MKX: Una nueva historia.

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Hares
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Re: MKX: Una nueva historia.

Mensaje por Hares » Vie, 14 Abr 2017, 06:00

¿Como estan todos? Se que me he tomado mucho tiempo desde que escribí el ultimo capitulo, un mes completo para ser específicos. Realmente espero no demorarme tanto tiempo con los próximos y terminar esta decena de capítulos lo más pronto posible. Mientras tanto, espero disfruten esta historia de Tania y lo que queda de Edenia. Como el resto de los capítulos, esta historia no solo sera sobre edenia y otros reinos, como el orden y outworld, tendrán mucha participación en la historia al igual que el netherrealm. Como siempre un comentario o review se aprecia mucho para saber que opinan ustedes respecto a la historia, muchas gracias.

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Capítulo 22: Desconfianza.

Lei Long. Ese mismo día, en la noche.


Tania caminaba hacia el palacio de la ciudad, ubicado en el punto más alto, arriba en las montañas, acompañada del mensajero y dos paladinos encubierto, vestidos con ropajes de civil y una cata de malla debajo. Sus espadas y armadura se encontraban en el barco, pero estaban equipados con una daga por si la situación se volvía arriesgada. Solo una precaución, así fue como Tania lo definió. El mensajero ni la guardia de la ciudad sabía esto, pues lar armas no eran permitidas y ellos esperaban que siguieran sus órdenes, aun así, capitanes como Balah sabía que debía tener precaución, pues seguramente los inspeccionarían. Los paladinos estaban preparados para ello, pues sus ropajes contenían muchas bolsas escondidas y todo estaba muy bien elaborado. Las telas edenianas eran muy buenas, sobre todo para esconder armas de asesinos.

El palacio de Onyx era un enorme palacio de piedra, madera y losas de barro en un estilo puramente asiático. La fachada era como una muralla con torres de vigilancia en las esquinas y múltiples centinelas vigilando sus alrededores, haciéndola ver como una pequeña fortaleza. El camino hacia el palacio era hermoso, el empedrado llevaba a un puente de piedra con múltiples pedestales y antorchas que iluminaban el camino junto con la luz de la luna llena. Los árboles y naturaleza habían sido manipuladas para que adornaran el camino al palacio junto con algunas estatuas en forma de dragones que mantenían una flama dentro de sus hocicos. En la puerta del palacio los esperaba Balah y su guardia personal quienes revisaban a detalle los ropajes de los soldados de Tania. La mayoría de ellos se les había prestado ropa para disimular ser gente de Outworld dentro de la ciudad y evitar problemas, pero las marcas de la guerra que tenían eran difíciles de quitar o enmascarar. Los centinelas de las torres los mantenían vigilados constantemente, Tania incluso pudo contar que había el mismo número de ballesteros que de edenianos en el edificio. Una flecha para cada cabeza.


– Madam Tania – hablo Balah, señalándola – Por favor pase, mis hombres la revisaran.

– ¿No hay trato especial por ser mujer? – pregunto Tania con seriedad, pues los guardias soltaron una pequeña risa – Preferiría que no me tocaran sus hombres.

– Lo siento madam, en Lei Long o todo Outworld para eso…las mujeres no forman parte del ejercito – explico Balah – Por favor pase.

– Una lástima, su ejército se enriquecería por ello – hablo Tania mientras avanzaba para ser registrada – Pero supongo que las mujeres de Outworld realmente no están hechas para defenderse ellas mismas.

– Con delicadeza soldado – ordeno Balah – es la invitada especial del señor.


El guardia palmo los ropajes de Tania, un vestido largo con falda cruzada de color anaranjado con franjas y patrones negro al estilo de Outworld. Mientras sus guardias revisaban a Tania, Balah dio un paso hacia los paladinos en cubierto. El capitán se dio cuenta que no usaban la ropa que se les había dado y, en cambio, usaban una ropa de civil mucho menos formal.


– ¿Qué paso edeniano? – pregunto el capitán – ¿Prefieres tu ropa sucia a la que te dio el señor Onyx?

– La ropa no era precisamente de nuestra talla – respondió uno de ellos.

– Por supuesto que no – contesto Balah, para nada sorprendido – A estos revísenlos tres veces.

– ¿Qué pasa Balah? – alzo la voz Tania, quitándose las manos del soldado antes de que tocara sus piernas – Ya me cansé de esta falta de respeto, llévame directamente con Onyx.

– Creo que te dije que no estás en posición para demandar nada, basura Edeniana.


La tensión comenzaba a crecer entre los dos, Tania había aprovechado este momento para que el guardia no sintiera la daga que tenía oculta en su entrepierna. Era posible que el guardia no la sintiera con lo tímido que era al revisarla, pero no quería arriesgarse aparte de que le parecía repulsivo que la estuvieran tocando en primera. Los guardias avanzaron, sujetando firmemente su Guja entre sus dos manos, esperando la orden de Balah. Los paladinos en cambio, permanecieron en su lugar.


– Tarde o temprano tendrás que llevarme a él Balah – argumento Tania, aunque el capitán no retrocedía – Lo único que estás haciendo ahora es hacerme perder mi tiempo y el de Onyx. Tu sabes lo mucho que el atesora su tiempo.

– Sigue comportándote así señorita Tania – advirtió el capitán, en voz baja e inclinándose a ella – Y terminara olvidada en la Bahía del Dragón antes de que llegue a su burdel.

– ¿Me acabas de llamar una ramera? – respondió, en voz baja.

– Solo estoy advirtiéndole de lo que le puede ocurrir si no empieza a respetar a sus superiores, señorita Tania.

– Esta no es la última vez que hablaremos Balah – alzo la voz, transformando sus ojos de color a un pálido blanco – La próxima vez será cuando tu cuerpo cuelgue del risco más alto de las montañas.


Balah rio, se enderezo y permitió que Tania y sus hombres pasaran dentro del palacio. Sus soldados abrieron las puertas de dura madera y reforzada con metal. Al entrar se pudo ver un hermoso patio con hermosas plantas, flores, estatuas y fuentes por todo el alrededor. Dos dragones de piedra mostraban el camino hacia la pagoda del señor Onyx donde un festín los esperaba.

La pagoda tenía diez pisos de altura y estaba bellamente adornado su exterior con varias estatuas y hermosas flores contenidas en vasijas de mármol sobre un pedestal del mismo material. Las puertas eran de madera y en ellas estaban talladas las montañas y sus legendarios dragones circulándolas. Dos guardias abrieron las puertas, permitiéndole el paso a Tania y sus seguidores. El primer piso tenia hermosos murales con guerreros montados en caballos y los densos bosques de las montañas al igual el rio y laguna que se encuentra en el corazón de la cadena montañosa, donde hermosas mujeres se bañaban con su pecho al descubierto. Todo dentro de esta ciudad era tan diferente de Kulan Batur, donde la única cultura que permanecía era la de la guerra y conquista de Shao Kahn. Sobre todo en lugares como Lei Chen, donde siempre se han opuesto al imperio del emperador, es donde su influencia menos se notaba y se podía ver que la gente de Outworld no eran los salvajes que piensan que son todos. Aun así, Tania tenía sus dudas sobre la población del Outworld, pues muchos de ellos no son de confianza. Pues muchos preferirían entregarte al emperador que a ayudarte incluso si luchan por lo mismo. Esta actitud, esta orientación a la supervivencia, es una a la que se han tenido que adaptar muchos edenianos, incluso ella. Solo esperaba que no tuviera que recurrir a ella tan pronto, pero se debe estar preparado para todo.

Balah los llevo hasta el quinto piso, donde los esperaba Onyx y un festín en una larga mesa redonda que abarcaba toda el área de la pagoda. El Monarca Onyx se puso de pie y su guardia personal, bellamente adornada con armadura dorada, se colocó a su lado con sus gujas a sus lados y sables curvos a su derecha, su mano sujetando fuertemente el mango y su mirada al frente.


– ¡Tania! – alzo la voz a la vez que abría sus brazos – Que bueno es tenerte aquí por fin.

– Monarca Onyx – hablo Tania mientras hacia un pequeño gesto de reverencia con la cabeza – Gracias por permitirnos quedarnos en su ciudad.

– Ustedes no se quedarán en Lei Long – le corrigió Balah.

– Balah por favor – le interrumpió Onyx – Esa no es forma de tratar a nuestros invitados, si las circunstancias fueran diferentes podrían quedarse. Tania es bienvenida aquí.


El monarca Onyx era una persona con sobrepeso, una gran barriga creada a partir de cerveza, levadura y carnes, colgaba de su cuerpo y le dificultaba el caminar y respirar. Aun así, el monarca mantenía su formalidad, usando ropa de las telas más suaves y costosas, collares y anillos con costosas joyas. Su rostro estaba inflado, tapando sus ojos con sus cachetes y mostrando una gran sonrisa al ver a Tania.


– Tania toma asiento, todos ustedes disfruten – menciono Onyx con una gran sonrisa, mirando a todos.

– Por supuesto Onyx, pero mientras mis hombres disfrutan de tu excelente comida – Tania miro a los ojos a Onyx y luego a Balah – ¿Podemos hablar en privado?

– Tania por favor, debes estar agotada – explico Onyx – Mira nada más que flaca estas. Come primero, luego hablaremos.

– Lamento si me muestro algo irrespetuosa Onyx, pero debo insistir.


Tania lo miraba seriamente, doblando la cadera y colocando una mano en ella, dando a notar que no se iba a mover de ahí. Onyx borro su sonrisa del rostro, dejando sus cachetes y brazos caer. Balah avanzo con su monarca y abrió la puerta hacia las escaleras que llevaban a su trono. Tania y Onyx caminaron y entraron al salón subiendo unas escaleras que llevaban al siguiente piso.

El estudio tenía un trono en el fondo, donde Onyx recibía a sus súbditos que lo buscaban por favores. En el centro se encontraba una circulo donde el súbdito se inclinaba para solicitar a su monarca de su ayuda, sin embargo, Tania no se inclinó. Balah y la guardia personal rodearon el circulo, justo como se hacía en cada audiencia y Onyx tomo asiento en su trono, desparramándose en él.


– Onyx – hablo Tania, sin permiso del monarca. Lo que enfureció a su guardia – No pedí una audiencia, pedí hablar contigo. A solas.

– Esta es la última vez que te atreves a ordenarnos algo basura Edeniana – alzo la voz Balah, enfurecido de la falta de respeto de Tania.

– Calma a tu perro Onyx – respondió Tania, ignorando las amenazas de Balah.

– Zorra…hombres llévensela fuera de aquí – ordeno Balah y la guardia alzo sus gujas con la punta hacia Tania.

– Balah – hablo Onyx – Sal de aquí.

– ¿Pero que está diciendo? – hablo Balah, anonadado de que su monarca accediera a las órdenes de una Edeniana – Esta mujer se atreve a darle ordenes, no… esta mujer Edeniana se atreve a ordenarnos y ¿usted obedece?

– ¿Cómo te atreves tu a cuestionarme? – Onyx alzo la voz, gritando y escupiendo a la vez – ¡Sal de mi trono!


Balah y la guardia se colocaron en posición de firmes, hicieron una genuflexión y retiraron del salón, cerrando la puerta detrás de ellos. Solo que antes de que se fueran, Tania le sonrió a Balah, susurrándole "yo he ganado". El capitán de la guardia se detuvo unos segundos, sujetando su sable fuertemente, pero se retiró, aun así, resistiendo la tentación de atacar a la Edeniana. Una vez cerraron la puerta, Onyx intento enderezarse en su trono, empujándose con sus brazos y luego se encorvo hacia la Edeniana, esperando que hablara.


– ¿De qué quieres hablar que tienes que ridiculizarme de esta manera? – pregunto Onyx.

– No querias escucharme Onyx – explico Tania – ¿Acaso buscas ocultarme algo?

– Buscaba ser generoso contigo y atenernos a nuestro pacto.

– Y hasta ahora lo estas cumpliendo, pero no es hasta que escapemos de Rain y sus guerreros que habrás cumplido con tu parte.

– ¿Qué más quieres que haga Tania? – pregunto Onyx, pegando su espalda en el respaldo – Te he ofrecido mi mano, mi comida, mi hospitalidad y, aun así, no te parece suficiente.

– Es fácil para ti, tu no estuviste en el campo de batalla – Tania avanzo unos pasos hacia Onyx – Es fácil para ti esconderte.

– Por favor Tania, ya hemos tenido esta conversación antes – Onyx parecía agotado, prefería estar comiendo que ahí donde se encontraba.

– Sí, no es de eso de lo que quiero hablar Onyx – explico Tania, colocándose al mismo nivel que el monarca – Te has ocultado durante mucho tiempo, eso hora de que te levantes tu gordo trasero de tu trono y hagas algo por la tierra que dejaste abandonada.

– ¿Abandonada? – Onyx levanto la cara, mirándola directamente – El sueño edeniano murió con tu padre ¿te crees superior que él porque conquistaste la fortaleza de Kulan Batur y luego la perdiste? No has logrado nada Tania, nada.

– Tu dejaste que muriera Onyx – alzo la voz Tania, apuntando con su dedo índice al pecho de Onyx – Eras de los capitanes más cercanos a mi padre, él te tenía confianza y tú lo dejaste a morir.

– ¿Cómo te atreves? – grito Onyx, levantándose rápidamente de su trono y quitándose la mano de Tania de encima – Yo estuve ahí cuando él murió.

– No Onyx, tu corriste mientras el peleaba – Onyx se puso pálido y estiro su mano para alcanzar el brazo de su trono de madera oscura y engravados preciosos – Ya no puedes ocultarme la verdad.

– ¿Hace cuánto que lo sabes? – pregunto, sentándose. Tania descendió de las escaleras de regreso al círculo.

– Desde hace unos años gracias a Faran – explico Tania – Me contaras a detalle que paso, pero primero necesito saber a quién eres leal Onyx.

– ¿A qué te refieres?

– El mensajero que enviaste tenía un mensaje oculto de parte de Faran encriptado en las palabras de tu mensaje – explico Tania, mostrando el papel – En el me explico que todas las tierras de Lei Chen le deben lealtad al Reino del Orden y Seido bajo el comando de Hotaru. Eso incluye Lei Long, Lei Feng, Lei Sheng y Lei Tingjie al igual que las tierras cercanas como son las de Sun Do. ¿Es esto cierto?


Onyx comenzó a sudar y con una mano trato de limpiarse la cara, su rostro miraba al suelo y evitaba ver a Tania a los ojos. El monarca entonces explico que enviados de Hotaru y la guardia de seido viajaron a todas las ciudades dentro de las montañas de Lei Chen obligándolos a declarar su lealtad al orden. Hotaru, quien se había vuelto el monarca de Lei Chen tras matar al Jefe Supremo Zaffeero ahora quería ejercer su poder sobre el dominio de las ciudades Lei. Algunos se opusieron y fueron derrotados, otros simplemente aprovecharon su fuerza para protegerse de invasores mientras Shao Kahn luchaba para conquistar la tierra. De esta forma Hotaru había logrado unificar el sur y todos estaban bajo su mando y protección.


– Entonces es cierto, has rendido tu lealtad de edenia a seido – hablo Tania, interrumpiéndolo – Bueno, rendiste tu lealtad a edenia hace mucho tiempo Onyx ¿tu pueblo sabe de dónde vienes?

– Por supuesto que no – explico Onyx, ridiculizado – La gente de Outworld detesta a las personas de otros reinos.

– Vaya, vaya… – Tania sonrió – Supongo entonces que tienes esperanzas Onyx.

– No te atrevas, si se enteran de mis orígenes me mataran y luego te mataran a ti – Las gotas de sudor se multiplicaban de forma exponencial en la frente de Onyx.

– Entonces si no quieres que eso pase me dirás los planes que tiene Hotaru. Los refuerzos que nos prometieron fueron menos de los esperados y su capitán Veltaz abandono el campo de batalla ¿Qué planean ahora?


Onyx abrió los ojos al escuchar las amenazas de Tania, un nudo se empezó a formar en su garganta y se le dificultaba pasar las grandes cantidades de saliva que estaba produciendo. Onyx pensó en mentir, decir que no conocía los planes de Veltaz y Hotaru, sin embargo, sabía que Tania vería fácilmente su mentira.


– Ellos nunca buscaron una alianza con la resistencia Edeniana – comenzó a hablar, tragando saliva constantemente – Solo querían debilitarlos a los dos para tomar el control del norte. Todo fue una farsa.

– Eso explica mucho – hablo Tania – Pero no cuentan con la fuerza para conquistar todo. SU tecnología les da una ventaja, pero sus números están muy limitados.

– Quieren asumir control de la resistencia, quieren que te rindas ante el orden – explico Onyx – A Faran le espera una emboscada cuando llegue a puerto, junto con una letra falsa firmada por ti de que Hotaru ahora comanda las fuerzas de la resistencia.

– ¿Cómo planean hacer que yo acceda a eso? – pregunto Tania.

– Sé que te lo puedes imaginar, te forzaran o te mataran.

– Si – hablo Tania, sonriendo pues ya había previsto dicha conclusión – Y supongo que tú les ayudaras o, más bien, les estas ayudando.

– La comida esta envenenada – explico Onyx – El veneno solo los neutralizara, serán incapaz de moverse por unas horas, pero no los matara. Tania… por favor, perdóname.

– ¿Quién vendrá? – pregunto Tania.

– Veltaz, junto con diez hombres más. No tienes escape Tania, ni tu puedes contra tantos de ellos. El reino del orden puede traer paz a Outworld, es lo mejor para todos.

– Es lo mejor para ti Onyx – hablo Tania, rasgando la falda de su vestido para que pudiera caminar y pelear – Pero no para mí ¿Tendré que preocuparme por Balah o tu guardia?

– ¿No te vas a rendir verdad?

– No – Tania sonrió malévolamente antes de hacer su próxima pregunta – así que decide ¿morirás con mis estiletes a través de tu estomago o bajo los brazos del reino del orden?


Onyx no respondió a la pregunta de Tania, en cambio, se puso de pie y tomo una naginata que se encontraba en la pared funcionando como decoración. Onyx tomo la naginata, cuyo mango era del tamaño de una espada, algo muy minúsculo para un arma como esta. Onyx presiono un botón y el mango se extendió en ambos sentidos, confirmando que era una naginata de dragón, arma usada por los guerreros dragón de Lei Chen, tiempos antes del reino de Shao Kahn. El monarca le extendió el arma a Tania y ella la tomo en sus manos, el mango se contrajo, permitiéndole llevarlo más fácilmente.


– ¿Cuál es tu plan Tania? – pregunto Onyx, tomando asiento de nuevo.

– Mis soldados y hombres deben estar ahora bajo los efectos del veneno ¿supongo que es veneno de medusa? – comenzó a explicar Tania – Su veneno es capaz de incapacitar a la persona sin matarla.

– La Bahía del Dragón está llena de ellas durante estas épocas – explico Onyx – El efecto pasara en algunas horas.

– Y cuando eso ocurra ellos estarán dentro de una celda en el centro de la ciudad de Lei Chen. Un pequeño ejército de guerreros edenianos bien entrenados.

– ¿Acaso buscas tomar Lei Chen como tuya? – Onyx soltó una pequeña carcajada – Ni Shao Kahn pudo tomarla en todos sus intentos.

– No pudo derribar sus murallas, pero existe una forma de entrar a la ciudad por el corazón de las montañas. Un rio lo suficientemente ancho para que un barco pase.

– La guardia te vera antes de que puedas ver la torre más alta de Lei Chen, no te permitirán acercarte.

– No me verán, eso te lo puedo asegurar – le corto Tania rápidamente, pues el tiempo se le estaba acortando – Porque tú me ayudaras a entrar.

– ¿Qué buscas en Lei Chen? – pregunto Onyx – ¿Qué hay ahí que es tan importante para ti?

– Poseo información Onyx – explico Tania, evadiendo la pregunta – Información que me da poder, poder que hará caer a Lei Chen y Lei Long con ella si no me ayudas.


La voz de Tania resonaba con convicción, como si su llama fuera capaz de consumir todo lo que se encontrara a su paso y Onyx sabía muy bien de lo que era capaz Tania. Si, la conocía desde que era solo una niña y desde que nació solo había traído problemas. Cuando su padre vivía ella era una de sus guerreras más capaces, incluso cuando todavía no era una adulta. El no deseaba nada más que matarla en ese preciso lugar, conocía todos sus secretos y si los revelaba ya no tendría un lugar al cual esconderse. Ni en Outworld o edenia lo querrían ver con vida. Matarla resolvería todos sus problemas, pero sabía que era imposible, Tania lo mataría antes de que pudiera llamar a Balah quien, con mucho gusto, cumpliría su orden.


– Tienes unos minutos antes de que Veltaz y su guardia lleguen al palacio – hablo Onyx, mirando al suelo, incapaz de mirarla a los ojos – Detrás de mi hay un pasadizo que lleva al puerto, donde mi barco siempre me espera. Deberás ir a tu barco donde está el resto de tus hombres y llevarlos lejos de la ciudad, al sur y más allá de Lei Feng y su puerto.

– Ya tengo un destino programado, después de hacer lo que tengo que hacer ahí me ayudaras a entrar a Lei Chen.

– ¿A dónde iras?

– Eso no te lo puedo decir, pero nos veremos en Lei Feng en tres días, en el puerto. Vendrás solo para no levantar sospechas ¿me entiendes?

– Si – contesto Onyx, su voz se había vuelto rasposa y seca – Se te acaba el tiempo.


Tania camino detrás del trono de Onyx, quien movió una palanca oculta en una estatua y abrió una puerta secreta que llevaba a unas escaleras. El final de las escaleras mostraba un camino subterráneo sin iluminación, completamente oscuro. Onyx le dijo que se llevara una antorcha, pero ella le dijo que no sería necesario, prendiendo una flama en su mano izquierda. Una vez ella desapareció de su vista Onyx pudo limpiarse el sudor y respirar, como si Tania fuera un demonio cuya flama consumiera el aire a su alrededor. Su rostro se destenso cuando escucho a Tania abandonando el trono.

Tania bajo por las escaleras, iluminando su camino con sus poderes, mientras Onyx y el palacio se quedaban detrás. Tania logro escuchar la voz del monarca a distancia, quien le pedía que evitara matar a sus soldados si podía, ella fingió no escuchar y descendió por el camino oscuro delante de ella hasta ver una luz en el fondo que entraba por un pequeño orificio de una pared de rocas apiladas. Tania lanzo una esfera de fuego que exploto en la pared, abriéndole paso y permitiendo a la luz de la luna llena entrar. Ella se encontraba en las montañas Lei Chen, el pasillo probablemente atravesaba toda la montaña y por ello era tan largo. Desde ahí podía ver el puerto de Lei Long y también el puerto del monarca, escondido entre las montañas donde habían construido un dique que había creado un lago artificial. Era posible que los guardias ubicados ahí habrían escuchado la explosión, pero ella estaría lejos de la ciudad para cuando subieran a la montaña.

Alken y otros paladinos estarían esperándola en el barco, solo tenía que llegar ahí antes que la guardia de la ciudad los rodeara o que Veltaz se diera cuenta que ella ya no estaba ahí. Les había ordenado estar alerta, pero no podrían contra toda la guardia de la ciudad, aunque quisieran. Era hora de terminar la última fase de su plan, pero para ello requería hablar con el libro del nigromante una vez más. Si lo que le había dicho antes de ir al palacio era cierto, que Kana ya no se encontraba en Sun Do y se dirigía a Lei Chen, su plan se complicaba un poco más. Sin pensarlo mucho, Tania descendió por las escaleras en dirección al puerto de Lei Long.

Para cuando ella había descendido, la gente le tenía los ojos encima, pues su vestido anaranjado está completamente roto, mostrando sus torneadas piernas un poco más de lo que se consideraría "decente". La naginata en sus manos y las dagas ocultas en su entrepierna también levantaban las sospechas de muchos, pero ella no le daba importancia y avanzo rápidamente hacia el puerto. Sin embargo, una guardia de la ciudad estaba estacionada frente a su barco y, cuando ella intento acercarse, le cortaron el paso.


– Háganse a un lado – comando Tania – Es hora de que me vaya de esta ciudad.

– Es ilegal estar armada dentro de la ciudad señorita – respondió uno de los guardias – Y el capitán Balah nos ordenó que su barco no puede retirarse hasta el amanecer. Sus soldados están arraigados en su barco, no pueden irse a ningún lado.

– Onyx me pidió que no los lastimara, pero si no se hacen a un lado ustedes morirán.

– Usted no ira a ningún lado – hablo otro guardia mientras el resto tomaba sus gujas o sables y avanzaban hacia ella – Amenazar a un guardia se castiga severamente

– Como quieras.


Los seis guardias avanzaron para retener a Tania, pero ella dio unos pasos atrás, esquivando sus ataques y evadiendo todo de forma muy elegante como una gimnasta, manteniendo el equilibrio con un solo pie y girando con sus manos en el suelo, pateando a los guardias entre de ella. Tania dio un salto y, con una pirueta en el aire, sus piernas atraparon la cabeza de uno de los guardias. Un rápido movimiento de sus caderas le dio un giro completo al cuello del guardia, rompiéndolo sin mucha dificultad. El resto de los guardias intento atacarla mientras estaba indefensa, pero Tania se tumbó al suelo, dejando el cuerpo del guardia caer en los pasillos de madera y girar hacia el agua. Cuando ella se puso de pie, tres le los guardias atacaron con sus gujas y ella detuvo sus ataques con su naginata, extendiéndola para que el mango la protegiera. Clavando la punta en el suelo, Tania giro en el mango de la naginata, pateando a los tres guardias y tumbando a algunos en el agua. AL resto, los últimos tres que quedaban, les hecho un polvo morado, ahogándolos en la nube creada. Cuando los tres estaban impregnados del polvo morado, Tania trono sus dedos y los tres explotaron en llamas, gritando de dolor mientras el polvo actuaba como combustible para que las llamas duraran más.

La conmoción había llamado la atención a unos guardias que se encontraban dentro de su barco, pero antes de que pudieran atacar a Tania, Alken y los paladinos agarraron sus armas y los degollaron o penetraron su estómago con ellas. El asesino vio como Tania incineraba a los tres guardias y como, acercándose rápidamente, se acercaban varios guerreros de seido con sus armas de energía apuntándoles. Alken corto las cuerdas que ataban al barco y, con la ayuda de los paladinos, dejaron caer las velas. Tania voltio atrás de ella y pudo ver a uno de los guerreros de seido en su armadura de luces, brillando fuertemente como un sol, y con dos sashimonos de color azul en medio de todos los guerreros de seido. Era Veltaz. Tania subió rápidamente al barco y un viento favorable los empezó a empujar hacia la Bahía del Dragón, lejos de sus armas de luz.
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Re: MKX: Una nueva historia.

Mensaje por Hares » Dom, 16 Abr 2017, 03:58

Capítulo 23: Supervivencia.

Kulán Batúr, Fortaleza del Kahn. Derrota de la Resistencia.

Kana caminaba atravesando el enorme puente que conectaba el Archivo del Kahn con el resto de la fortaleza. Su equipo de guerreros, los caballeros sagrados de Argus, había sido decimado por la entidad conocida como Ermac. Ahora estaba sola y las tropas de Mileena y Reiko avanzaban adentro de la fortaleza. Edenia había perdido y ahora ella tenía que escapar sin más que su armadura y su lanza para acompañarla y protegerla, pero el camino de regreso no iba a ser fácil. Tanto Outworld y sus hordas tarkata como los guerreros edenianos leales a Tania como lo era Alken eran sus enemigos, no podía confiar en nadie. Una vez más Kana tenía que sobrevivir y estaba decidida a que sobreviviría, emprendiendo la carrera por el puente para llegar a la Fortaleza.
Los pasillos de los últimos pisos de la fortaleza estaban vacíos, pero se podía escuchar los gritos de guerra y gruñidos de los tarkata desde las escaleras. No tardarían en subir y sus fuerzas seguramente habrán aumentado exponencialmente si liberaron a los guerreros que habían sido capturados cuando ellos tomaron la fortaleza. Kana no podía parar de pensar que este era el inicio de la misma pesadilla de nuevo, como cuando Shao Kahn tomo edenia o derroto a la original resistencia. Solo que ahora era un emperador diferente, aunque las caras de quienes lo apoyaban y seguían eran las mismas que hace años. Tal vez aún existía un rayo de esperanza, tal vez podrían escapar y luchar otro día. Este nuevo imperio todavía esta joven y debilitado de sus últimos combates, los shokan o centauros no se encuentran de su lado y muchas otras ciudades se han opuesto al imperio que está resurgiendo. Este es el inicio de una guerra y, aunque hayan perdido la batalla, todavía no han sido derrotados mientras sigan peleando.

– ¡Avancen! – escucho a un tarkano hablar mientras ella descendía por las escaleras circulares – No dejen ni un edeniano vivo.

Karbrac se encontraba al frente de las hordas tarkanas que se habían adentrado a la fortaleza. Junto a él docenas de tarkanos avanzaban por los pisos de la fortaleza, limpiándola de invasores. Kana supuso que la mayoría de los guerreros se estaban retirando ahora que el enemigo había roto las defensas edenianas. Si ella no escapaba, los tarkanos no se detendrían hasta que estuviera muerta. Así que Kana ya no descendió más aun y busco una vía alterna en el piso que se encontraba. Karbrac no la vio, pero sintió su olor, algo que le llamo la atención al tarkano y levanto la mirada. Kana ya se había ido, pero ordeno a varios tarkanos que la siguieran.

Los pasillos de la fortaleza eran todos iguales, estandartes de la legión del cráneo y el imperio de Shao Kahn adornaban las paredes junto con estatuas del busto de sus guerreros y del emperador que descansaban en pedestales de mármol. Antorchas iluminaban el camino y los diferentes pasillos que se cruzaban unos con otros, volviendo la fortaleza en una especie de laberinto con decenas de puertas que llevaban a diferentes lugares y a ningún lugar al mismo tiempo. Los diferentes cuartos variaban en su diseño y propósito, algunos eran cuartos, otras tesorerías y otros funcionaban como cuarteles o caserón de los soldados. Todos ellos se entrelazaban con otros pasillos en diferentes niveles de la fortaleza. Si los usaba y alternaba, podía pasar desapercibida, pero si se encontraba con algún enemigo su escape se volvería aún más problemático.

Siguiendo su plan Kana descendió varios niveles sin ser detectada hasta llegar a las terrazas del castillo. Una tormenta había comenzado y el suelo estaba empapado, las gotas de la lluvia impactaban en los bellos vitrales de la fortaleza. Desde la terraza se podía ver la destrucción de la ciudad, capital del imperio y de la fortaleza. Un puente que conectaba a diferentes partes de la fortaleza había sido destruido por una balista y el control de las máquinas de asedio la tenía el Outworld. Fuego, cenizas y sangre era lo que dejaban a su paso, una de las entradas a la fortaleza había sido derrumbada por completo mientras que los guerreros del Outworld subían por escaleras de madera y torres de asedio a la fortaleza. Flechas de fuego volaban en ambas direcciones y gritos de guerra y muerte se escuchaban a todo su alrededor. Kana luchaba por no prestarle atención a lo que ocurría a su alrededor y concentrarse en buscar una salida, ya había descendido varios niveles, pero aun no era suficiente.

Unos pasos se escuchaban por el camino, resonando y haciendo eco. El golpeteo de las partes de una armadura de metal se aproximaba a ella y parecía que eran más de tres personas. Kana no sabía que pensar ¿eran edenianos? ¿eran de Outworld? Su respuesta termino siendo una combinación de ambas al ver a tres guerreros edenianos corriendo de un grupo de guerreros del Outworld. Kana sintió el impulso de ayudarlos, después de todo todavía eran sus hermanos de edenia. Sin embargo, antes de que ella pudiera hacer algo, un portal de agua se formó entre ella y los edenianos. Del portal salió Rain, y con sus poderes de agua, decapito a los tres con un solo movimiento de sus brazos.

Rain dio media vuelta, mirando directamente a Kana y su armadura dorada de león. Sus guerreros de Outworld se colocaron detrás de él, esperando sus instrucciones para atacar a la guerrera de la armadura extravagante. Kana reconoció Rain al instante, sus puños se cerraron con fuerza y odio al verlo matar a sus hermanos. Rain, en cambio, no reconocía quien estaba enfrente de él y le daba curiosidad saber quién era. Nunca había visto una armadura como esa en sus días con la resistencia.

– ¿Quién eres? – pregunto Rain
– Mi nombre e identidad no importan traidor – respondió Kana, sujetando su lanza cruzada con fuerza.
– Veo que tú me conoces, bien. Mátenla – ordeno Rain, sin darle importancia al comentario de Kana.

Los cinco guerreros de Outworld se abalanzaron contra Kana con sus katanas desenfundadas. Los cinco atacaron al mismo tiempo con varios movimientos circulares y semicirculares, Kana retrocedió unos pasos para evadir el continuo ataque de sus enemigos y, usando su lanza, bloqueándolo. Sus ataques no parecían terminar, por lo que Kana coloco su mano en el suelo, hizo una oración, y el suelo comenzó a brillar de color amarillo, como si un rayo lo hubiera impactado. Lanzas de color amarillo aparecieron de debajo de la tierra, empalando los cinco guerreros de Outworld cuando se acercaron al suelo tocado por su mano y su oración. Las lanzas bloqueaban todo el camino y actuaban como una muralla, bloqueándole el paso a Rain. Kana comenzó a correr y escapara antes de que Rain se teletransportara al otro lado, sin embargo, este no la siguió y solo la miro irse con mucha curiosidad. Rain se dio media vuelta y continuo su camino para ascender por la fortaleza y llegar al salón del trono, preguntándose quien era esa guerrera.

Kana continúo descendiendo por los caminos de la fortaleza, evadiendo cualquier confortamiento, evitando ser vista por las fuerzas de Reiko. Kana sabía que debía salir de la fortaleza y llegar a la ciudad, de ahí viajar al sur. Lamentablemente para ella nada de dicho camino será sencillo y tomaría mucho tiempo. Los niveles inferiores de la fortaleza estaban repletos de soldados, evitar un confrontamiento le resultaría imposible.

– ¿Creíste que podías correr? – una voz similar a la de un león la llamo, Kana volteo y vio a Karbrac acompañado de varios tarkanos de diferentes tamaños – Prepárate para morir.

Kana vio a los tarkanos, equipados con espadas de una hoja, hachas y sus filosas garras. El tarkano que los lideraba, Karbrac, curiosamente tenía dos pares encada brazos. La Edeniana tomo su lanza del mango y la cruz, manteniendo la hoja cerca de ella. Los tarkanos avanzaron hacia ella, listos para devorarla con sus feroces dientes y sacarle el corazón con sus garras. Uno de ellos ataco con su hacha hecha de huesos de diferentes bestias del Outworld y una cabeza de metal, otro, mucho más grande que cualquiera de los otros tarkanos, tenía un martillo compuesto por una enorme y dura piedra. Kana detuvo el ataque del hacha con la cruz de su lanza y golpeo al tarkano con la parte trasera de su lanza, girando su cuerpo para lanzarlo al suelo. Otros dos tarkanos avanzaron contra ella usando sus espadas, Kana de defendió atacando a los dos con varias patadas y golpes, pero el tarkano gigante se interpuso y, con su enorme martillo, impacto el suelo con fuerza. Kano y los tarkanos se hicieron a un lado, pero el impacto los empujo unos metros de distancia, separándolos. El gigante fue contra Kana, alzando su martillo para matarla con alguno de sus golpes horizontales. Kana no podía defenderse de dichos ataques, por lo que opto por retroceder hasta esperar a que el tarkano dejara su defensa baja y la encontró cuando el gigante elevo el martillo por arriba de su cabeza. Kana sujeto con sus dos manos la lanza y la clavo en el pecho del tarkano, quien grito por el dolor. Sabiendo que eso no lo mataría, Kana libero una descarga eléctrica desde su armadura sagrada hacia su lanza, electrocutando al tarkano gigante que cayó muerto al suelo. Kana emprendió la retirada cuando el gigante cayo y los tarkanos la siguieron, la conmoción había llamado la atención de uno de los capitanes del ejercito de Outworld y el y su ejército persiguieron a Kana por los pasillos de la fortaleza, sin embargo, el camino se estaba acabando y un grupo de ballestas le cerraron el paso, apuntando sus flechas hacia ella.

– Todos apunten a la Edeniana – ordeno Katan a sus ballesteros – No importa el fuego cruzado contra los tarkanos.

Kana no tenía escape, pues la habían acorralado. Atrás de ella se encontraba Karbrac y varios tarkanos y delante de ella las fuerzas de Katan, uno de los capitanes del ejército imperial. Solo había una forma de escapar y era lanzarse al precipicio que se encontraba a su izquierda, atravesando los vitrales de la fortaleza. Kana no lo pensó dos veces y giro a su izquierda cuando los soldados dispararon sus ballestas. Las flechas viajaron rápidamente, algunos de ellos impactando contra su armadura, rompiéndose, pero otros atravesándola levemente. El resto de las flechas impactaron contra los tarkanos, tumbándolos al suelo, mientras ella saltaba por uno de los vitrales al precipicio debajo. Kana vio como todavía faltaban varios pisos para que ella llegara al suelo, la caída no sería suave. La Edeniana tenía el suficiente vuelo para llegar al muro del cuartel del ejército, que se encontraba al lado de la fortaleza y se conecta por varios puentes al aire libre. Kana uso su lanza para intentar detener su caída, pero la dura roca del muro no era fácilmente penetrada, por lo que la caída de Kana fue larga y sin nada que amortiguara el golpe al fondo. Kana tuvo que actuar rápido y, con una oración, lanzo su lanza hacia el suelo con la punta hacia abajo.

_________________________________________________________________________________________

Kana despertó en el fondo de la fortaleza en unos canales creados para que no se inundara la estructura cuando la lluvia y tormentas eran constantes. La Edeniana despertó entre un montón de rocas y agua que le llegaba al cuello. Intento levantar su brazo, pero le resultó imposible, lo más probable es que se lo había fracturado. Su armadura sagrada se encontraba aboyada, y una flecha le atravesaba el pie por completo. En su estado sentía que tenía varios huesos rotos, pero seguía viva y creía que era capaz de levantarse si soportaba el dolor. Su oración había funcionado, su lanza estaba clavada en el suelo, pero su punta se había fracturado y debajo de ella se encontraba un circulo y varias figuras de color amarillo. Kana comenzó a levantarse poco a poco, apoyándose en las rocas debajo de ella. Su respiración le costaba, no recordaba cómo había golpeado el suelo, pero sentía que su hombro se había dislocado y que todos los huesos de su brazo derecho estaban triturados.

Kana avanzo lentamente, no podría caminar con esa flecha clavada en la pierna, pero tampoco tenía la fuerza para sacarla. No tenía de otra, debía sacarla o no podría caminar en lo absoluto. Sujeto la flecha con fuerza y comenzó a sacarla lentamente, esta no había atravesado o penetrado su hueso, lo que fue un alivio para ella. Su armadura la había protegido, pero no podía soportar tanto castigo. Kana tiro la flecha al suelo y comenzó a respirar lentamente, debía detener el sangrado. Escapar de la fortaleza le costó mucho más de lo que había planeado, ahora regresar sería una labor imposible y, aun así, con todo en su contra, Kana se puso de pie. El agua le llegaba a la cintura y sangre comenzaba a mancharla de rojo. Con su mano izquierda tomo su lanza y la uso para apoyarse. Respirar le resultaba complicado, como si su caja torácica no le permitiera a sus pulmones expandirse. Sangre comenzaba a fluir desde su tráquea, eso confirmaba que tenía heridas internas y se estaba desangrando sin saberlo.

– Argus – rezo Kana, escupiendo sangre mientras lo hacía – Si sigues conmigo, dame algo de tu fuerza. Patrón de nuestra orden, padre de nuestra misión, no me dejes morir aquí.

Una última oración realizo Kana, pidiendo por un milagro que la ayudara a salir adelante. Su armadura había perdido su hermoso brillo, como si el cuidado de los dioses la hubiera abandonado, pero ella seguía creyendo en los dioses, seguía siendo su inquebrantable escudo y su reluciente espada. Kana se puso en una rodilla, apoyando su cuerpo en su lanza y evitando caerse en el proceso. Poco a poco Kana sentía como se iba su aliento y que perdía el conocimiento nuevamente.

– Por favor – rogo – No me dejes en la oscuridad.

Su armadura se encontraba abollada por el impacto, algunas partes se habían roto y se clavaban en la piel de Kana y su cota de malla debajo del metal. La armadura poco a poco comenzó a recobrar su brillo, reluciendo ese color dorado que tanto la identificaba como el León de Argus. Kana sentía su energía y como sus pulmones volvían a llenarse de aire. Sentía como sus heridas comenzaban a sanar y su armadura recobraba su forma intacta. Todo el proceso tomo un minuto, el sentir como sus huesos se volvían a formar y sus tendones y músculos se volvían a reconectar era un proceso doloroso. El esfuerzo mental que requería realizar para sobrevivir era brutal, pero era un precio que pagar para vivir.

Kana se tumbó al suelo, respirando rápidamente y completamente agotada. Lagrimas salían de sus ojos y caían en el visor de su casco: la mandíbula del león. Una vez recupero el aliento y pudo volver a moverse, Kana se puso de pie con la ayuda de su lanza cuya hoja ya no estaba rota. La Edeniana soltó una sonrisa y agradeció al cielo, ahora solo tenía que avanzar al frente, sin embargo, al voltear atrás de ella para intentar ubicar donde estaba, vio el cuerpo de una guerrera cubierta de rocas y escombros. Su armadura era del color de la plata y su casco tenía un largo y hermoso velo manchado de agua y polvo. Kana la reconoció, era el Arco de Thanos, la capitana Ciran y se encontraba inconsciente debajo de esas rocas. Kana actuó rápido y empezó a quitarlas una por una. Para las pesadas uso su lanza como una palanca, confiando en que resistiría con la bendición de Argus y así lo hizo. Las piernas de Ciran estaban completamente destruidas bajo los escombros, pero seguía viva. Kana la subió a su espalda y la cargo por el camino para salvarla, por ahora se le habían acabado los milagros, pero si sobrevivía, ella podría curarla cuando lleguen a un lugar seguro. Si era la mitad de la mujer que los rumores contaban que era, lo lograría. Fue así entonces, como Kana cargo con Ciran durante su escape de la ciudad de Kulán Batúr hacia el sur.

_____________________________________________________________________________________________

Bosques de Outworld, al sur de la fortaleza. Días después de la derrota de la Resistencia.

Kana había levantado un pequeño campamento y creado una fogata para mantenerse caliente durante la noche. Para poder descansar se había quitado su armadura sagrada y solo usaba su cota de malla y ropa remendada con cuero hervido. Kana estaba sentada en una roca, calentando sus manos en el fuego mientras Ciran yacía en el suelo, acostada y durmiendo profundamente, su armadura la había removido Kana y la dejo a un lado de ella. El ritual del milagro la había agotado y se desmayó durante el proceso de regeneración de sus huesos. Por un momento Kana pensó que la había perdido, pero su corazón seguía latiendo, por lo que no detuvo el ritual hasta que su cuerpo sanara completamente. Ahora solo le tocaba sanar a la mente y para ello necesitaba descansar.
Ya han llegado muy lejos, mucho más de lo que ella creía que llegarían, sin embargo, la comida escasea y el agua también. Como dama de la Orden de Caballeros Sagrados de Argus, ella ha aprendido a sobrevivir a cualquier situación, pero hay un límite para el cuerpo y Ciran no sobreviviría mucho sin comida ni bebida. Kana se puso de pie, tenía que buscar alimento y estos bosques tal vez podrían proveer alguno. Temía que Ciran se despertara y no supiera que ocurre, que intentara escapar o alguien la encontrara, pero no había a nadie más a quien recurrir.

Kana tomo su lanza con su brazo izquierdo, aunque ya se había recuperado todavía quedaba un dolor en el derecho y era mejor no usarlo. La Edeniana decidió no alejarse mucho de su campamento, pero si se perdía tenía una bendición para mostrarle el camino de regreso, por lo que no se preocupaba mucho. Solo tenía que encontrar algún animal y matarlo, entre más grande mucho mejor.
Kana inspecciono el bosque, buscando huellas, ramas rotas en los arbustos, cualquier cosa que le pudiera indicar que había algo vivo cerca de ella. Paso así por mucho tiempo, buscando señales de algún animal sin conseguir nada. Después de todo no era una cazadora, no sabía nada de rastrear animales, solo sabía cómo combatir, tácticas de guerra y operaciones militares. Todo esto era desconocido para ella. Y Kana lo sabía, solo no esperaba que fuera tan complicado. Al fracasar en ello, Kana se puso a recolectar frutas de los arbustos, intentando reconocer cuales eran comestibles y cuáles no. Guardo todas en sus bolsillos y después paso a recolectar algo de agua de un rio cercano, usando su casco para tomarla y llevarle un poco a Ciran.

– Muéstrame el camino de regreso – recito Kana a su corazón y unas luces amarillas brillantes le mostraron por dónde ir.

Kana empezó a darse cuenta lo mucho que ella dependía de los milagros y favores que les pedía a los dioses. Sin ellos no hubiera sobrevivido, sin ellos Ciran hubiera muerto y sin ellos no sabría ni como regresar a su propio campamento. Nunca antes se lo había cuestionado, pero ahora que no tenía nada se dio cuenta de su vulnerabilidad. Mientras regresaba al campamento estuvo pensando que tanto había hecho mal, en que había fracasado y todo lo que tenía que mejorar. “Un poco tarde para reflexionar en eso ¿no lo crees?” se dijo a sí misma. Kana soltó un suspiro al ver el humo que liberaba el fuego de su campamento. “¿Acaso caímos porque dependíamos demasiado de los dioses?” Se preguntó. “Hereje” Se respondió ella sola ¿Cómo osaba a cuestionar la fe y virtud de su orden a los dioses? ¿Cómo osaba a cuestionar la ayuda de los dioses? Si hubiera hecho esa pregunta cuando su Gran Maestro estaba vivo, la hubieran expulsado de la orden, pues tu fe debe ser inquebrantable, solo así la orden se mantenía de pie. Pero el problema radicaba ahí, la orden hace mucho tiempo que no existe. Su Gran Maestro hace mucho que murió. Ella solo ha estado intentando mantener el sueño con vida según los pasos de su maestro y eso solo los ha llevado a que sus compatriotas murieras y ella fuera el último miembro con vida de la orden.

Has vuelto – escucho Kana una débil voz hablarle desde el campamento y ella levanto la mirada. Era Ciran, quien estaba sentada en el suelo, con su armadura puesta y con dos conejos colgando de su cintura y otros dos asándose en el fuego. Kana estaba impactada, impresionada de verla de pie tan pronto y, aún más impresionante, que ella había cazado cuatro conejos mientras ella solo traía unas frutillas y un poco de agua.

– Vamos, no me hagas rogar… ves que no puedo hablar muy bien –

Ciran invito a Kana a que tomara asiento enfrente de ella. Kana avanzo y le entrego su casco lleno de agua. Ciran se quitó su yelmo, dejando su cabello libre y mostrando su bello rostro, dejándolo en él suelo. Ciran bebió velozmente del agua del rio sin despegar sus labios secos y sedientos del casco. Despues se lo entrego a Kana, quien bebió lo poco que quedaba.

– ¿Cuánto tiempo llevas despierta? – pregunto Kana mientras se sentaba en el suelo.
– Te vi irte del campamento – respondió Ciran, tomando uno de los conejos empalados en una flecha – Ten, este es para ti.
– Gracias – Kana atrapo al otro conejo. Ciran paso a devorar el conejo en pocos bocados, pero sin perder sus modales – Trata de no moverte mucho, tu cuerpo aún está débil.
– Estaríamos comiendo cerezas nada más si no me hubiera levantado – contesto Ciran, quien no despejaba los ojos y boca del conejo.
– Supongo que tienes razón – era cierto, pero Kana pensó que tendría una mejor educación.
– Discúlpame – Ciran paro un segundo para hablarle y verla a los ojos – Te agradezco lo que hiciste por mí, me salvaste, me ayudaste a recuperarme. No quería sonar como una mal agradecida. Solo quería pagarte el favor.
– No te preocupes, come.

Las dos se acabaron el conejo pues ambas estaban agotadas y hambrientas. Ciran pensó en poner a asar los otros dos conejos, pero sabía que todavía les faltaba un camino largo que recorrer. La comida paso sin una sola palabra, ninguna de las dos se dirigió la palabra, pero ambas tenían sus preguntas de la otra. Solo esperaban el momento oportuno para hacerlas.

Kana tomo unas de las ciruelas y pequeñas frutillas que había recolectado y las metió en su boca. Su sabor era agridulce, pero era mejor que nada. Ciran le robo unas pocas también y las metió todas a su boca. Su jugo humedeció su garganta y le permitió bajarse la comida, su sabor le gusto y saboreo cada momento de él. Ambas respiraron profundamente, disfrutando el descanso que se les había otorgado.

– ¿Perdimos? – pregunto Ciran, mirando el suelo.
– Si – contesto Kana. La respuesta era obvia, pero no era fácil de digerirla, ella lo sabía por lo que no la juzgo.
– ¿Cuántos lograron escapar? ¿Nuestra señora Tania se encuentra bien?

Nuestra Señora Tania, Kana temía que ella fuera leal hacia Tania de una forma tan ciega. Ciran parecía que fue derrotada durante los primeros momentos de la toma de la fortaleza y probablemente no sabe que Tania y la resistencia la consideran a ella una enemiga. Kana acerco su lanza a su cuerpo un poco más, estudiando cualquier movimiento de Ciran.

– No lo sé – respondió Kana – Mis tropas fueron decimadas del otro lado de la fortaleza, tuve que escapar por mis propios medios. Fue así como te encontré.
– ¿Cómo me encontraste? – pregunto Ciran, curiosa y mirándola a los ojos.

Ciran era hermosa, mucho más hermosa que Kana. Su rostro era suave y delicado, sus ojos eran de un intenso color azul y su piel era blanca y tersa. Su cabello era de un negro abismal, lacio y largo. Kana no podía quitar sus ojos de encima al ver que, semejante mujer, no tenía heridas de guerra como ella. Claro estaba que ella, a pesar de ser Edeniana, ya se le notaban los años encima, mientras que Ciran relucía su juventud de unos cuantos diez mil años mientras que ella tenía alrededor de cuarenta mil.

– Estabas atrapada bajo un montón de piedras y escombros – contesto Kana – Te encontré porque estaba escapando de las hordas tarkanas y me acorralaron.
– ¿Así que saltaste? – pregunto Ciran, sorprendida de la audacia de sus acciones.
– Era eso o morir, sabía que sobreviviría, pero si… sentí miedo mientras estaba cayendo y cuando desperté.
– Tu armadura esta bendecida ¿no es así? ¿Quién la bendijo?
– Argus, el dios protector de Edenia – Kana estaba sorprendida de que Ciran no sabía quién era ella y la historia de la orden, fue un golpe fuerte a su orgullo – Todos los caballeros y damas de la orden tienen una. La mía es la del León de Argus, un antiguo guerrero que lucho contra Shinnok en su intento por dominar los reinos. Lamentablemente falleció a manos del dios caído.
– Impresionante – Ciran podía no conocer la historia de Kana y la orden, pero si sabía del dios caído. Era impresionante que dicha armadura llevara tanto tiempo – Mi armadura también fue bendecida, aunque no sé muy bien por quien. Le pertenecía a una antigua guerrera que murió sirviendo a la resistencia ¿tú sabes quién era?
– Jamás había visto una armadura como la tuya si te soy sincera – admitió Kana, analizando el alto nivel de detalles que la armadura tenia – Su color, su diseño, dudo que sea de Edenia. Pero también tiene un aire familiar.
– ¿Cómo es eso posible? – pregunto Ciran, sujetando su casco y mirándolo sin parpadear – ¿Quién era el Arco de Thanos antes de mí?
– ¿A qué te refieres con “antes de mi”? – pregunto Kana, anonadada – Tu eres el arco de Thanos, tu serviste a su lado cuando fundo la resistencia. Tú eras su mano derecha.
– No – respondió Ciran, apenada y sin levantar la mirada – Yo solo era una bailarina de Thanos. Cuando ella murió, yo solo era una sirvienta.
– ¿Una bailarina? – Kana no podía creer lo que le estaban contando, una pequeña carcajada salió de su cuerpo sin querer, pensando que era una broma – ¿Cómo es que una bailarina y sirvienta…?
– Yo tampoco lo entiendo – admitió Ciran, pero no se atrevía a levantar la mirada, Kana no pudo terminar su pregunta – Cuando la resistencia fue creada se me entreno para llenar el vacío que ella había creado. La mitad de mi vida estuve entrenando y Thanos me nombro su Arco.
– Impresionante
– ¿Qué tiene de impresionante? – Ciran alzo la voz, sujetando su casco con fuerza – He fracasado. Thanos está muerto y ahora la resistencia ha sido derrotada de nuevo. No he cumplido mi parte del trato.
– ¿Cuál trato? – pregunto Kana con una voz suave y tranquila, pues Ciran estaba a punto de quebrarse mentalmente.
– El que hice con él – respondió Ciran, evasiva.
– ¿Con Thanos?
– Sí, el me prometió que sería más que una sirvienta. Que podría vengar la muerte de mi familia y ayudar a mis hermanos edenianos. Toda mi vida no había hecho nada, nunca conocí a mis padres y solo era una protegida, una concubina, del embajador Thanos. A cambio yo sería su arco, yo destruiría a el Outworld y ayudaría a Edenia a volver a su antigua gloria.
– ¿Cuántos años tienes Ciran?
– Cinco mil – contesto Ciran, entre lágrimas.

No era más que una niña en términos edenianos, una jovencita que no pertenecía a la guerra ¿Cómo es que había peleado tan valientemente en la guerra? ¿Cómo es que Thanos o Tania le habían permitido pelear? Toda la conversación era como una mala broma. Cuando llego al campamento Ciran parecía una fuerte y bella mujer, pero ahora parecía la indefensa niña que realmente era y ocultaba debajo de su yelmo. Fue entonces cuando una idea despertó desde su interior. Nadie más que ella y Thanos sabían quién era Ciran realmente. Su rostro era el de una joven mujer, pero una adulta, y su armadura la de una legendaria guerrera. Sin embargo, adentro de ese rostro y esa armadura, no era más que una niña. La armadura no estaba bendecida por ninguna deidad, la armadura ERA el Arco de Thanos, no la persona que la usaba.

– Vamos – Kana se puso de pie, cargando con su armadura en la espalda –Es hora de continuar nuestro camino.
– ¿A dónde vamos? – pregunto Ciran, limpiándose las lágrimas.
– Al sur, a las montañas de Lei Chen – contesto Kana – Mi orden iba a retirarse allá si es que perdíamos.

Ciran se puso de pie y cargo con su armadura de la misma forma en su espalda. De ahí comenzaron a caminar al sur para salir del bosque, manteniéndose lejos del camino principal para evitar ser vistos.
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Re: MKX: Una nueva historia.

Mensaje por Hares » Vie, 21 Abr 2017, 16:47

Capítulo 24: La ofrenda de los Osh-Tekk

Fortaleza del Kahn, dentro del cuarto del trono.

La coronación de Mileena había sido presenciada por toda la población de Kulán Batur quienes gritaban por la heredera de Shao Kahn. Reiko había sido el que la corono, entregándole una variante al kabuto de su padre. Cuando sus tropas marchaban hacia la capital para tomar lo que era suyo por nombre, Reiko le había entregado el kabuto quemado de su padre como símbolo de que la aceptaba como su emperatriz. Sin embargo, eso solo era metafórico y ahora se había cumplido. Mileena era la kahnum de Outworld y su ciudad la adoraba. Fuera por miedo, por matar edenianos o verdadera lealtad, quedaba a manos de cada individuo. Pues en Outworld, uno no puede estar seguro de la lealtad de una persona si esta no le teme primero.

Mileena sintió una gran satisfacción al colocarse su kabuto el cual tenía un shikoro oscuro que le caía cerca de los hombros y una gran cresta similar a una corona que recorría las partes frontales y laterales del casco y tenía varias extensiones puntiagudas. La cresta era similar a una tiara, la cual usaba cuando no combatía. El kabuto no tenía una máscara, una calavera que simbolizara la última conquista de la emperatriz, pues ella no había conquistado otro reino si no que intentaba conquistar el suyo. Se dice que el Kabuto del emperador al inicio no tenía un cráneo, este fue adherido después según sus conquistas. Uno estaba hecho con el cráneo de Jerod, Rey de Edenia y este era el más famoso. Cuando invadió la tierra iba a hacer un nuevo kabuto hecho del cráneo del guerrero más fuerte que la tierra tenia, Liu Kang, pero esto nunca fue posible para él. Mileena ansiaba cumplir dicho deseo de su padre, lamentablemente, Liu Kang estaba muerto. Su cuerpo enterrado. Al final no resultó ser un oponente digno, aunque, en su mente, existía uno que deseaba con mucha fuerza: el del Dios del Trueno. Él fue el responsable de la muerte de su padre de acuerdo a lo que Reiko le conto y, en ese preciso momento, Mileena hizo la promesa de matar al dios del trueno y conquistar la tierra una vez su poder estuviera establecido en Outworld. Reiko le prometió que eso llegaría lo más pronto posible y le ayudaría a asegurar su lugar en Outworld.

– Mi emperatriz – hablo Abakra, otro de los Tarkanos Generales de Baraka, inclinándose – Mis tropas sean extendido por las tierras anexas a la capital, todos se han inclinado a su poder.
– El ejército imperial ha avanzado hacia el sur y el norte – hablo Aegis, capitán del cuarto régimen del ejército imperial – Mis tropas avanzaron al norte para llevar sus órdenes, algunos intentaron resistirse a su imperio, pero fueron neutralizados.
– Yo he viajado al sur – hablo Fume, capitán del tercer régimen del ejército imperial – Nuestras tropas han encontrado resistencia de los aliados de Lei Chen y el Reino del Orden. Hasta que la capital no caiga, seguirán peleando.
– Mis tarkanos han avanzado hacia el Monasterio y sus Portales – hablo Karbrac – Los monjes y hechiceros oscuros están listos para servir.

El control del primer continente parecía completo por excepción del sur y la Isla de los abandonados, donde los vampiros reinaban. Estas criaturas, sin embargo, eran muy tranquilas y no combatían mientras no se invadiera su territorio. Mileena quería que se pusieran en sus rodillas y besaran su pie, pero Reiko sugirió concentrarse en aquellos que intentarían matarla, como el Reino del Orden y la Resistencia Edeniana. Todos ellos se encontraban en el sur, unos siendo perseguidos y otros en constante observación.

– ¿Qué noticias hay de la ciudad de Kuatan y los bosques de los centauros? – pregunto Mileena, quien había enviado mensajeros buscando su cooperación.
– Mi señora – hablo Eygel, el capitán del quinto régimen y quien casí muere a manos de Baraka y cuya lealtad todavía no estaba asegurada – Mis mensajeros nunca regresaron por lo que podemos asumir que los Shokan y los Centauros no quieren cooperar con su majestad.
– ¿Cómo se atreven? Insolentes monstruos – Mileena estaba furiosa – Si no se unen a nosotros, ellos morirán.
– Existe otra opción – interrumpió Reiko antes de que Mileena enfureciera de verdad – El príncipe Goro siempre fue leal a Shao Kahn, su padre. Tal vez podamos convencerlo a él en lugar de su padre.
– ¿Dónde se encuentra el príncipe de los shokan? – pregunto Mileena a Eygel, quien se encontraba algo nervioso.
– El príncipe probablemente esté en las tierras conquistadas de edenia – contesto Eygel – Se encuentran luchando por territorio junto a los centauros.
– Outworld es mucho más grande de lo que me podía imaginar – hablo Mileena recargándose en su trono.
– Pero tenemos las tropas para controlarlo – contesto Reiko – Ahora que tenemos la fortaleza a nuestra disposición nuestros números han aumentado. Los trece regímenes del ejército imperial serán restaurados, remplazando a los capitanes que murieron en la conquista de la tierra y los que se opusieron a usted. Los batallones de cada continente se irán reformando mientras conquistemos más territorios.
– Primero debe caer Lei Chen – hablo Mileena, haciéndolo notar más como una orden – Si Lei Chen cae, nadie se opondrá a mí. La ciudad impenetrable, la ciudad libre de Lei Chen quedara reducida a cenizas. Si logro lo que mi padre no pudo, todos los rincones del Outworld me temerán.
– Habla usted como su padre – le congratuló Reiko – Una verdadera emperatriz ha nacido.

Los tarkanos rugieron en aprobación, orgullosos de su emperatriz. El ejército imperial comenzaba a respetarla también al igual que temerle. Su ambición puede no ser tan grande como su padre, pero iba creciendo con el tiempo. Su liderazgo también era distinto, pues ella se puso al frente de la batalla durante la conquista, a diferencia de su padre, quien estaban en las últimas filas. Antes luchaban por Reiko, a quien respetaban, ahora luchan por su emperatriz. El único que se mostraba escéptico era Eygel, quien obedecía, pero secretamente odiaba a Mileena y no la consideraba la emperatriz de Outworld. Mileena actuaba con el mismo plan que Hatchiman, plan que los llevaría a la muerte. Aunque los tarkanos estuvieran apoyándolos, el resultado sería el mismo, sin excepciones.

– Eygel – llamo su emperatriz, mirándolo con sus brillantes ojos amarillos – Tu régimen se unirá al de Fume. Mantengan a los seidianos y sus amigos lejos de nuestras tierras.
– Si mi señora, de inmediato movilizare mis tropas – Eygel sentía que Mileena sabía lo que él pensaba, como si esos ojos penetraran en su alma y lo pudiera ver todo. No era un sentimiento agradable.
– ¿Qué hay de nuestros aliados en el Oeste? – pregunto Mileena, mirando a Katana, que estaba detrás del resto.
– Los batallones del segundo continente y sus islas se nos han unido en su mayoría bajo órdenes de Reiko – contesto Katan, dando unos pasos al frente e inclinándose – Sin embargo, se encuentran luchando contra una rebelión interna y la capital de Z'Unkahrah se encuentra en el epicentro del conflicto.
– Estos guerreros son débiles si la plebe pudo tomar la ciudad – comento Mileena – No me sirve gente así. Por mi pueden morir a manos de ellos.
– Estoy de acuerdo con eso, su majestad

Una profunda y grave voz se escuchó desde el fondo del salón del trono, mas allá de las tropas y hordas de tarkanos que se encontraban presentes. Las enormes puertas se estaban abriendo y de ellas entraron tres figuras. Uno de ellos era un hombre musculoso de enorme estatura y piel verde, usando una barbuta, un casco de metal con nasal y varias calaveras en su cintura. La segunda figura era muy pequeña comparado al tamaño del gran guerrero a su lado, era una mujer con la piel similar a un exoesqueleto de un insecto y de color amarillo. La tercera figura era un guerrero similar al de piel verde, pero este usaba un casco en forma de águila con varias plumas adornándolo.

– ¿Quiénes son ustedes? – pregunto Mileena, mirándolos con curiosidad y cruzando sus piernas.
– Mi nombre es Kotal K'etz – el guerrero de color verde y con el casco de barbuta se inclinó junto con los otros tres – El guerrero a mi derecha es mi hijo, Ko’atal, y a mi izquierda se encuentra D’vorah.
– Ellos dos son Osh-Tekk, Kotal K'etz era su emperador hasta que fue conquistado por tu padre – explico Reiko a su emperatriz – D'vorah es una antigua ayudante de tu padre, ella es una Kyntinn.
– ¿Osh-Tekk? Puedo ver que son fuertes guerreros ¿pero qué tan fuerte realmente son? – Mileena curioseaba a los guerreros, mirándolos de pies a cabeza – ¿Cómo es que mi padre te dejo vivo Kotal K'etz?
– Su padre nos dejó vivir al reconocer nuestra obediencia y capacidad de servirle en su reino – contesto el emperador Osh-Tekk – Mi hijo se volvió uno de sus guerreros y consejeros junto con Reiko.
– ¿En serio? – pregunto Mileena, observando a Ko'atal y Reiko. Este último se acercó a la emperatriz para explicarle la situación – Nunca había escuchado de ustedes.
– Su padre nunca nos tomó con una alta estima o en consideración – explico Kotal K'etz – Pero nuestra gente siempre ha querido volver a su tierra, siempre ha querido volver a su capital: Z'Unkahrah. Las fuerzas imperiales no han podido controlar la rebelión de su propia gente. Pero los Osh-Tekk somos leales, nosotros suprimiremos la rebelión.
– Mi emperatriz – interrumpió Katan, dando un paso enfrente y abriéndose paso entre los tres guerreros, empujándolos – Los Osh-Tekk son una raza inferior, jamás podrían tomar la ciudad que se les fue arrebatada hace tiempo.
– Katan tiene razón – hablo Reiko, apoyando a su capitán – ¿Qué se puede esperar de un emperador que prefirió vivir como esclavo en lugar de luchar por su libertad?
– Lealtad y servicio a alguien más fuerte que sí mismo, para crear un imperio más grande y fuerte que nunca antes.
– ¿Qué sabes tú de poder? – le pregunto Mileena a Ko'atal – Tu padre entrego su corona al mío.
– Sé muy bien lo que mi padre hizo – contesto Ko'atal, poniéndose enfrente y hombro a hombro con Katan – Y lo que hizo fue asegurar la supervivencia de mi gente. En cambio, mire a los que se le oponen emperatriz, vea a los edenianos y seidianos que buscan arrebatarle lo que es Outworld y pertenece al emperador.
– ¿Qué insinúas? – pregunto Katan al Osh-Tekk.
– Todos ellos no respetan su poder y el poder de Outworld en contraste con el resto de los reinos. Outworld es más que el imperio del Kahn, es el reino más fuerte que existe. Su padre así lo formo. Nosotros le ayudaremos a reformar Outworld, a hacerlo fuerte de nuevo. En lugar de cuestionarnos a nosotros, quienes somos leales a usted y ofrecemos nuestra mano, usted debería pensar en sus enemigos y sus soldados que no logran lo que usted comanda.

“Insolente” “Desgraciado” “Maldito” Todas estas palabras y muchas más se escucharon por el alrededor del salón del trono. Reiko y sus capitanes mantuvieron sus manos cerca de sus armas, los tarkatas esperaban a la orden de su emperatriz para matarlo y despedazarlo. Sus garras expulsadas de su cuerpo, sus hachas y machetes listos para cortar su carne. Sin embargo, la orden nunca salio de la boca de Mileena, a pesar de que sentía retada por Koatal.

– Éste pide disculpas por la forma de hablar de Ko'atal su emperatriz – la Kyntinn avanzo, dando una reverencia – Éste ha servido a su padre durante muchas de sus conquistas y pude presenciar la de los Osh-Tekk al lado de su padre y el príncipe Goro. Nosotros aconsejamos a su padre sobre el poder que ellos poseían y como podrían probar ser útiles y hacemos lo mismo con su majestad.
– Retar a tu emperatriz no es una forma de demostrar tu lealtad Ko'atal – le cuestiono Reiko – Y es una muestra de debilidad que alguien más hable por ti ¿también dejas que ella pelea tus batallas?
– Mi lealtad es a Outworld – contesto Ko'atal a Reiko y todos los presentes en el trono – Mileena es la emperatriz de Outworld, y mi lealtad es hacia ella también. Pero no debe cometer los mismos errores que su padre.
– Te perdone dirigirte de esa forma hacia mí, pero no perdonare que insultes a mi padre – Mileena se puso de pie de su asiento y alzo su brazo, lista para ordenar a sus tarkatas a atacar.
– Éste tiene pruebas de lo que Ko'atal habla – hablo D'vorah antes de que ordenara que los tarkanos los mataran – El verdadero asesino de su padre.

Mileena detuvo su mano en el aire y descendió de su trono, bajando los escalones en los que se encontraba. Kotal K'etz, Ko'atal y D'vorah se inclinaron al igual que todos los presentes, pero Dvorah le ofrecía uno de sus insectos alzando sus manos. La Kyntinn le explico que le mostraría imágenes si lo devoraba. Al principio Mileena dudo, se dio media vuelta y, sin que nadie la mirara, se bajó el velo y comió el insecto con sus grandes dientes. Se escuchó el crujido del exoesqueleto y un pequeño chillido del insecto al ser devorado. Mileena al principio no sintió nada, el insecto no tenía sabor alguno y por un momento creyó que la habían intentado envenenar. Sin embargo, antes de poder decir algo, sintió que su cuerpo se tambaleaba a pesar de que ella se encontraba quieta, sin moverse. Sintió como todo lo que se encontraba a su alrededor se desvanecía, los soldados, los tarkanos, capitanes, Reiko y los Osh-Tekk. Todos menos D'vorah quien se encontraba detrás de unos pilares del trono y ella estaba a su lado. La kyntinn parecía ocultarse de algo y, cuando Mileena voltio hacia el trono, pude ver que ahí se encontraba Shao Kahn y Quan Chi, conversando.

– Mi ayuda… el apoyo de la Hermandad de las Sombras y el Netherrealm por las vidas y almas de los de Outworld – dijo Quan Chi, ofreciendo su mano.
– Me has servido bien nigromante – hablo su padre, sentado en su trono – Me has de vuelto a mi Reina y con ello el poder de conquistar la tierra ¿pero de que te sirven las almas de mis enemigos?
– Nuestros enemigos mi emperador – remarco Quan Chi – Nuestro señor requiere de sus almas.
– ¿Shinnok? – pregunto Shao Kahn, no porque no lo supiera, sino porque no comprendía al cien por ciento – Tu señor lleva siglos aprisionado, sus cadenas no se debilitan con el pasar de los años ¿de qué le servirán unas cuantas almas humanas?
– Sus cadenas se debilitarán a su tiempo, mientras nuestro señor requiere de poderosas almas para mantener sus fuerzas.
– ¡No juegues conmigo nigromante! – Shao Kahn se enfadó, golpeando el brazo del trono con su enorme puño – Respóndeme ahora si no quieres que tenga tu cabeza.
– Tranquilícese su majestad – Quan Chi dio unos pasos atrás para mantener su distancia con el emperador – Le dure la verdad, porque usted me lo pide: Shinnok volverá, sus almas lo volverán más fuertes y si usted conquista la Tierra y derrota al dios del Trueno, habrá servido bien a nuestro señor.
– Las profecías son ciertas entonces – concluyo Shao Kahn, acomodándose en el respaldo del trono – Shinnok volverá desde las profundidades del Netherrealm junto con sus jinetes y hermandad.
– Lamento haber mentido su majestad, no debí dudar de su conocimiento en las escrituras.
– Los reinos están llenos de profecías – hablo Shao Kahn, ignorando los halagos del nigromante – Pero la mayoría de ellas resultan ser una mentira. Como las reglas de los Dioses Viejos. Al final, ellos son dioses restringidos por las cadenas de la misma realidad. Lo único que importa es el poder.
– Y poder es lo que usted tendrá, mi señor.

Mileena sintió como el salón del trono comenzaba a alargarse mientras Quan Chi y su padre se alejaban de ella. Mileena estiro un brazo para intentar alcanzar a su padre, pero la imagen de Shao Kahn se borraba mientras ella y Quan Chi eran transportados a los techos de una ciudad del earthrealm después de la invasión del Outworld. Quan Chi sujetaba el kabuto quemado de su padre con una gran sonrisa en su rostro de color gris y una extraña imagen se formaba a su derecha, pero ella no la reconocía. Una risa se escuchó, pero no era Quan Chi quien reía, era la figura que no podía identificar.

– Tú…nos traicionaste – dijo Mileena a la figura extraña y Quan Chi – Mi padre está muerto por tu culpa.
– Y pronto – dijo la figura extraña – tú también.

Mileena parpadeo y, al abrir los ojos, se encontraba de regreso en Outworld, dentro de la fortaleza. Todos sus súbditos la miraban, curiosos de con quien estaba hablando. Su emperatriz le estaba dando su espalda, por lo que no podían verle el rostro. Mileena se subió el velo inmediatamente, ocultando su rostro a todo ellos, y se dio media vuelta.

– ¿Qué es lo que acabo de ver? – les pregunto Mileena, sus ojos mostraban una llama interna que empezaba a crecer.
– Esté le ha mostrado la verdad – hablo D'vorah, poniéndose de pie – La verdad del nigromante Quan Chi.
– Las tropas del Netherrealm pronto avanzarán por nuestras tierras – le confirmo Kotal K'etz – Y con ellos traerán al dios caído, que hará llover fuego y sangre sobre todos los reinos.
– ¿Qué vio su majestad? – le pregunto Reiko.
– Quan Chi nos traiciono a todos y entrego mi padre al dios viejos – explico Mileena, cerrando sus puños con fuerza – De ahora en adelante el Netherrealm es enemigo de Outworld, MI OUTWORLD.
– ¿Nos cree ahora su majestad? – pregunto Ko'atal – Permítanos tomar la ciudad de Z'Unkahrah, entre más rápido recuperemos nuestras fuerzas, mejor preparados estaremos para la llegada de la oscuridad.
– ¿Son ustedes mis humildes sirvientes? – pregunto Mileena.
– Lo somos su majestad – respondió Kotal K'etz.
– No te estoy preguntando a ti o tu hijo tarado… – contesto Mileena, mirando a los guerreros Osh-Tekk con asco – Le estoy preguntando a “la colmena”.
– Esté lo es.
– Pruébalo – Milena bajo de su trono para estar cara a cara con D'vorah– Besa mi bota.

D'vorah se agacho y, con sus rodillas en el suelo, se acercó para besarle la bota a la emperatriz. Mileena, antes de que “la colmena” la besara, levanto su bota y la pateo en la cara. D'vorah volteo a verla, limpiándose la sangre del golpe. Los tarkanos rieron al ver dicho acto y como la kyntinn no respondía al ataque.

– ¿No peleas? – le pregunto a D'vorah, quien no respondió y permaneció en el suelo – ¡Perfecto! Ustedes tres son como almas gemelas. Reconquisten las tierras del oeste que me pertenecen, mi padre conquisto su reino por una razón. Espero no haya estado perdiendo su tiempo con ustedes.

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Mileena se encontraba en su cuarto, a pesar de que se encontraba completamente desnuda, su velo jamás se lo quitaba y era lo único que usaba mientras dormía. La emperatriz estaba pensativa, mirando desde su ventana en la cima de la fortaleza, el clima cambiaba drásticamente con la altura y una constante briza fría soplaba dentro de su habitación. Su piel se erizaba y sus pezones al descubierto se endurecían mientras su cabello revoloteaba constantemente. Sus tropas estaban marchando fuera de la ciudad, llevándose sus instrucciones y estrategias de Reiko que discutieron el resto del día en el enorme cuarto de guerra de su general. Ahora se encontraba sola, pero alguien toco a la puerta.

– Mi señora – hablo Reiko detrás de las gruesas puertas de madera adornadas con varias figuras del kahnum – Traigo noticas de Rain y su búsqueda de Tania.
– Pasa – ordeno Mileena, colocándose un uwagi de color rojo y tela muy delgada y transparente – ¿Ya tiene la cabeza de esa harpía?

Reiko entro al cuarto y vio a su emperatriz prácticamente desnuda. El uwagi era lo suficientemente delgado para que se pudieran ver los pezones rosados de Mileena y solo cubría su torso, dejando de su ingle para abajo completamente al descubierto. Reiko no le dio importancia a esto y leyó el informe de Rain a su emperatriz.

– Lamentablemente no, pero ha confirmado una sospecha que tenía desde que tomamos la fortaleza.
– No se puede confiar en los edenianos, aunque sean traidores ¿Qué buenas noticias tienes?
– Rain está seguro de que las fuerzas de seido y edenia son enemigas y no se encuentran aliadas – informo Reiko – Muchas de las tropas han escapado, pero un numero de 60 guerreros edenianos ha sido capturado en la ciudad de Lei Long por Veltaz y sus fuerzas del orden. Su transporte a Lei Chen se realiza esta noche.
– Nuestros enemigos se están dividiendo – concluyo Mileena, sus ojos expresaban felicidad y locura – Eso es perfecto, se están volviendo más débiles.
– Tal vez Tania y su resistencia, pero Hotaru y sus fuerzas no. Aun cuentan con todo el apoyo del sur.
– Eso no importara, hay que usar esto a nuestra ventaja ¿Qué sugieres?
– ¿Para hacer que nuestros enemigos luchen entre ellos? – pregunto Reiko, aunque era una pregunta capciosa – Necesitaremos observarlos, no creo que Tania declare una guerra contra Seido en el estado que se encuentra.
– No, ella sabe lo que hace.
– ¿Es admiración eso que escucho? – pregunto Reiko, curioso.
– No me hagas vomitar Reiko.
– No era mi intensión insultarla, eso era una virtud que intente inculcar en su padre y fracase rotundamente – explico Reiko, ofreciendo sus disculpas – Primero debemos…
– Aprender de nuestro enemigo – termino Mileena la frase, Reiko parecía orgulloso, aunque su rostro serio no lo expresara – Mi padre murió por subestimar al earthrealm y el netherrealm. Sus impulsos se encuentran en mi sangre y en mi ser, pero yo seré una mejor emperatriz que mi padre. Mis impulsos no me engañaran como ellos engañaron a mi padre.
– Presiento que usted ahora tiene la respuesta – hablo Reiko, inclinándose ante su emperatriz – ¿Qué sugiere que hagamos?
– Que Rain no pierda de vista a Tania y los edenianos – ordeno Mileena, mirando hacia su ventana de nuevo – Fume y Eygel permanecerán informándonos de los movimientos de la guardia seidiana. Nuestro ataque a Lei Chen tendrá que esperar hasta que sepamos que están haciendo ellos dos.
– Si, su majestad – Reiko estaba a punto de retirarse, pero antes de cerrar la puerta se voltio a ver a Mileena –¿puedo preguntarle algo su majestad?
– Habla – Mileena continuaba mirando el horizonte, sin ver a su general.
– ¿Por qué puso en ridículo a la Kyntinn y los Osh-Tekk? Usted nunca se mostró así conmigo o Baraka.
– Los Osh-Tekk son débiles, la misma clase de escoria que se rehúsa a aceptar mi autoridad. Se esconden bajo la sombra de los que son más fuertes, pero cuando este cae, ellos atacan por la espalda – Mileena volteo a ver a Reiko y camino hacia él, acariciando el torso de su general con sus manos – Ustedes son diferentes, nosotros nos atacaríamos cara a cara.
– ¿Piensa que la traicionare como Quan Chi lo hizo con su padre?
– No lo sé Reiko – contesto Mileena – Por ahora me has prometido muchas cosas, cuando las cumplas tal vez podre creer en ti como mi padre lo hizo.
– Creo que su padre no confiaba al cien por ciento en sus súbditos – remarco Reiko, sujetando las manos de su emperatriz con las suyas – Eso era algo sabio de su parte.
– ¿Acaso dije algo diferente Reiko? – Mileena se acercó al punto que su pecho se aplasto en el de Reiko – En la guerra y la cama…solo se puede tener una cosa por seguro.
– ¿Qué seria eso su majestad?
– No existe tal cosa como la lealtad…

Mileena rio y alejo su cuerpo del de Reiko, cerrando la puerta de su cuarto en la cara de su general. Reiko quedo afuera, pero todavía podía escuchar las carcajadas de su emperatriz. Fue en ese momento que sintió algo extraño en abdominales y se dio cuenta de que sus manos estaban llenas de sangre. Mileena había calvado sus uñas y él no las había sentido hasta ahora, sus manos se mancharon cuando sujeto las de su emperatriz. Por unos instantes se sintió como un idiota. “Seguiré en tu juego Mileena” se dijo a si mismo Reiko “por ahora” y se retiró.

Del otro lado de las puertas Mileena se lanzó a su cama todavía riendo, con su mano limpia se removió su velo del rostro, mostrando sus labios carnosos y terribles dientes tarkanos. Mileena llevo su mano hasta su entre pierna mientras saboreaba la sangre de Reiko que se encontraba entre sus dedos y uñas. Sus risas se mezclaron con gemidos y mientras su larga lengua limpiaba su mano. “Tu sangre sabe bien Reiko, más te vale traerme la de mis enemigos o tendré que conformarme con la tuya”.

_____________________________________________________________________________________

Era el amanecer y Koatal, Dvorah y Kotal Ketz emprendieron su camino de regreso a su tierra con órdenes de retomar Z'Unkahrah de los rebeldes. Al oeste se encontraba un puerto que los llevaría al Océano de los antiguos. Su “isla” o el antiguo reino de los Osh-Tekk ahora formaba parte del segundo continente de Outworld al igual que las islas Arnyek, de donde los Kyntinn provienen. Su tierra se encuentra cerca del Valle de la Muerte, entrada a la ciudad subterránea de Kuatan y hogar de los Shokan. Todo alrededor era una enorme selva que lo cubría todo a excepción de Z'Unkahrah, que era similar a un enorme matorral xerófilo debido a su cercanía con el desierto dorado. Aunque eso era solo al sur, pues el resto era de un color verde brillante.

– ¿Qué opinas de la emperatriz? – le pregunto Kotal K'etz a su hijo mientras atravesaban las praderas para llegar al puerto.
– Siento una tormenta se está formando en Outworld – contesto – Pero dudo que se compare con lo que se aproxima por el horizonte.
– Debemos obedecerla, por ahora, luchar juntos para sobrevivir.
– Pero ¿qué será de nosotros después de eso? – pregunto Ko'atal, era una pregunta hacia sí mismo, su padre y los dioses.
– Eso no lo podemos saber todavía. Tal vez muramos en unos días luchando al lado de nuestros guerreros. El futuro es incierto.
– Pero existe un dios que vio el futuro…un dios que lo vio y lo cambio.
– Deja de pensar en él – le ordeno su padre, parecía harto de dichas palabras como si su hijo las hubiera repetido constantemente – Modificar lo que iba a ocurrir nos tiene en este predicamento. Además, está lejos de nuestro alcance. Earthrealm es enemigo de Outworld como lo es el Netherrealm.
– No tiene por qué ser así.
– Es un gasto de tu energía si intentas convencerla de hacer lo que creo que estás pensando. No me sirves muerto hijo mío.
– No te fallare padre, es hora de reclamar nuestra tierra.
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Re: MKX: Una nueva historia.

Mensaje por Hares » Mié, 19 Jul 2017, 00:22

Hola, he estado casi dos meses ausentes sin escribir nada. Quiero disculparme por ello, he estado algo ocupado buscando empleo, realizando el proceso de mi titulación y estudiando para mi por fin pude terminar el capitulo 25 y los siguientes pronto podrán serán publicados también. Estoy pensando en hacerlo algo semanal o entre dos semanas, publicando los sábados un nuevo capitulo pero no estoy seguro de ello todavía. Gracias por su paciencia.

Estos próximos capítulos serán sobre Kana y Ciran principalmente, pero pronto veremos a personajes más importantes y con mayor relevancia como Hotaru, Mileena, Tanya, Rain, entre otros. Espero disfruten de este capítulo.

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Capítulo 25: Sun Do.

Sur de Outworld, a varios kilómetros de las montañas de Lei Chen en las costas del oeste del continente.

El día estaba despejado y la brisa calmada, una gran ocasión para pescar. Varias barcas regresaron después de haber madrugado y volvían con varios kilos de mercancía. Últimamente la pesca ha sido buena, no solo para alimentar a las familias de la pequeña villa el día de hoy, sino también para las semanas siguientes. La gente de Sun Do se encontraba feliz y tranquila sabiendo que sus hijos y viejos no sufrirían hambre, que los enfermos tendrían oportunidad de sanar y que los jóvenes no tienen que ir a la guerra. Sun Do ha vivido en paz durante años, permaneciendo pequeña e insignificante a los ojos del Kahn y otros conquistadores. Eso no significa que no han visto sus épocas difíciles, lejos de ello. Ladrones, vendedores de esclavos, violadores y otra clase de escoria los han atacado, aprovechándose de su falta de guerreros. En tiempos de guerra todos los pueblos, grandes o pequeños, bajo el gobierno del Kahn deben dar a sus jóvenes para la guerra, quedándose sin su principales defensores y trabajadores. Los ancianos hablan con mucho temor de esas épocas que se han quedado atrás y prefieren así permanezca.

– ¡Li Mei, Li Mei! – llamaba fuertemente uno de los ancianos mientras arrastraba sus pies apoyado con un bastón a recibir las barcas – Han llegado, necesitan tu ayuda.

– Ya voy abuelo – contesto una joven mujer con un cuerpo esbelto y largo cabello negro – Me estaba bañando mi cabello.

– Ya habrá tiempo para baños después, necesitan una mano firma para sacar a los peces del agua.

Li Mei avanzo hacia donde se encontraban las barcas habían encallado, ayudando una por una a sacar las redes llenas de pescados y colocándolos en barriles. Eran tres barcas y todas estaban llenas, por lo que vaciarlas le tomo algo de tiempo, casi toda la mañana. Aun así, solo seis barriles fueron llenados, pero era más de lo que se acostumbraba. Sun Do no tiene rutas de mercado, no tiene mercado alguno. Todos se apoyan entre ellos para sobrevivir en Outworld, hombres y mujeres, viejos y adultos mayores. Li Mei era su musculo principal, era la única mujer de su edad y la más joven del pueblo. Tantas veces había repetido el mismo proceso que sus músculos se habían endurecido y su resistencia aumentaba cargando los barriles para llevarlos al almacén de la villa.

– Este es el último abuelo – dijo mientras bajaba el barril de sus hombros – De aquí el viejo Tai y la vieja May pueden encargarse.

– Muy bien Li – agradeció el viejo a la jovencita – Puedes retirarte para continuar con tus labores, los otros viejos necesitaran de tu ayuda.

– Claro abuelo ¿crees el viejo Jiran haya tenido éxito en su cacería?

– Jiran debería dejar de cazar si espera ayudar – respondió el abuelo, dándose media vuelta con una mano en su espalda y otra sujetando temblorosamente su bastón – Por decreto de la guardia de Lei Chen todo animal en sus tierras les pertenece a ellos.

– Pero abuelo – le detuvo Li Mei – Nuestra villa no puede vivir de solo pescado, necesitan carnes rojas también.

– Durante siglos hemos vivido de pescado crudo y sobrevivido – explico el abuelo, ignorando las palabras de Li Mei como si fueran locuras – Y así duraremos varios siglos más, deberías ir a verlo después de ayudar al pueblo.

– ¿Y si está en peligro? – Li Mei comenzaba a enfadarse con el viejo Ataman ¿como no podría preocuparle uno de los suyos?

– Suerte la de él – soltó una carcajada al hablar – No te acerques a él en ese caso.

El abuelo se metió en su choza subiendo con cierta dificultad las escaleras y, viendo que el resto del pueblo estaba realizando sus ocupaciones, Li Mei se escapó para ver al viejo cazador. Una parte para asegurarse de que estuviera a salvo. La otra, la de mayor peso, para ver con que locura salia el día de hoy.

Jiran era la única persona que sabía cómo era outworld fuera de Sun Do, como lucia la capital de Lei Chen y si los rumores de que la fortaleza del Kahn era tan grande como una montaña. Él le había hablado de las ciudades del este y las tierras perdidas de edenia. Muchos dicen que son puras palabrerías y cuentos inventados o exagerados, pero él jura que lo que vio es real y tenía las marcas para probarlo. Él fue robado del seno de su familia hace siglos y entrenado para volverse soldado. Muchos fueron tomados al igual que él, antes y después, pero solo el regreso al final. El viejo Jiran tenía una familia antes de la guerras que el emperador Shao Kahn provoco para conquistar otros reinos, sin embargo, cuando regreso, se dio cuenta que lo habían olvidado y dado por muerto al igual que el resto. Li Mei sentía lastima por Jiran, pues cuando se lo llevaron junto a sus hermanos e hijo, el los vio morir en batalla y cuando regreso, su esposa y familia habían fallecido por causas naturales. Debido a ello, nadie sabe realmente si Jiran es de Sun Do, solo el abuelo de Li Mei recuerda su nombre y le permitió quedarse, pero el mismo ha afirmado que no lo reconoce. Ellos dos son los más viejos del pueblo, pero uno claramente es mas energético que el otro.

Li Mei se adentró por los bosques, mirando muy bien a su alrededor para no caer en algunas de las trampas que el viejo Jiran había puesto y aprendido en su tiempo de guerra. A veces le preocupaba que alguna persona inocente cayera en una, pero la última vez que paso eso resultaron ser ladrones que planeaban invadirlos hace varios años atrás. Jiran los había salvado sin saberlo siquiera y él estaba enojado pues la presa que esperaba capturar era otra.

– ¡Jiran! ¡Jiran! – gritaba Li Mei mientras caminaba por el bosque, cuidando donde pisaba.

– Si vas a hacer tanto ruido no atrapare nada – escucho Li Mei una voz ronca y cansada arriba de ella.

El viejo Jiran estaba arriba de las fuertes ramas de un árbol, sonriéndole y advirtiéndole donde había colocado sus trampas esta vez, para que ella le recordara una vez terminara de cazar. Le dijo que subiera con él, y guardara silencio pues había presas cerca.

– ¿Cómo subiste hasta acá? – le pregunto Li Mei, subiendo el árbol sin mucha dificultad.

– Igual que tú jovencita – respondió, sarcástico – Bajar será el problema, y no pensé en eso hasta que ya estaba arriba.

– ¿Qué buscas Jiran? ¿jabalíes gigantes?

– No, han emigrado un poco más al norte esos animales – contesto,descansando en las ramas del gigantesco árbol mientras Li Mei subía – Pero parece que hoy nos espera una gran aventura jovencita. Creo que hay un enorme taigore por aquí suelto.

– ¿Un taigore? – pregunto Li Mei, asustada.

– Si, parece que está herido, ha sangrado mucho.

– Por una de tus trampas ha de ser.

– No creo – respondió Jiran, dudoso – Creo que es un taigore de guerra, pero no estoy seguro. No tiene montura, pero no hay criatura aquí que le haga rival para lastimarlo así.

– ¿Otros cazadores tal vez?

– Eso sería aún peor – rio Jiran – No me gusta la competencia, sobre todo si es más joven que yo.

– ¿Entonces?

– Creo que hay extranjeros cerca jovencita – advirtió Jiran, con rostro serio – Y no son turistas.

Jiran le contó como estuvo su mañana y como se encontró con las pisadas y camino de sangre que una enorme bestia había dejado a su paso. El viejo dijo que al principio no estaba seguro, pero las pisadas que dejaba sobre el lodo eran claramente las de un gato gigantesco, muy similares a las de un Taigore de guerra como los que vio hace siglos atrás. Admitió que la curiosidad lo consumió y siguió las huellas, por tan estúpida que sonara la idea ahora que pensaba en ello. El viejo siguió su rastro hasta el rio del bosque, donde la criatura se había detenido a beber agua y donde se había quedado a dormir la noche lamiendo sus heridas. Era probable que se encontrará en mejor estado que ahora y debido a ello buscaría encontrar alimento. Es por ello que coloco varias trampas con pequeñas presas que había casado como conejos de cola roja, sin embargo, una bestia tan grande como un Taigore necesita consumir al menos su peso para poder estar satisfecho, por lo que tenía pocas esperanzas de que apareciera.

– El abuelo se enojará al verme – le admitió Li Mei a Jiran – No se supone que debería estar contigo.

– ¡Bah! Ese viejo cascarrabias. Ignóralo – le recomendó Jiran, enfadado con el viejo del pueblo – Estos viejos se creen tan sabios por haber vivido tantos años. Ellos no saben lo que de verdad hay allá afuera, los peligros de los que nos tenemos que proteger. El taigore es un pequeño gatito comparado con todo eso.

– Volveré pronto Jiran, no lo mates sin mí.

– No prometo nada – guiño, con una sonrisa en el rostro – ¿Realmente te vas a perder de esta oportunidad?

– Tengo una idea para que él Taigore aparezca, pero tendrás que esperarme.

– Eso me gusta más – admitió el viejo Jiran – Tratare de no quedarme dormido esperándote.

Li Mei regreso corriendo hacia el pueblo pensando en las palabras del viejo Jiran y su significado. Ella tampoco sabía que había más allá, pero no era una ignorante ni decidía no verlo como algunos viejos del pueblo lo hacían. El resto les decía que no pensara en ir más allá del bosque, algunos incluso le decían que no se metiera al bosque como lo hacía Jiran, pues le temían tanto a lo que había más allá que preferían no pensar en ello y el viejo Jiran era un recuerdo vivo de lo que él resto perdió debido a lo que se encontraba a lo lejos.

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Ayer, en el bosque.

Ciran y Kana habían caminado varios kilómetros más, estaban cerca del punto de reunión donde un grupo de edenianos en retirada se reunirían para volver a la tierra perdida de edenia y el escondite de la resistencia. Ciran sabía muy bien la ubicación y esperaba con ansias poder llegar ya, pero Kana la convenció para que levantaran un campamento, comieran el último de los conejos y descansaran para que buscaran el lugar con la luz del sol. La verdad era que Kana no estaba lista para encontrar a la resistencia Edeniana, no sabía si debía confiar en ellos y regresar a donde estaba Tania no era una buena idea. Necesitaba pensarlo un poco para decidir si acompañaba a Ciran con los edenianos a la tierra perdida o la abandonaba en este preciso instante y ella buscaba sus propios medios.

Ya había acabo el día y mientras Ciran dormía ella continuaba pensando en sus reducidas opciones. No podía decidirse completamente, sabía que no podía hacerlo sola, pero ni siquiera puede confiar en Ciran, no cuando una armadura leal a la hija de Thanos la puede poseer cuando la lleva puesta. Era una teoría descabellada, pero era la única que Kana tenía y no suena tan extravagante cuando se piensa en todas las artes oscuras que Thanos practicaba, razón por la cual fue humillado por Jerod y sentenciado a prisión cuando el rey todavía existía. Kana recordaba eso muy bien, pues veía que Tania no era muy diferente a su padre. Fue una ilusa al creer que las cosas podían llegar a cambiar, pero también fue su culpa al pensar que una persona como Thanos podía estar a la cabeza y utilizar cualquier método en sus manos para devolver la prometida Edenia.

– Tonta – se decía a sí misma, repetidas veces por todos los errores que había cometido. Por todas las vidas que había perdido – ¿Qué puedo hacer?

La desesperación comenzaba a crecer en ella, lo suficiente para asustarla. No podía pensar con claridad debido a ello, por lo que simplemente acepto lo que vendría y se fue a dormir, observando a Ciran descansar tranquilamente. Su rostro era como el de una niña, suave, inocente y hasta virginal. Como si nada nunca la hubiera tocado. A comparación, la armadura era lo contrario a ella. Su forma, creada por diferentes placas unidas, era algo que inspiraba terror, en especial el casco que parecía más una jaula. Kana se puso de pie, camino lentamente hacia Ciran y tomo el casco en sus manos para examinarlo. Su visor tenía la forma de un diamante con varias viseras y un largo y hermoso velo transparente sujetado en parte por una tiara plateada con un cristal azul en el centro. Además del extraño diseño, no había nada en ello que confirmara su teoría. Era tétrico y hermoso al mismo tiempo.

– Kana – escucho su nombre detrás de ella, lo que la asusto pues crei que Ciran estaba dormida.

Al voltear, Kana vio a Ciran con su torso levantado, y una mirada perdida. Sus ojos parecían no tener color, no tener vida y su piel era pálida y fría. Su voz era oscura, como si no fuera la voz que había estado escuchando durante todo el viaje. Un escalofrió recorrió su espalda. No estaba hablando con Ciran.

– Debemos movernos – hablo Ciran, con la mirada hacia el suelo y su cuerpo levantándose como si todavía continuara dormida – Los edenianos han sido masacrados.

– ¿De que estas hablando? – pregunto Kana, mientras Ciran le arrebata el casco de sus manos y se colocaba su armadura.

– Tarkanos, están cerca.

Ciran se colocó su armadura rápidamente al igual que Kana y tomo sus sables curvos en sus manos, enfundándolos en su cintura.

– ¿Y tú arco? – pregunto Kana curiosa, pues no tenía ninguna otra arma consigo.

– Mis sables son mi arco – respondió, para la confusión de Kana.

Kana siguió a Ciran por el bosque en la oscuridad de la noche, el ruido de sus pisadas sobre las hojas y ramas secas de algunos árboles y arbustos los delataba en el silencio del bosque. Kana pensó que deberían aproximarse con precaución, pero Ciran no se detenía. Ambas recorrieron el bosque durante varios metros, buscando el punto de encuentro, pero en la oscuridad del bosque no podían dar con él. Ciran se detuvo por unos instantes para observar sus alrededores sin notar mucha diferencia, estaban tan cerca del corazón del bosque que era muy difícil diferenciar cual era el norte y el sur. Kana comenzaba a pensar que estaban cayendo en la trampa de alguien y sujeto firmemente su lanza.

Ciran no se había movido por un tiempo y continuaba observando sus alrededores sin explicar nada hasta que por fin apunto hacia un lugar con su sable y comenzó a caminar hacia esa dirección. Kana la siguió de cerca y encontraron un agujero en el suelo de gran tamaño, una persona completa entrar ahí y parecía más profundo que eso.

– Están muertos – hablo Ciran, mirando hacia el abismo del agujero – Todos ellos.

– Explícate, por favor – le pidió Kana, quien ya tenía una idea de lo que hablaba.

– Aquí adentro se encuentra una estructura subterránea donde nos íbamos a reencontrar todos. Ha sido tapada con tierra y completamente derrumbada.

– ¿Entonces este era el punto de encuentro? –pregunto Kana – Pero no hay cuerpos cerca.

– En eso tienes razón – remarco Ciran – No habrían caído tan fácil.

– Tal vez fueron sorprendidos, apresados para ser cuestionados.

– Debían tomar su vida antes de ser atrapados por el enemigo – Ciran comenzó a aspirar repetidas ocasiones, intentando captar algo con su nariz – ¿Hueles eso?

– Huele a sangre, a oxido.

Ambas se pusieron de pie y siguieron el olor hasta su origen, detrás de unos arbustos y cerca de unas enormes rocas se encontraban los cuerpos destazados de varios guerreros seidianos. Sus armaduras y armas se les habían despojado y cada uno de ellos fue torturado y asesinado a sangre fría. No había duda alguna, fueron sorprendidos y luego tomados prisioneros Los cuerpos habían sido apilados en una montaña de sangre, carne y hueso. Era una escena muy mórbida.

– Tarkanos – concluyo Kana – No existe especie más brutal que la de ellos.

– En eso estoy de acuerdo – afirmo Ciran – ¿Cómo es que no hay cuerpos de esas bestias alrededor?

– Los cuerpos están comenzando a descomponerse – remarco Kana, cubriéndose la nariz y observando de cerca los cuerpos – Esto no es reciente, seguramente les tuvieron una emboscada.

– ¿Los tarkanos son capaces de realizar tácticas? – pregunto Ciran.

– Se comportan como bestias, pero sus líderes llegan a ser muy astutos e inteligentes – le explico Kana, alejándose de los cuerpos – Esa es una cualidad que no se mezcla bien con un instinto tan demoniaco como el suyo.

– Sangre por sangre – demando Ciran.

– No Ciran – la detuvo Kana, colocándole una mano en su hombro – No podemos quedarnos aquí. Mira lo que les hicieron a nuestros hermanos, vive para luchar otro día.

– ¿Huyes ante la presencia del enemigo? – pregunto Ciran, juzgándola – Eso te hace débil.

– El miedo a la muerte me ha mantenido viva – contesto Kana, retirando su mano – Y me ha permitido ganar batallas que me resultarían imposibles si hubiera luchado hasta la muerte antes.

– ¿Qué acaso no honras a tus hermanos caídos? – Ciran empujo a Kana hacia atrás, claramente molesta – Tanya tenía razón en no confiar en ti y tu secta.

– Tú no eres Ciran – Kana saco el pecho y clavo su lanza en el suelo, no iba a permitir a Ciran irse – Y tú no eres nada si ella muere ¿o me equivoco?

Ciran bajo el brazo después de un largo silencio y se dio media vuelta, dándole la espalda a Kana. Ella temía que se fuera sola a buscar a los asesinos de sus compatriotas, pero Ciran enfundo sus sables y le dijo que volvieran al campamento. Kana dijo que debían continuar adelante, que quedarse en el bosque era peligroso y debían salir de él lo antes posible.

– ¿Y a donde propones que vayamos? – pregunto Ciran, escéptica a que Kana tuviera un plan.

– Pronto llegaremos al fin del territorio del Kahn, el sur le pertenece a Lei Chen y la guardia sediana. Debemos ir a la capital a buscar refugio.

– ¿Confías en ellos?

– La verdad no – admitió Kana, bajando su guardia, pero aun alerta. – Aun así, ambos tenemos al mismo enemigo y nos apoyaron durante la conquista de Kúlan Batúr.

– Caminemos entonces.

– Déjame hablar con Ciran primero – ordeno Kana – Y no trates de convencerme que tu eres Ciran, se muy bien que no lo eres.

– Ella duerme – contesto Ciran – Déjala dormir, esta agotada.

Kana permaneció en silencio observándola, no podía evitar sentir disgusto al verla. Era magia oscura, no cabía duda alguna. Tal vez no sea un demonio quien posee a la joven Ciran, pero aún así es un ser invasivo que debería residir con los muertos y entre los vivos. Unos suspiros después, Kana volvió a tomar su lanza en sus manos y afirmo con su cabeza. Al menos agradecía que con quien estaba hablando se podía razonar, era como si fuera una segunda personalidad. Ambas estaban a punto de caminar cuando una voz salvaje a sus espaldas hablo.

– No se preocupen, pronto ustedes se reunirán con el resto de la basura edeniana que se pudre en este bosque.

Tarkanos rodearon a las dos guerreras, sus sables en sus antebrazos estaban manchados con la sangre seca y coagulada de sus anteriores victimas al igual que el resto de sus "rudimentarias" armas y armadura de metal y hueso.

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Presente, cerca de Sun Do.

Li Mei regreso con un costal cargando en su espalda y sus brazos. El costal era bastante pesado y ella suponía que había por lo menos 100 pescados adentro de un kilo. Cuando Jiran vio la cantidad de pescados y el tamaño que estos tenían se sorprendió con la fuerza de la joven mujer y le ordeno que los colocara todos arriba de la red que había colocado como parte de su trampa.

– ¿Cómo convenciste que te dejaran tanto pescado? – le pregunto Jiran desde lo alto del árbol.

– ¿Quién dijo que se los pedí? – respondió, mientras vaciaba el costal en la red.

– ¡JA! – rio Jiran, completamente sorprendido y entusiasmado – Me muero por ver el rostro de ese viejo y el resto.

– Sería mejor si nadie supiera que me lo robe Jiran

– ¡Buuu! – abucheo Jiran – Le quitas la diversión a un viejo. Pero será como tú digas, si atrapamos a este animal tendremos suficiente carne para todo el pueblo.

– ¿Los taigore saben bien? – pregunto, tomando un respiro y limpiándose el sudor de la frente.

– Depende de a quien le preguntes.

– ¿Qué quieres decir?

– Si hablas de un soldado hambriento que ha estado día tras día luchando – explico Jiran, observando el bosque a su alrededor en búsqueda de movimiento – Es la carne más deliciosa que hayas probado en toda tu vida, ya me dirás qué opinas tú.

– ¿Cuánto crees que tarde en venir? – pregunto Li Mei, subiendo el árbol hasta donde estaba Jiran vigilando.

– Parece que ha estado recorriendo la misma área estos dos días, pero es un animal grande – respondió, tendiéndole una mano a Li Mei para que subiera con él – Tomara su tiempo.

– ¿Qué tan grandes son los taigore realmente? – pregunto Li Mei, mirando a Jiran a los ojos – De verdad, sin exageraciones.

– Nunca te he mentido jovencita – respondió, un poco decepcionado de que no confiara en él o las palabras de los viejos la hayan convencido un poco – Jamás lo he hecho desde que regrese. Todas mis historias son de verdad, cada una de ellas.

– ¿El triple de un jabalí gigante entonces?

– Bueno, esa vez fue el que montaba aquel tarkano – admitió, un poco avergonzado – Uno normal llega a medir como el doble. Pero basta, pronto lo veras, no te distraigas.

Los dos estuvieron esperando a que el animal se acercara, pero nunca apareció y los dos comenzaron a sentir hambre. Llevaban horas sentados en el árbol. Sus cuerpos comenzaban a entumirse, sus ojos a cansarse y, a pesar de todo el tiempo que había pasado, no había ni una señal de movimiento a su alrededor. Tal vez el taigore había muerto por sus heridas, tal vez su jinete lo había recuperado o había abandonado el bosque en búsqueda de una mejor presa. Tal vez todo había sido en vano y era hora de regresar a casa.

– Podríamos prender una fogata abajo, comer alguno de los pescados ya que nuestro invitado no va a venir – opino Li Mei.

– No Li Mei, debemos irnos – el viejo Jiran parecía devastado, decepcionado de verdad.

– ¿Qué pasa Jiran? – pregunto Li Mei, consternada.

– Debería comenzar a aceptar la realidad, que ya no soy lo que era antes – el viejo Jiran no volteaba a ver a Li Mei mientras hablaba, solo miraba hacia el suelo – De seguro no había ningún Taigore, no había nada realmente y todo esto solo son alucinaciones mías. Castigos de los dioses por todo lo que hice.

– Tú no has hecho nada malo Jiran – contesto Li Mei, tocándole el hombro y mirándolo a los ojos – Es este mundo el que te ha hecho mal a ti.

– Tienes que irte de aquí muchacha, Outworld no es un mundo para gente como nosotros.

– ¿Y a donde podría ir? – era una pregunta sincera

– Si tan solo los dioses de Outworld nos escucharan. Escucharan nuestras plegarias.

– ¿Jiran?

– Cuando Nil perdió sus piernas, cuando Kadaman murió en mis brazos.

Jiran comenzaba a divagar un poco, sus pensamientos a volver a un rincón oscuro, un estrecho abismo dentro de su mente del cual resultaba complicado salir. Sus ojos estaban perdidos y sus manos comenzaban a temblar. Lagrimas empezaban a brotar de sus ojos, cayendo por sus arrugadas mejillas. Li Mei lo sujeto fuerte de los hombros, sacudiéndolo, pero no parecía funcionar. Jiran se voltio para verla, sus ojos estaban rojos por las lágrimas. Los recuerdos habían regresado y con ellos el dolor y el terror.

– ¿Por qué Li Mei? – pregunto, a punto de quebrarse como un vidrio – ¿Para que sobreviví todo eso si mi familia ya estaba muerta cuando llegue?

Era una historia que todos conocían en el pueblo. Jiran fue reclutado a las fuerzas de Outworld en una guerra tan antigua como Sun Do. Su hijo Kadaman, el mayor de sus dos niños, fue reclutado y, sabiendo que no había escape, se ofreció a ir en su lugar. Al final los dos terminaron siendo reclutados, el padre fue incapaz de dejar que su hijo fuera solo y juro regresar junto al resto de los hombres que habían sido llevados. Solo los ancianos del pueblo, las mujeres y niños quedaron en el pueblo. Cuando el regreso, siglos después y solo, su esposa había muerto por una enfermedad y segundo hijo, Itamen, habían sido asesinado cuando trato de defender a su familia de un clan de esclavistas. Las hijas de Itamen habían sido secuestradas por el clan para venderse al mejor postor y el pueblo no pudo hacer nada para detenerlos.

– Sun Do te necesita Jiran, necesita a los ancianos para mantenernos a flote.

– Solo somos hombres a los que se les ha negado la muerte y hemos sufrido al ver a nuestro ser querido morir – contesto Jiran, limpiándose las lágrimas – Sun Do no nos necesita. Lo que Sun DO necesita es a jóvenes como tu Li Mei, jóvenes y adultos con la fuerza de proteger al pueblo. Pero los ancianos le negaron eso al pueblo.

– ¿De que hablas Jiran? – pregunto Li Mei. El viejo Jiran parecía tranquilo, su estrés causado por tanto sufrimiento parecía por fin soltarlo.

– ¿Sabes porque eres la única mujer joven que existe en el pueblo? – le pregunto Jiran, mirándola fijamente a los ojos, retándola a que contestara.

– No – Era una pregunta que ella misma se hacía desde pequeña y nunca tuvo una respuesta. Cuando creció los ancianos le dijeron que sus mujeres eran infértiles y sus varones viejos.

– Ve a las profundidades del bosque esta noche que no habrá luna, lleva una espada para protegerte.

– ¿Por qué? ¿Qué habrá ahí?

– Si no vas preparada encontraras lo que he estado buscando desde que regrese – Jiran soltó una enorme sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos rojos por las lágrimas y sus dientes amarillos formaban una mueca macabra – La muerte, pero si sobrevives tendrás las respuestas a los pecados de Sun Do.

Jiran se voltio, mirando hacia el horizonte y apuntando con su dedo el lugar a donde Li Mei debía estar esa noche. Su sonrisa se había borrado por completo, relajando un poco a la joven mujer, quien sintió un terrible escalofrió recorrerle la piel desde la cabeza hasta la planta de los pies.

– A varios kilómetros de aquí, al norte, te encontraras un cementerio olvidado. Su aroma a putrefacción y sangre se asemeja al del bosque viviente, pero ahí, nada está vivo – Jiran bajo su mano y, mirando a Li Mei desde su hombro le dijo: Espero no le temas a l
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Mi visión de MKX, mi primer fan-fiction: viewtopic.php?f=9&t=21824

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