus ojos y rodaba lentamente por su mejilla –Creí que ya no ibas a llorar en frente de mí…-
-No me pude controlar…-

Ambos se miraron sin decir palabra alguna. Él aun con su mano acariciando su rostro y ella sonriendo agradecida. Hanzo sintió algo que creyó jamás sentiría de nuevo. La necesidad de proteger y hacer feliz a alguien. De tener a alguien a su lado y jamás, nunca soltarla... eso era…

Acercó su rostro al de él, tímido, pero a la vez decidido. Ella no se resistía… Sintió su frío aliento cerca de sus labios.

Ella dejó caer la máscara.



Se apartó con rapidez, al mismo tiempo que ahogaba un grito; lo había empujado lejos de ella. Kuai miraba con los ojos bien abiertos algo que parecía estar detrás de él. -¿Qué sucede?- preguntó exaltado, y miró hacia atrás, pero no había nadie o algo que pudiera asustar a Kuai de tal forma. -¿Estas bien?- Quiso volver a poner una mano en su rostro, pero ella lo apartó -¡No!- gritó. Parecía que temblaba, pero no sabía cuál era la razón.

El rostro de Kuai pronto se transformó en una mueca de dolor. Se tomaba la cabeza con ambas manos y se quejaba. –Vamos, te llevaré con el curandero…- la tomó por los hombros, intentando hacerla caminar hacia la salida, pero reaccionó de la misma forma que antes. Lo empujó de nuevo lejos de ella, se tambaleaba al caminar, y le pareció que ella estaba a punto de caer violentamente al suelo si no fuera porque se sostuvo del barandal.

Ambos se quedaron quietos un instante. Kuai aún se quejaba del dolor en su cabeza
-¡No! ¡Ya basta!- ella gritaba incontrolable.
Sus piernas pronto comenzaron a ceder, y cayó de rodillas. Escondía su cabeza entre sus piernas, sostenía su cabello de tal forma que parecía que pronto se lo arrancaría del cráneo con todo y piel. En el lugar donde se había sostenido antes de caer, resplandecía un rastro de hielo que comenzaba a derretirse poco a poco. Ella murmuraba algo que Hanzo no entendía; él seguía de pie mirándola sin saber qué hacer.

Todo enmudeció.

Kuai irguió su torso lentamente, levantando la vista de la misma manera hacia donde estaba su compañero que la miraba con mucha preocupación. Su respiración era pesada y profunda. No dejaba de temblar. Trató de ponerse de pie, aun tambaleándose. Hanzo la ayudó al ver lo que intentaba hacer, pero esta vez no lo rechazó. -¿Qué te sucedió?- le preguntó al ver que estaba ya de pie. Pero ella no respondió. De hecho, ni siquiera lo estaba mirando.

Ella se apartó el, sin empujones ni nada de esfuerzo, y se dirigió a la puerta. Ella la abrió lentamente y volteó su cuerpo hacia Hanzo, pero su mirada estaba clavada en el suelo. Levantó su mano dirigiéndola hacia el interior de la habitación –Por favor…- le dijo en una tenue voz -…Sal de aquí y déjame solo- Hanzo pareció hacer caso omiso de aquello, pues no se movió ni un centímetro -¿Por qué no me dices qué…?-
-Lárgate, por favor.- su voz se alzó repentinamente, lo había sorprendido de tal forma que lo hizo sobresaltarse un poco. Esta vez obedeció sin decir más.

Caminó hacia la salida, pero apenas había cruzado la puerta, Kuai lo llamó: -Scorpion…- Él se detuvo al escucharla llamarlo así, después de tanto tiempo llamándolo por su nombre. –…no quiero que vuelvas a dirigirme la palabra a menos que sea necesario… No volveré a entrenar a solas contigo ni a gastar mi tiempo a solas con tu presencia… Y también quiero que sepas que después de esto desaparecerás de mi vida y jamás volveremos a vernos… ¿Quedó claro?- Él siguió en silencio, pero al parecer lo tomó como si aceptara aquella decisión, pues de un fuerte golpe cerró la puerta detrás de él.
---

El día que siguió, los demás seguían con sus labores diarias en el templo. Hanzo pensaba en todo lo que había sucedido la noche anterior con Kuai y seguía preguntándose qué es lo que había pasado… algo muy raro le sucedía y tenía que averiguar qué era. Intentó encontrarla en los lugares que usualmente visitaban juntos, pero no había rastro de ella.

Mientras las horas pasaban seguía sin haber rastros de Kuai por ninguna parte, y sus compañeros comenzaron a preocuparse por lo mismo. Sonya preguntó a Hanzo por ella pero él contestó lo único que sabía –Hablé con ella anoche, pero…-
-Pero ¿qué?- dijo consternada.
-Actuó muy extraña… de un momento a otro se molestó conmigo y ahora no quiere dirigirme la palabra…- Sonya lo miró extrañada, con sus manos puestas en sus caderas y una ceja levantada -¿Le hiciste algo? ¿Qué diablos hiciste?-
-¡Nada! No hice nada… Solo hablábamos…-

Sonya aún desconfiaba de aquel ninja a pesar que fuera amigo de Sub-Zero, no iba a pasar por alto algún asunto que involucrara lastimar o aprovecharse de cualquier manera a sus amigos. Sin decir nada, ella se marchó. -¿A dónde vas?- le dijo Scorpion mientras se alejaba de él
-A aclarar bien las cosas- dijo Sonya.

Llegó hacia donde estaba la habitación de Kuai, y al estar frente a la puerta notó que algo brillante emanaba de las orillas de aquella puerta corrediza. Hielo. Ya había estado ahí varias veces, pero nunca había visto hielo salir de las paredes. Intentó abrir la puerta pero ésta no cedió, así que llamó dándole varios golpecitos. –Kuai, ¿Estás ahí?- pero no recibió respuesta del interior. –Estamos preocupados por ti, abre la puerta, anda…-. Nada aún.

Sonya comenzó a fastidiarse, así que intentó forzar la puerta golpeándola con su hombro, sintiendo que el hielo se rompía y la puerta comenzaba a abrirse. Justo cuando creyó que lo lograba, sintió que la puerta se trababa de nuevo y las paredes se hacían cada vez más frías. Se apartó rápidamente y vio como el hielo cubría la puerta totalmente. -¡Abre la puerta!- dijo dándole una patada al hielo.
-¡Será mejor que te vayas si no quieres que te congele a ti también!- dijo desde adentro de la habitación
-Si no quieres salir, bien, pero solo vine a aclarar las cosas entre tú y…- Antes de mencionarlo, volteó a mirar a Hanzo un momento, pero no se esperó que los demás de pronto estuvieran ahí para ver todo el escándalo que se armaba. Jax pronto se aproximó a donde estaba Sonya. -¿Qué le pasa ahora?-
-No sé, solo se encerró ahí y no quiere salir…-. Jax golpeó con fuerza la puerta cubierta de hielo y lo llamó -¡Hey, sal de ahí! ¿Piensas quedarte ahí encerrado para siempre?-
-¡Quiero estar solo! Váyanse de aquí-
-Solo dinos lo que pasó, Kuai Liang…- la bondadosa princesa edeniana se acercó a donde sus compañeros, intentando dialogar con ella.
-Que Scorpion les cuente. Ahora váyanse.-

Todos lo miraron. Hanzo se sentía tan incómodo y nervioso en aquellos momentos que solo pensaba en huir de ahí y dejar que Kuai lo solucionara todo él mismo. Supo que no era lo correcto, era obvio, y contó todo lo que había ocurrido aquella noche, pero omitió la parte en la que intentó besarla. No quería quedar en ridículo.
-Eso no es muy útil, sinceramente- dijo Liu Kang.
-Lo sé, pero es todo lo que sé, y Kuai no querrá decir qué es lo que la hizo actuar así… Dudo que quiera mencionarles todo esto ahora…-
-¿Qué haremos, entonces? ¿Esperar a que salga por su cuenta?- Jax se cruzó de brazos y apoyó su espalda en la pared.
-No queda de otra, Jax- Sonya le respondió, y después de un silencio incómodo, ella se dirigió a Hanzo aun algo confundida por todo. -¿En serio no le dijiste o hiciste algo que la hiciera…?-
-Ya lo he dicho, Sonya Blade. No volveré a decirlo de nuevo.- El Shirai Ryu ya estaba totalmente agotado de darle tantas vueltas al asunto, y no estaba dispuesto a rogarle de rodillas a aquella Lin Kuei que lo perdonara por algo que creía era inofensivo. Ya estaba harto de tanta palabrería, así que decidió retirarse del lugar, no sin antes posar sus ojos en aquella mujer que lo miraba de vuelta de manera desafiante.
-¿A dónde crees que vas?- ella comenzó a seguirlo –Aun tenemos asuntos importantes que aclarar aquí-
-¿Cómo qué?- se detuvo, pero no volteó a verla.
-El ataque en el Netherrealm.-

Todos se miraron unos a otros, y comenzaron a murmurar. Stryker pronto se le aproximó algo inseguro y le habló en voz baja en el oído. –Uh… ¿no se supone que eso lo trataríamos más tarde?-
-A como se encuentra Sub-Zero ahora, creo que es el momento adecuado para hablar de esto.- Y con eso último, Stryker solo frunció los labios y guardó silencio, dando unos pasos hacia atrás y volviendo al lugar donde estaba.
-¿Qué hay con eso?- Hanzo retomó el tema.
-Es una estrategia que queríamos tratar con ustedes.- Sonya hizo un ademán con su mano, indicándolo que siguiera hasta la puerta congelada del cuarto de Kuai Liang. Detrás del ninja los demás los siguieron. Al pararse frente a la habitación, Sonya tocó la puerta tres veces y la llamó:
-¿Kuai? Toca dos veces si puedes escuchar lo que decimos.- Y esperó su respuesta. De nuevo hubo un silencio en el lugar hasta que dos leves golpecitos provenientes de aquella habitación se hicieron escuchar.
-Bien…- suspiró.

-Estuvimos analizando la situación y, con este tiempo que han estado aquí, no sabemos muy bien que tan fuerte sea ahora Quan Chi… Y qué tan seguros estarían ahí encerrados en el Netherrealm-
-¿A qué quieres llegar, Blade?- dijo Hanzo con seriedad. El creía saber lo que venía.
-Con todo el equipo ahí, hay más probabilidades de ganar-
-¿Irán con nosotros?- no estaba muy seguro de aquella decisión que habían tomado.
-¡Claro!- Johnny intervino –Solo imagínate, Quan Chi solo estará esperándolos a ustedes dos, pero entonces cuando nos vea a todos llegar ¡Boom! Se orinará en los pantalones apenas nos vea.-
-Quan Chi puede incluso que sea más poderoso que todos nosotros juntos…-
-Por eso hay que organizarnos bien. Planeando una buena estrategia en equipo, nuestra victoria estaría asegurada.- Liu Kang, el guerrero Shao Lin, habló por todos. –Solo es que ustedes dos estén de acuerdo para empezar-

Lo pensó un momento. Analizando cada cosa que habían dicho, y al parecer estaban en lo correcto. Nueve guerreros contra posiblemente 3, contando a Bi-Han de su lado, no cabía duda que con esta estrategia la batalla se ganaba sola. –Muy bien.- dijo después de soltar un gran suspiro. –Solo es cuestión de que Sub-Zero acepte también.- alzó la voz para asegurarse que ella lo escuchara, y de nuevo guardaron silencio para estar atentos a la respuesta de su compañera.

No pasó un minuto hasta que de nuevo escucharon dos golpecitos en la pared. Lo tomaron como un sí.
-¡Excelente!- dijo Sonya –Si para mañana Kuai decide salir de su habitación, entonces podremos empezar a planear todo-
Todos estuvieron de acuerdo y se retiraron del lugar.

Hanzo se sintió aliviado de que por fin todo terminara.

--

Hanzo nunca se había sentido tan agotado en todo el tiempo que llevaba siendo un espectro. Tantas cosas en qué pensar, tantos asuntos que retomar, tantas cosas que planear. Cerrar sus ojos y despejar su mente de todo aquello supuso que lo haría feliz, y apenas anocheció, se despojó de su armadura y fue a acostarse en su cama. Nunca había deseado dormir tanto como aquella noche. Lentamente fue quedándose dormido y todo en su cabeza se nubló.

No sintió el tiempo pasar, sintió que apenas había cerrado los ojos cuando escuchó que la puerta de su cuarto se cerró. Se levantó apurado y miró a todas partes. Todo parecía normal, cuando de pronto vio algo que a simple vista no distinguió. A su lado estaba un objeto envuelto en una tela vieja y amarillenta. La tomó y le quitó la tela de encima. No podía creer y no entendía qué hacía la máscara que le había dado a Kuai aquella vez…

-Kuai…- murmuró, y rápidamente intentó ponerse de pie, resbalando con las sábanas y sintiendo otra cosa debajo de aquellas. Las apartó rápidamente para darse cuenta que era un pedazo de pergamino. Una nota. Supuso que también Kuai la había dejado. No leía bien lo que la nota decía, así que se acercó a la ventana dejando que la luz de la luna lo ayudara a descifrar lo que Kuai había escrito.

“Por lo que más quieras, Hanzo Hasashi, no intentes seguirme. No te prometo que estaré bien, pero Kuai Liang regresará sano y salvo con ustedes. Es por el bien de todos ustedes. Lo lamento.”

No lo entendía. No sabía qué quería decir con todo aquello. ¿Kuai Liang regresará?



Salió de prisa de la habitación, corriendo desesperado por los pasillos, llamándola a gritos por el nombre con el que siempre se refirió a esa mujer. Fue primero a su habitación, la puerta estaba cerrada pero bajo ella estaba un charco de donde el hielo por fin se había descongelado. Abrió la puerta, viendo solo con la ayuda de la luz del pasillo, pero no había nadie ahí. Se había ido. “No intentes seguirme. Kuai Liang regresará.” Las palabras resonaban nuevamente en su mente.

-La máquina…- se dijo. Aquella máquina que las Fuerzas Especiales, en donde Sonya y Jax laboraban, habían creado en sus laboratorios especializados, después de que la Tierra sufriera constantes ataques de otros mundos, aquellos dos agentes eran los únicos permitidos de poseerla y usarla con responsabilidad. Kuai iba hacia ella. Sabía que lo haría.

De nuevo, corrió apresurado al templo donde tenía la máquina de portales. Rezaba a los dioses por llegar antes de que se fuera. Salió del edificio donde todos dormían, y corrió al templo principal, que era donde lo tenían guardado. Cuando llegó, notó que la enorme puerta estaba abierta y del interior brillaba una luz verde. – ¡Carajo, Kuai, no!- gritó, y entró corriendo al templo, empujando con fuerza la puerta de la entrada.

La vio de pie frente al portal, justo antes de que entrara en él. -¡Detente!- exclamaba mientras corría hacia ella. Kuai, la mujer frente al portal, volteó con una expresión de tristeza en su rostro, pero no dijo nada. Alzó una mano, dirigiéndola a la máquina de portales, y el hielo salió disparado de ella. Las chispas y el humo comenzaron a saltar de aquel artefacto, junto con extraños sonidos. El portal parecía debilitarse.

–Adiós, Hanzo- fue lo último que dijo justo antes de entrar al portal, que segundos después, con un haz de luz, éste se cerró justo delante de Hanzo.

Como la última vez.

[FIN DEL CAPÍTULO 8]
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Error Macross
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Re: Redención

Mensaje por Error Macross » Lun, 30 Mar 2015, 16:06

Al fin paso lo que ya pensaba que pasaria hace como 30 capitulos (y eso que este fic todavia no tiene tantos), pero bueno, Kuai se fue, y supongo que Scorpion se ira solo dejando fuera a todos esos personajes de MK que solo estaban para tirar comentarios medio colgados o aparecer en escenas con mucha gente.

Bueno, la construccion total de la relacion entre Hanzo y Kuai se ve bien hasta este capitulo, me genero algunas dudas sobre sexualidad, porque como que muestra que la atraccion parte mas que de una razon emocional del hecho de que la persona te atrae fisicamente, ya que si esto se hubiera dado con Kuai siendo hombre, posiblemente no hubiera mutado a esto (o si, y tendriamos Yaoi).

Y se tiran las primeras puntas de cosas que yo ya se porque alguien me spoileo (no dare nombres, pero esa persona ya lo sabe).
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Re: Redención

Mensaje por Viseryon » Mar, 31 Mar 2015, 09:19

Surprise bitch

Ahora si se van a tener que esperar mas por el cap 10 porque sigue en progreso (creo que sí llevará algo de tiempo, aunque no lo creo...)


Capítulo 9

La verdad


Él estaba ahí de pie a un lado de la máquina, echando humo y chispas, y extraños sonidos que poco a poco se apagaban, y solo el hilo de humo permanecía, elevándose y desapareciendo. Tenía la nota en su mano, la nota con las últimas palabras de Kuai Liang, o más bien, de la mujer que se hizo llamar Kuai Liang. Todo fue muy confuso en ese momento, pero solo estaba seguro de una cosa… debía ir tras ella.

Se escuchó la puerta del templo abrirse de golpe, varias pisadas hicieron eco en el lugar, voces murmuraban entre sí, haciendo preguntas, "¿Qué ha pasado? ¿Qué es este escándalo?" Pero Hanzo solo estaba ahí, de pie, con el pergamino arrugado en sus manos.

-¿Qué significa esto, ninja?- la voz de Liu Kang demandaba, se le escuchaba disgustado

-¡Mi máquina!- los pasos ligeros de una mujer se acercaron al artefacto descompuesto al lado del Shirai Ryu. -¿Qué carajo pasó aquí?- Sonya se puso frente a él, sin duda estaba furiosa, pero él no respondió. -¿Te das cuenta cuánto tardaremos en repararla? ¡Y ni hablar de cuánto nos costará!- volvió a decir, señalando la máquina descompuesta.

-Yo no hice esto…- por fin respondió el ninja –No sé si te has dado cuenta, pero yo no creo hielo-

-¿Sub-Zero hizo esto?- dijo sorprendida después de fijarse mejor en su máquina -¿Por qué haría algo así?-

Sin decir palabra, le dio la nota que Kuai dejó en su habitación. Sonya la leyó atentamente mientras se alejaba de él. Hanzo se dio la vuelta y se dio cuenta que varios monjes y los otros guerreros también estaban ahí, la máquina había hecho mucho ruido al descomponerse que llegó a despertar a la mayor parte de la Academia. La expresión de la agente había cambiado radicalmente de iracunda a extrañada, mientras leía en voz alta lo que venía escrito.

-"…Kuai Liang regresará sano y salvo con ustedes…"- citó –Entonces ella…- Sonya miró a sus compañeros, analizó el rostro de todos, e igualmente nadie creía lo que estaba pasando.

-Es una impostora- finalizó Liu Kang, tomando la nota de las manos de su compañera y la observó detenidamente. –Seguramente Quan Chi la envió a matarnos- Todos se miraron, algunos estuvieron de acuerdo con el guerrero, pero otros aún tenían sus dudas, o eso se reflejaba en sus rostros.

-Debo decir que fue un plan astuto- Cage comentó –Y, claro, hubiera funcionado de no haberse enamora… nada… no dije nada.- terminó cruzándose de brazos y apartando la vista de los demás, en especial del espectro.

-¿Quiere decir…- Kitana se apresuró a hablar después – que Quan Chi tomó a una mujer y la obligó a hacerse pasar por Kuai Liang?-

-Nadie puede aprenderse la vida de una persona tan rápido, le llevaría años aprenderse al menos una parte- Jax respondió

-Tal vez lo tenía planeado desde hace tiempo- Kung Lao interfirió –Lo suficiente para aprenderse lo más importante de su vida-

-No.- Hanzo habló por fin, acercándose lentamente al grupo que trataba de encontrar la respuesta a todo esto –Ella conocía muy bien la vida de Sub-Zero, detalles muy personales casi imposibles de recordar…- Después señaló la máquina que aún echaba humo de algunas partes -¿Y cómo explican el hielo?-

-Tal vez él le dio esos poderes…- Stryker respondió, encogiéndose de hombros.

De nuevo todos especulaban sobre la verdadera identidad de aquella chica, algunos se encontraban molestos y sugerían dejarla ahí en el Netherrealm, otros exigían traerla de vuelta y obligarla a decir la verdad, y si era sirviente de Quan Chi, la usarían para guiarlos hacia él. Era una guerra de voces, todos hablaban al mismo tiempo, "déjenla" "tráiganla de vuelta" "es una impostora" entre otras cosas.

-¡YA BASTA!- Hanzo gritó, haciendo que todos guardaran silencio en el acto. –Ese Nirgromante ya ha tenido suficiente, sea cual sea su plan, debemos detenerlo.- Vio que el monje, Liu Kang, aún tenía en su mano la nota en el pergamino, y se la arrebató, alzándola para que todos la vieran –En este mensaje me indica a mí que no siguiera a esta mujer al Netherrealm…- Apretó el papel con su puño, y lo apartó de la vista de todos

-…Pero yo no soy quién para seguir órdenes. Quan Chi me quiere ver muerto, pero primero quiero verlo intentarlo una vez más… Iré tras esa mujer y se las traeré de vuelta, junto con su verdadero compañero y la cabeza de Quan Chi clavada en mi arpón.-

-Espera, compadre, pero ¿tú solo contra Quan Chi?- Cage intervino –Es probable que esa chica esté muerta ahora, ¿qué te hace pensar que podrás hacerlo solo?-

-Me duele admitirlo, pero Cage tiene razón- Sonya dijo, con una mano en la cintura

-¿Arriesgarían sus vidas estando allá?- Hanzo dijo severamente

-Tal vez, pero no arriesgaríamos nuestras vidas por ti.- respondió Stryker –Si no por nuestro amigo.- Hanzo solo asintió, eso último no le había incomodado, pues sabía que nunc ales había agradado a ellos, y nunca les agradaría. No tenía de qué molestarse. -Si así lo desean, vengan conmigo, entonces.-

Pero antes de que alguno de ellos pudiera decir o hacer algo, un estruendo se escuchó por toda la habitación, relámpagos centelleaban e iluminaban el lugar con una luz blanca y cegadora. De entre aquellas luces, rodeado de electricidad, el Dios del Trueno se hizo presente. Todos lo miraban respetuosos y en silencio, algunos monjes se inclinaron ante él, pero los guerreros no, ellos solo alzaban la vista. –Bueno, ¡Ya llegó Ray a ayudar!- exclamó Johnny con una gran sonrisa.

-¿Qué es todo esto?- dijo Raiden con severidad -¿Planean partir ahora al Netherrealm?-

-Nos han engañado a todos, Raiden…- dijo Kung Lao, bajando la cabeza –En especial a ti-

-¿A qué te refieres, Lao?- preguntó el dios, extrañado.

-Esa mujer, la que se hacía llamar Kuai Liang, fingió todo esto con el fin de entregarnos a Quan Chi y destruirnos…- Liu Kang se adelantó ante él -¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta?- Raiden se puso pensativo.

-¿Tienen pruebas de lo que han dicho?- volvió a hablar

-Me dejó una nota antes de irse- dijo Hanzo, mostrándole el pergamino arrugado

-Dijo que Kuai regresaría sano y salvo con nosotros…- ahora habló Sonya, de brazos cruzados. –Por eso supusimos que todo era una trampa… una trampa que trató de evitar que cayéramos-. Raiden había terminado de leer aquello que Scorpion le había mostrado, y miró a cada uno de los que estaban en la habitación. –Los guerreros y yo tendremos una audiencia, les pido a los demás que se retiren.- Después de la petición del dios del trueno, los monjes hicieron una reverencia y cada uno de ellos se retiraron a sus habitaciones.

La enorme puerta de madera roja se cerró detrás del último monje, haciendo eco en toda la habitación. –Es muy claro que esto fue una trampa bien planeada...- Raiden continuó hablándoles -¿Pero aun así arriesgarán sus vidas por ambos?-

-Ya se lo dije a él antes y lo volveré a decir- dijo Stryker señalando a Scorpion –No haremos esto por la chica, sino por nuestro compañero. No podemos dejar a Sub-Zero al cuidado de esa persona… o cosa, lo que sea. Si es que ella planea cuidarlo-

-El punto es que no nos quedaremos aquí sin hacer nada por nuestro amigo…- Sonya complementó el discurso del oficial.

Raiden examinó sus rostros en silencio, dejando en último a Hanzo, que parecía que era la primera vez que parecía dirigirle la mirada. –En el Netherrealm, mis poderes son bastantes limitados- se dirigió a Hanzo, poniéndose frente a él –Así que, acompañarlos sería algo arriesgado-

-¿A qué quieres llegar?- dijo Hanzo con frialdad

-En tus manos dependerán las vidas de los guerreros que lleves al Netherrealm… Te aconsejo que hagas tu elección con sabiduría.-

-¿O sea que no irás?- Sonya habló

-Así es

-¿Y cuántos de nosotros iremos con él?- Preguntó Kung Lao, aproximándose al Dios del Trueno

-Esa será decisión de Scorpion, por eso le aconsejo que lo piense bien.-

Parecía algo fácil. Escoger a los mejores guerreros para que lo acompañaran. Aunque si lo hacía, corrían un gran riesgo de que sus almas pudieran quedar atrapadas por siempre en el infierno si fallaban, y sobre sus hombros cargaría una responsabilidad aún mayor. Pero tampoco no podía limitarse a escoger a lo más débiles. Raiden tenía razón, su elección debía ser sabia. Pero además…

-Solo aquellos que su corazón haya sido manchado con maldad podrán entrar a este mundo- Hanzo dijo en un tono audible para los demás. –Muy pocos de ustedes podrán venir conmigo-

-Si no logras hacer tu elección, espectro, yo me ofrezco a ayudarte en esta misión.- Nightwolf habló, poniéndose a un lado del Shirai Ryu.

-Yo también iré con ustedes

-¡Jade!- Kitana, preocupada, la tomó gentilmente del hombro

-Es mi deber cuidarla, princesa. ¿Qué mejor que protegiéndola de esta amenaza?- Jade vio en los ojos de su amiga una gran tristeza, y con ese mismo sentimiento, la hizo apartar su mano de su brazo. –Estaré bien- dijo, finalmente, para después volver a dirigir su camino hacia el espectro.

-¿Tú?- preguntó Hanzo, algo sorprendido

-Se ocultan varias cosas en mi pasado, ninja. No dejes que te sorprenda-

-¿Sólo ustedes 3 irán?- Kung Lao señaló –No tendrán ventaja contra Quan Chi…-

-Tienes razón, Kung Lao- Raiden habló -Pero solo puedo otorgarle a uno mi protección en contra del mal que habita en el Netherrealm, y no sea corrompido por él.-

-Entonces permítame acompañarlos, Lord Raiden- volvió a decir el monje

-Kung Lao, eres tan valioso para la protección de la Tierra tanto como lo es Liu, ¿estás seguro que deseas hacer esto?- El monje sólo Shaolin asintió.

–Muy bien.- diciendo esto, tomó su amuleto con el emblema del dragón, y se lo entregó al monje en sus manos. –Esto protegerá tu corazón de las fuerzas del Netherrealm. No lo extravíes.-

Kung Lao se limitó a sonreírle y se encaminó a lado del ninja dorado.

-Si algo sucede, usen el amuleto para pedir ayuda.- El dios del trueno añadió –Pero antes de que partas, Hanzo Hasashi, lleva esto contigo- El dios se aproximó a Scorpion y puso en su mano una botella con un líquido azul verdoso en él

–Si encuentras a Sub-Zero con vida, haz que tome esto. Posiblemente se encuentre débil después de todo este tiempo; esto le ayudará mucho.-

-¿Toda la botella?- Hanzo preguntó, guardándola en un lugar de su cinturón.

-Así es. Ahora partan rápido, y que los Dioses Antiguos los protejan…-

Una luz blanca centelleó detrás de los 4 guerreros, abriéndose en un gran portal de energía blanca y azul. Kung Lao, Jade y Nightwolf entraron en él, no sin antes dar una última mirada a sus compañeros, que esperaban verlos retornar pronto. Hanzo se quedó hasta el último y miró al dios del trueno de pie junto a él. –Intenta traerlo con vida- Raiden dijo, y nada más.

Hanzo volvió la mirada al portal sin decir nada, y lentamente se adentró al portal que lo guió al mundo que lo vio nacer como el espectro vengativo que era ahora. El Netherrealm.

El ambiente de aquel lugar le hacía sentir sofocada, no tanto por el intenso calor de los alrededores, si no por tanta energía maligna que emanaba de todas partes. De alguna forma lo resistía todo. La chica cryomancer había llegado al Netherrealm al fin, sin ningún acompañante que la auxiliara, sin aquel ninja que había prometido hacerlo. Lo hizo por su bien.

"Por su bien y el de todos" repetía lo mismo en su cabeza, así como se repetía que ella no era Kuai Liang… No sabía qué era ni cuál era exactamente su propósito en estos mundos, pero mientras menos supiera de aquello, era mejor para ella. Su prioridad estaba en sacar a Kuai Liang de ahí, donde sea que estuviese, y llevarlo de vuelta a su mundo, donde pertenece. "¿Y qué pasará conmigo?" logró preguntarse en una ocasión. Dos seres iguales no pueden existir en un mismo universo, deshacerse de ella sería lo más apropiado, o eso era lo que pensaba.

Pronto, todo en su mente desapareció cuando sintió que una presencia extraña la envolvía, era algo débil, pero aun así logró sentir algo. –Kuai…- murmuró –Está vivo- se sintió aliviada. Dio unos cuantos pasos cuando, lo que creyó que era la presencia de Sub-Zero, empezaba a desvanecerse; se alarmó. No sabía por qué ocurría aquello, pero si no volvía a sentir su presencia, le sería más difícil encontrar su paradero.

Siguió su camino por un largo tiempo, evitando tener contacto con otros seres del Netherrealm, no debía ser vista por nada y nadie, pues posiblemente serían parte de las fuerzas de Quan Chi. Debía andar con cuidado. La señal de aquella presencia iba y venía de vez en cuando, y seguía sin entender bien qué sucedía. "Si puedes oírme, Kuai, dime dónde estás…" pensaba.

-¡Es ella!- una voz la hizo salir de sus pensamientos una vez más; levantó la vista, frente a ella estaban 3 mujeres vestidas con prendas negras, muy ajustadas sus cuerpos; ninguna reconocible, pero ellas parecían conocerla muy bien. –Ya era hora de que llegaras…- una de ellas, de piel oscura y cabellos blancos se le acercó –Nuestro amo ya esperaba tu retorno desde hace tiempo-

-Debes confundirme con alguien más- la chica de azul respondió con seriedad –Yo no sirvo a ningún "amo"-

La mujer de cabello completamente oscuro se le acercó a la otra mujer por un lado –Nuestro amo te otorgó una misión… ¿Dónde está él?- dijo, amenazante.

"¿Él? ¿Se refieren a…?"

-No sé de quién hablan…- dio unos pasos hacia atrás, alejándose un poco de ellas, pero su cuerpo había topado contra una pared de piedra roja; no tenía salida, no tenía opción. Si le daban lucha, no se rendiría. Si la tomaban cautiva, no cedería tan fácil.

-Kia, Jataaka, basta ya las dos…- dijo la última de ellas, de cabello corto y oscuro, con un mechón blanco que caía sobre su rostro. –No intimiden a la recién llegada-

-El amo nos dio órdenes, Sareena- dijo la que se hacía llamar Kia –Está muy claro ésta pequeña creación suya no ha cumplido su mandato-

"¿Creación?" Sentía que todo empezaba a tener sentido… pero al mismo tiempo se sentía más confundida. -Dinos, ahora, ¿dónde está el desertor?- Jataaka habló, sacando de su espalda una cuchilla en forma de luna, haciéndole alzar el rostro con la orilla del acero. Pero la cryomancer, fuertemente tomó la muñeca de la mujer y el hielo la cubrió rápidamente.

-¿¡Pero qué…!?- reaccionó con sorpresa, recibiendo de la chica un fuerte golpe en el pecho, haciéndola salir proyectada varios metros lejos de todas, raspando su cuerpo contra el suelo rojo del infierno. Tornó su cuerpo hacia Sareena y, tomándola por el brazo, la hizo estampar su cuerpo contra la pared; congelando sus brazos contra éste.

-¡TRAIDORA!- el grito de Kia la hizo sobresaltarse; giró el rostro y la vio con sus armas en mano, dos mazos circulares envueltos de espinas de metal, yendo directamente hacia ella, pero logró esquivar su golpe, haciendo que una de sus armas se clavara en la pared donde la tenían acorralada. Pero ahí no se rindió, Kia siguió tirando golpes varias veces, los cuales ella esquivaba con rapidez; hasta que entonces, un golpe de aquel mazo logró darle a la chica de azul en uno de sus brazos. Las espinas desgarraron ferozmente su ropa y la piel; la sangre brotó instantáneamente. La chica lanzó un grito de dolor, pero siguió luchando contra su atacante. Intentó recuperarse rápido, pero Kia la tomó desprevenida con una patada en el rostro que la hizo caer. Sintió el sabor a sangre en su boca, y la cabeza le daba vueltas, no podía ni siquiera ponerse en pie. Volteó y la vio venir de nuevo hacia ella. Con gran esfuerzo, la chica comenzó a crear una bola de hielo en sus manos, y la lanzó justo antes de que Kia lograra atacarla de nuevo.

Con su rival congelada, tomó la fuerza suficiente para continuar luchando, o al menos, defenderse. De nuevo escuchó un alarido de guerra viniendo hacia ella, y esquivó un tajo de una cuchilla en forma de luna. Jataaka se había puesto de pie nuevamente, y no dudó en atacar. La atacaban con armas, y ella no poseía ninguna; no se le ocurrió mejor idea que hacer que hielo envolviera sus propios brazos, creando una capa dura que podía protegerla de los impactos de los aceros afilados.

Golpe tras golpe, la pelea continuó. Su plan de usar el hielo como escudo en sus brazos parecía funcionar, pero solo fue un momento, pues el con el calor del Netherrealm le era algo imposible mantener el hielo en sus brazos, además que la debilitaba más. Fue entonces que una de las cuchillas atravesó el hielo, llegando el impacto directo hacia su brazo, penetrando casi hasta el hueso. Se apartó al sentir aquel impacto, apreciando la herida hecha por el acero, vio como la sangre brotaba incesante de aquel corte; al distraerse con eso, Jataaka tomó ventaja para intentar herirla de muerte en pecho, pero logró reaccionar casi a tiempo al hacerse a un lado con torpeza, ella recibió un corte más profundo a un lado del estómago, por debajo de las costillas.

Soltó un grito desgarrador. No quiso detenerse ahí, incluso sintiendo tanto dolor; corrió con todas sus fuerzas, y tomándola del cuello, lanzó a la hermana de las sombras contra el cuerpo aún congelado de Kia, haciendo que ésta, con el impacto, estallara en sangrientos fragmentos de hielo, huesos y carne. Solo sus piernas quedaron intactas; su cabeza congelada, había rodado hasta los pies de la chica de azul, y mirándola con desprecio, la aplastó con fuerza contra el suelo. Y finalmente solo sonrió.

Se dirigió a Jataaka, quien aún se recuperaba del impacto. No quiso perder tiempo esperando a que se pusiera de pie. La tomó por el cuello una vez más, obligándola a levantarse; sentía una enorme fuerza dentro de ella, sentía el placer de matar, de sentir la sangre caer sobre ella. Sentirse superior. –El amo te hará pagar por eso…- dijo Jataaka, con dificultad. –Él te dio órdenes…-

La chica de azul hizo una mueca, sintió que el hielo fluyó con rapidez en sus brazos. Con una mano sostenía la garganta de su enemiga, y lentamente alzó la otra; puso su mano bajo la quijada de la mujer de cabello blanco, y su mano comenzó a cubrirse de hielo lentamente –Quiero ver que lo intente…- dijo en un gruñido. Su mano que estaba bajo el rostro de Jataaka la hizo transformarse en un afilado pico de hielo, que salió proyectado, clavándose rápidamente en su garganta, sobresaliendo el otro extremo por encima de la cabeza. Dejó que la sangre de su enemiga le bañara el rostro, y dejó caer su cuerpo cual muñeca de trapo al suelo.

-Dos menos…-

Dirigió su vista a la última de las asesinas de Quan Chi que quedaba en pie, Sareena, quien se había liberado de sus ataduras de hielo. La asesina solo estaba de pie, lejos de ella, con sus dagas desenfundadas; pero no pasó mucho tiempo cuando ésta las lanzó al suelo, haciendo que cayeran a los pies de la cryomancer.

-Tan fácil te rindes…- le dijo la de azul –Deseas morir dignamente frente a mí

-No deseo morir- le respondió –Ni tampoco es mi deseo luchar contra ti

-¿Qué deseas, entonces?

-Libertad. Éste lugar nunca ha sido de mi agrado, al igual que nunca lo ha sido servirle al Hechicero de las Sombras…-

-¿Lo traicionarás aquí, en su propio mundo?

-Si ha de ser necesario para salvar a Sub-Zero, entonces estoy dispuesta.- La chica de azul se abalanzó hacia Sareena, derribándola sin ni siquiera darle la oportunidad de reaccionar – ¡MIENTES!- dijo en un rugido -¡TU NUNCA DEJARÁS DE SER UN SERVIL DE LAS SOMBRAS!- Se encontraba de pie junto a la guerrera del Netherrealm, pisando su pecho, mirándola con unos ojos blancos que emanaban un brillo blanco y azul. Pero la guerrera derribada insistía:

-Yo soy… la única que te puede guiar hacia él… la única que te dirá quién eres en realidad… Baixue…- El pie de la chica azul dejó de presionar con fuerza el pecho de la otra en el suelo.

-¿Qué has dicho?- dijo en un susurro

-Es tu nombre mortal… el que tuviste antes de morir… hace muchos años- Ambas se miraban con detenimiento a los ojos, asegurando que decía la verdad.

Se apartó de ella, sintiendo que el cuerpo se le hacía cada vez más pesado.

Baixue…

Así que ese era su nombre.

El brillo de sus ojos desapareció. Sintió sus piernas desvanecerse justo ahí, junto con el dolor de sus heridas expuestas llegando de golpe hacia ella. Ahogó un grito al chocar su cuerpo con el suelo, apoyando sus manos en el mismo. Sareena se aproximó a ella con rapidez, sacando de su cinturón una botella con un líquido morado en ella –Bebe esto, te curará las heridas…- le dijo, abriéndola y se la entregó para que tomara lo que había en su interior

-Kuai… ¿está herido?- le preguntó Baixue, con ahogo

-Es posible…- Le respondió. La cryomancer apartó la botella de ella y se la regresó. –Entonces yo no debo tomarlo… guárdalo para él…

-No puedes estar así en este lugar, debes recuperarte-

-¡No!- alzó la voz –Él es mi prioridad ahora… llévame hacia él, con tu ayuda yo resistiré el camino…-

La guerrera de las sombras no lo volvió a pensar una vez más –Muy bien, pero avanzaremos rápido o nos encontrarán… ya se habrán dado cuenta de lo que has hecho- le ayudó a ponerse de pie, poniendo uno de sus brazos sobre sus hombros, ayudándole a caminar.

-¿Ves las montañas negras de allá?- le preguntó, indicándole con la cabeza aquel lugar a una no muy larga distancia entre ellas.

-S…sí…

-Sub-Zero está prisionero dentro de las montañas… no lo vigilan, así que será fácil entrar sin ser detectadas…-

-Hmmm…- fue lo único que salió de sus labios, se sentía débil como para responder más

-Resiste, llegaremos rápido.

Sareena comenzó a caminar con pasos lentos, intensificando la marcha cada vez que creía conveniente. Deteniéndose de vez en cuando para no ser detectadas, hasta llegar a las montañas negras. Baixue sentía un inmenso dolor y debilidad en su cuerpo, por cada paso que daba sentía que el cuerpo se hacía cada vez más pesado, pero sabía que lo que hacía era por Kuai… todo por regresarlo a su hogar…

-Es aquí…- le dijo, habían llegado al fin frente a la colosal montaña de piedra negra. La guerrera alzó su mano y la hizo resplandecer al decir en voz alta un conjuro en una lengua extraña. La tierra tembló debajo de ellas y la montaña se abrió, dando paso a un enorme y oscuro túnel. –Entremos rápido- volvió a decir, volviendo a sus andadas.

Caminaron por el profundo túnel, entre pasillos iluminados levemente por antorchas, pasando celdas vacías con distintas máquinas horribles que usaban para torturar. Había pequeños ríos de lava corriendo por algunas de las habitaciones y el calor era casi insoportable, al menos para la cryomancer.

Pronto Sareena se detuvo frente a una celda más. –Ahí está él…- de nuevo su mano se iluminó y la cerradura de la reja se abrió fácilmente. Lo habían encontrado. –K…Kuai…- dijo Baixue con la voz cortada; tambaleante, se dirigió hacia él, dejándose caer de rodillas a un lado suyo, viendo su rostro hinchado y ensangrentado, su cuerpo lleno de heridas y sus ropas bañadas en su propia sangre

-Cuánto te han hecho sufrir…-

Vio como el pecho de aquel hombre herido se expandía levemente, su respiración era lenta y débil. Baixue extendió su mano temblorosa hacia Sareena –Dame la botella…- le ordenó, sin apartar la vista de él. –Dámela, por favor- parecía suplicar, con un nudo en la garganta. Sareena obedeció sin reclamos, y le entregó aquella pócima, ya destapada. La chica de azul tomó a Kuai por el rostro, apretándolo para hacerlo abrir la boca –Tómatelo, bébelo todo…- vació todo el líquido dentro de su boca, no dejando que ninguna gota se escapara. Cuando se terminó, dejó de apretarle el rostro y dejar que tragara por su cuenta.

Kuai gimió un poco. Pero al pasar unos minutos, su respiración se hacía más profunda y continua. -¿Funciona?- preguntó Baixue, preocupada por el cryomancer.

-El efecto tarda en reaccionar en alguien inconsciente como él… pero cuando despierte, ya se sentirá mucho mejor… te lo aseguro- le mencionó su acompañante, mientras se colocaba a un lado de ella, y volvió a hablarle -Había suficiente poción para los dos, pudiste haber tomado la mitad de la botella para recuperar fuerzas…

-Prometí que llegaría a salvo a la Tierra… yo no pretendo volver jamás allá…

[FIN DEL CAPÍTULO 9]
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Error Macross
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Re: Redención

Mensaje por Error Macross » Dom, 05 Abr 2015, 01:33

Como que de repente pasaron muchas cosas muy rapido, ya se reveló el nombre y detalles sobre el origen de la chica, aparecio Kuai como para revelar que si es asi, lo semi rescataron, y los guerreros de la tierra (me gusta mucho el team elegido, yo iba a hacer algo parecido en un fic mio dentro de poco). La pelea estuvo muy cool por otro lado, y me gusta mucho la determinacion de Baixue, creo que es en parte aumentada por el hecho de que tiene los recuerdos de Kuai Liang. Disculpa si soy el capitan obvio con esto.
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