Canción de Capushikana

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Error Macross
Shirai Ryu
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Canción de Capushikana

Mensaje por Error Macross » Dom, 25 Dic 2016, 23:50

Ah, mis queridos niños, parece que en esta noche desolada que tan buenos recuerdos nos trae, quieren escuchar una historia sobre esta querida fiesta que hemos dado en llamar Capushikana. Sí, es verdad que la Capushikana no se trata sobre contar historias, sino sobre matar cosas y escuchar gritos hasta que tus oídos sangren. Pero nunca sobra juntarnos un rato y parar la matanza, para reflexionar, y aquí les traigo esta hermosa historia llamada:


Canción de Capushikana, de Charles Dririkens:

Hace mucho tiempo, o no tanto, no estoy seguro, había un viejo tarkata, el señor Scronch (y si, su nombre se parece mucho al de otros Tarkatas, pero mucha imaginación no hay en esta raza, generalmente los llaman por los sonidos que hizo la madre mientras lo paria y quedan). No era realmente un tarkata muy viejo, pero es que los tarkatas rara vez llegan a viejos, treinta años ya era mucho, e indicaba una vida reservada sin demasiados vicios donde seguramente solo matabas cinco o seis personas al año. Y Scronch ya tenía cuarenta. Esto se debía que a Scronch no veía ganancia en los asesinatos y otros placeres de la vida, y se dedicaba a aumentar el potencial de su empresa. ¿Y a que se dedicaba esta empresa? Pues al tráfico de personas. Scronch Enterprises era la principal empresa esclavista del Outworld. Cualquiera sabía que si necesitabas un Shokan para mover los autos ajenos y estacionar el tuyo, un Cryomancer que enfriara tus bebidas, o incluso un centauro para formar un ejército y realizar un golpe de estado, el mejor lugar para conseguirlo era Scronch Enterprises. Esclavos de alta gama, criados en cautiverio o recién cazados, según el gusto del cliente, de todas las razas, colores de piel y cantidad de brazos que se quisiera, no había mejores en ningún lado. Incluso el mismísimo emperador de esa época, el sujeto ese cuyo nombre ahora está prohibido decir por el gran y querido Kotal Kanh, nuestro amo y señor, compraba sus esclavos en Scronch Enterprises.

Y aunque no lo crean, Scronch no odiaba la (el) Capushikana, de hecho, amaba Capushikana. Era el momento del año en que los tarkatas como el, más le compraban esclavos, ya que necesitaban más víctimas. Está bien, puede que los tarkatas compraran esclavos de manera regular todo el año para matarlos, pero un poco ligeramente aumentaban las ventas. Y eso a Scronch le encantaba. Pero él no mataba esclavos, el odiaba la muerte y cualquier otra actividad que no diera ganancias, solo se aprovechaba de los demás para vender más.

Por esa razón es que incluso en Capushikana, sus empleados tenían que seguir trabajando, siempre había algún tarkatano que quisiera comprar más esclavos a último momento, y el negocio tenía que seguir funcionando, no se podía perder dinero.

Incluso cuando uno de sus empleados más trabajadores y serviciales, un tal señor Cranchinch, le pide el día libre para poder estar con su hijo, al que recién le crecen las blades, y por ende está pasando por todas esas problemáticas que tienen los tarkatas cuando crecen y tienden a matar a sus padres, el señor Scronch se burla de él, y le indica que toda su paga será reducida si se lo toma. Encima de todo esto, el maligno señor Scronch cree que le hace un favor por no negarle la posibilidad de tomarse ese día libre.
La noche antes de que llegue Capushikana Scronch se marcha a dormir pensando que será una noche como cualquier otra, cuando entonces una extraña figura espectral se le aparece. El fantasma de su antiguo compañero de negocios Marchinchndjaskfhgg (fue un parto extraño el de este Tarkata). La conversación fue algo como esto:

“¿Qué haces aquí? Se supone que estás muerto”.

“Oh, sí, creo que tienes razón”.

Entonces el fantasma se marchó, y Scronch no le dio mayor importancia, en el Outworld de vez en cuando aparecen fantasmas, recordemos que es un reino con mucha magia en el aire y donde generalmente salen dragones de la nada y empiezan a comer gente.

Pero no sería el único fantasma que visitaría a Scronch esa noche, claro que no, mis queridos niños, aún faltaban tres fantasmas muy particulares, los fantasmas de las Capushikanas.

El primero fue el Fantasma de las Capushikanas pasadas, que hizo pasar a Scronch por los momentos de su tierna infancia, cuando era un feliz Tarkata que disfrutaba de matar gente todo el año, no solo en Capushikana (solía olvidarse de que ese día existía), y de cómo su amada lo abandonó por otro Tarkata, que la asesinó brutalmente por accidente (eso es relativamente común), causando que Scronch odiara la muerte y a los seres que la practican, y se convirtiera en el feo viejo que es ahora.

Scronch intentó negar lo que veía, y le dijo al fantasma que aun así estaba mejor que antes, pero un nuevo fantasma apareció después de ese. El Fantasma de las Capushikanas presentes, que lo llevo a recorrer las distintas regiones del Outworld (salvo el pueblo Shokan, ellos no festejan Capushikana sino Akamaka, otra festividad creada por un culto religioso más cerrado) y presenciar como en muchos lugares, los tarkatas tenían que conformarse con matar cucarachas y otros insectos, porque no podían permitirse comprar esclavos y salir a cazar era complicado en las grandes ciudades (lo que no quita que muchos lo hicieran y que varias grandes ciudades se volvieran pequeñas ciudades debido a las grandes bajas en su tasa de población). También le mostro la casa de su empleado, que no tengo ganas de scrollear para ver su nombre que no me lo acuerdo, que estaba a punto de dejarse matar por su hijo por no tener nada para que este mate (a su mujer ya la había matado el).

Scronch no sabía cómo reaccionar, se sentía culpable, pero finalmente vino el último de los fantasmas, el más terrible de todos, el fantasma de las Capushikanas futuras, que le mostro su siniestro futuro, que iba a morir dentro de poco. Sin relación real con el resto de lo que pasa en esta historia, o sea, tenía cuarenta años, eso es mucho para un tarkata, y los años terminan pesando.

Scronch volvió a encontrarse en su cama, y abrumado por todo lo recordado, se dio cuenta del sufrimiento que dejaba que su gente sufriera (valga la redundancia), y que tenía que evitar, traspasarlo a un sufrimiento distinto. Entonces Scronch abrió las cárceles y calabozos de su empresa, y esto libero a miles y miles de esclavos, que corrieron felices y alegres, solo para ser asesinados por cuanto Tarkata se los cruzara (bueno, algunos Shokans y Centauros si sobrevivieron, lo que no anula el hecho de que aunque sea intentaron matarlos, los Tarkatas no suelen pensar si la víctima es matable o no hasta que los matan a ellos).

Entonces Scronch sonrió, viendo como había llevado tanta alegría a otros como el, incluyendo al hijo de su empleado, que aunque ya tenía cosas para matar, mató a su padre también, ya que estaba.

Y entonces Scronch vivió feliz sabiendo que había hecho el bien por algo así como 25 segundos, pero no porque lo matara otro tarkata como en todas las historias de Capushikana, se murió de un infarto, o sea, tenía cuarenta años, en serio, ya tenía suerte de no haber caído en coma.

Y con este final, les deseo una feliz matanza en esta Capushikana, la festividad donde hacemos lo mismo que todo el resto del año pero que además tiene nombre.
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The ST. Jimmy
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Re: Canción de Capushikana

Mensaje por The ST. Jimmy » Dom, 25 Dic 2016, 23:58

Me encanta como con cada año se extiende el lore de esta festividad. El año que viene decoramos los arboles con viseras de victimas de paso.

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