La Emboscada del Dragón: Parte II

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Shao Kahn 666
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La Emboscada del Dragón: Parte II

Mensaje por Shao Kahn 666 » Mar, 26 Sep 2017, 19:42

La Emboscada del Dragón: Parte I

Tanteó su recorrido a través del galpón hasta que llegaron a una puerta al fondo, detrás de la cual había un pasillo en penumbras. Luego de recorrer varios pasillos y subir varias escaleras dentro del lugar llegaron a una puerta vigilada por un guardia armado, que al verlos se hizo a un lado y los dejó entrar.

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Entraron en una habitación sin ninguna ventana al exterior, más iluminada que el resto del lugar. Al fondo había un panel de monitores, que recibían imágenes de vigilancia de diferentes partes del lugar. Jarek se encontraba allí.

En el centro de la habitación había un hombre atado a una silla, con una capucha en la cabeza. Jarek le retiró la capucha, tenía moretones en los ojos y un delgado hilo de sangre que le chorreaba.

- Teniente Herman Sanchez – Le informó Jarek a Kano, mientras este observaba que ya habían comenzado sin él, obviamente sin éxito en sacarle información alguna.
- Piense en mí como en un amigo, Sanchez – le decía Kano con su rostro tan cerca que este podía sentir su respiración – que lo va a dejar libre al momento que nos de lo que nosotros necesitamos, es algo bastante sencillo realmente.
Sanchez, con el orgullo que le quedaba, escupió a Kano en el rostro. Este calmadamente se limpió, para luego propinarle una patada en el vientre que lo dejó sin aire. Acto seguido, se sentó frente a él, tomó su pie izquierdo y acercó unas tenazas que encontró en una mesa, entre otras herramientas cuidadosamente ordenadas.
- No se si soy una persona con muchas virtudes, pero la paciencia no es una de ellas. Se lo voy a preguntar una vez más: ¿quién le informó sobre la Operación Murciélago?
- Vete al diablo, no soy uno de tus matones a quien puedes intimidar con tus amenazas, me entrené diez años…
No terminó la frase. Kano cerró las tenazas y dos dedos de Sanchez cayeron al piso. Este lanzó un grito pero enseguida se contuvo, apretando los labios. Una lágrima le caía por la mejilla sobre la sangre seca del rostro mientras veía el manantial de sangre que le salía a borbotones de la herida hasta que Kano le aplicó un torniquete para evitar que se desangrara; lo necesitaba vivo y sobre todo consciente. Esperó unos segundos a que Sanchez controlara su dolor y recuperara el habla y continuó:

- ¿Sabe lo que va a pasar si no me dice lo que quiero oir?
- Alguien te va a tirar de las orejas y vas a desear estar en mi lugar en este momento

Casi como un reflejo, Kano, sin mover la mirada, estiró el brazo para tomar de encima de la mesa un tubo de unos 40 centímetros de largo, que Sanchez no reconoció hasta que Kano lo tocó con un extremo y sintió que sus músculos se contraían hasta lo insoportable mientras cientos de voltios recorrían su cuerpo. Jarek, observando en silencio desde un rincón, sintió un leve escalofrío al observar la inmutabilidad del rostro de Kano ante la situación.

Sabía perfectamente que si Sanchez se moría durante las torturas él estaría en graves problemas. Pero no le preocupaba, ya había hecho eso demasiadas veces, ya conocía el límite de la resistencia humana.

El rostro de Sanchez se desfiguraba de dolor a medida que la electricidad lo atravesaba. Transcurrido un rato, cuando ya se empezaba a sentir olor a carne quemada en la habitación, Kano sintió que alguien le tocaba el hombro.
- Señor – dijo Jarek, alcanzándole un teléfono celular – es para usted.
- Échale agua y mantenlo conciente hasta que vuelva
Aprovechando la oportunidad para darle a Sanchez un momento para recuperarse antes de continuar con el interrogatorio, Kanó tomó el teléfono y salió al pasillo.
- Habla Kano
- ¿Hay algo que tenga que reportarme?
- Señor, todo está bajo control...
- Mis fuentes me informaron que un avión de las Fuerzas Especiales acaba de aterrizar en el aeropuerto de Vnukovo, y por lo visto usted recién se da por enterado.
Hubo un silencio en la conversación y Kano sintió por un momento que su corazón dejaba de latir.
- Eso no importa, solo necesito más tiempo...
- Conoce las reglas, Kano – dijo la otra voz sin perder la calma – tiene hasta el amanecer para sacarle la información y desvanecerse. Recuerde que usted es invisible, por eso trabaja para mí.
Un clic sonó al otro lado de la línea al cortarse la comunicación. Kano, tratando de no imaginar lo que le pasaría si por culpa suya se filtrase información a las Fuerzas Especiales sobre la operación y la identidad de los miembros del Dragón Negro, respiró hondo y pensó un momento lo que iba a hacer para recuperar el control de la situación.

Volvió a entrar en el la habitación con los ojos enrojecidos de rabia y, sin dudarlo, tomó un hacha de la mesa y la hundió en la rodilla derecha de Sanchez. Hubo un crujido desagradable seguido por un alarido de dolor. Jarek sintió que su estómago se contraía.
- Hable – Le dijo Kano ya sin paciencia
A Sanchez le tomó un largo rato controlar su dolor. Debilitado por la pérdida de sangre, aún así miró a Kano con rostro desafiante y negó con la cabeza.
Kano, decidido a quedarse ahí y arrancarle la información o morir antes que fallar y caer en manos de su propia secta, se dio vuelta hacia Jarek.
- Fuera – Dijo con voz seca – Todos.
- ¿Señor?
- Yo me haré cargo de él. Váyanse y envíen a alguien por mí antes del amanecer.
- Señor, sí señor.
Durante el tiempo que siguió, Kano intentó arrancarle la información a Sanchez con los métodos más escalofriantes que el Dragón Negro le enseñase solo a sus miembros de más alto rango. Sin embargo, el entrenamiento de las Fuerzas Especiales parecía impenetrable y Sanchez permanecía reacio a darle a Kano lo que quería.

Cuando ya había perdido la noción del tiempo algo lo interrumpió. Al fondo de la habitación, en uno de los monitores de seguridad, pudo ver una camioneta negra estacionar en la entrada del depósito. De ella se bajó una mujer con un uniforme militar que Kano, sin dar crédito a sus ojos, reconoció enseguida: era de las Fuerzas Especiales.

Sánchez, semi-inconsciente, leyó la expresión en el rostro de Kano y le dirigió una sonrisa burlona. Esto terminó de enfurecerlo y extrajo de su cinturón un cuchillo de hoja ancha con filo irregular.
- Esta es una daga de honor de los altos miembros del Dragón Negro – Le dijo mientras por los monitores de seguridad podía ver a la mujer dirigirse hacia esa habitación con precisión matemática. – No sé cómo las Fuerzas Especiales encontraron este lugar, pero lo encontrarán a usted con una sonrisa de oreja a oreja.
Viendo que la agente de las Fuerzas Especiales se encontraba solo a escasos pasos de él, Kano apenas tuvo tiempo de cortar la corriente y esconderse en la oscuridad detrás de la puerta antes de que esta se abriera.

Los ojos de la agente se acostumbraron a la oscuridad a tiempo para ver la escena más espantosa y aterradora que se hubiese imaginado. Su compañero estaba muerto, con el rostro totalmente desfigurado por los golpes y por un corte limpio de lado a lado. En la oscuridad, parecía que el cadaver de Sanchez le sonreía.

En ese momento reinaba el más absoluto silencio en la habitación. La agente permaneció en shock por unos segundos hasta que reaccionó y tomó de su cinturón la radio:
- Aquí Teniente Blade – dijo con voz quebrada
- Adelante, Teniente
- He llegado demasiado tarde, ya se han ido y el Teniente Sanchez está muerto. Todos sus dientes fueron arrancados pero no llegaron a romper el localizador.
- Conoce su modus operandi, Teniente. Estos tipos son imposibles de rastrear, nunca están dos veces en el mismo sitio. Registre el lugar y lárguese de allí, enviaremos a alguien a recoger el cuerpo en unas horas.
- ¿Qué hay de la informante?
- Dice que no sabe nada de su próximo paradero. Cambio y fuera, Blade.
Kano sintió que su corazón daba un vuelco. Sin saberlo, la agente le había dado la identidad del traidor. Solo una mujer del Dragón Negro estaba al tanto de la operación Murciélago, y esa era Sophie. Su misión estaba terminada, ya podía irse de allí.

La agente permaneció parada y en silencio, tratando de asumir la muerte de su compañero y lamentándose una y mil veces por no haber llegado antes para salvarlo. Kano no podía desaprovechar esa oportunidad, la pesadilla estaba tan cerca de terminar.

No quería perder más tiempo, lo haría rápido. Un disparo a la cabeza mientras ella permanecía inmóvil y todo habría terminado. No podía arriesgarse a más problemas estando tan cerca del final.

Se acercó sigilosamente a ella, apuntó el arma directamente a su nuca y sin dudarlo apretó el gatillo.


FIN DE LA PARTE 2
You shall feel the wrath of the Emperor

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